Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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Un respiro peligroso

Por: Virginia Wall.

21 de abril de 2021.

 

La sola presencia del ser humano sobre cualquier ecosistema genera lo que los biólogos denominan un ‘’impacto’’. Por eso cuando se inicia la construcción de un proyecto inmobiliario dentro o cerca de ecosistemas vulnerables como los bosques se requiere un estudio de impacto ambiental que permita al ente regulador determinar si otorga o rechaza el permiso de construcción.

En la historia del hombre en la tierra, ejemplos verificables del impacto de su huella son las extinciones de especies como el mamut siberiano, el dodo en Mauricio o el tigre de Tasmania. Nada nuevo pensará el lector, pues las extinciones de especies son una lamentable consecuencia de nuestra presencia en la tierra.

No obstante, el impacto ambiental más significativo del hombre no es el que modifica o destruye ecosistemas o el que lleva especies de flora y fauna a la extinción, es aquel que amenaza nuestra propia existencia en el planeta. Es harto conocido por una mayoría e increíblemente negado por una minoría que la huella humana es la responsable por los impredecibles cambios ambientales que experimenta el planeta tierra.

Los cambios en los ciclos de lluvia, las corrientes marinas, el derretimiento de la capa polar ártica, el incremento de las temperaturas a niveles sin precedentes está fuertemente asociada a las elevadas emisiones de gases de efecto invernadero que produce nuestra actividad industrial y agrícola. Lamentablemente el mayor reto colectivo de nuestra historia, ese que busca garantizar la supervivencia de nuestra especie en la tierra, llega en un momento donde los mecanismos de gobernanza global y cooperación multilateral se encuentran muy debilitados, bordeando la irrelevancia.

Sumado a ello la pandemia del coronavirus sigue empujando el tema aún más al fondo del baúl de nuestras prioridades colectivas pues claro, el peligro inminente y tangible que supone una enfermedad desconocida es mucho más palpable e inmediato que las consecuencias a mediano plazo del calentamiento global. Interesantemente el confinamiento obligado al que nos lleva la actual emergencia sanitaria global ha tenido un impacto positivo para el planeta: una reducción sin precedentes en las emisiones de dióxido de carbono de la humanidad.

Un caso fascinante es el de las emisiones de dióxido de nitrógeno en el norte de China, evidenciado en imágenes satelitales provistas por la NASA: en la primera que mide las concentraciones entre enero 1-20 antes de las más draconianas medidas de control y la segunda entre febrero 10-25 luego de adoptadas dichas medidas.

¿Es esto una oportunidad para la lucha contra el cambio climático? Algunos observadores así lo consideran debido a la incontrovertible evidencia que nos regalan todas las imágenes y mediciones realizadas durante la pandemia. Sin embargo, en lo personal creo el profundo impacto económico de esta pandemia ayudará muy poco a lucha contra el cambio climático por tres razones.

La primera de ellas es que las nuevas imágenes solo confirman lo que ya sabíamos. Ciertamente es llamativa la reducción en contaminación que se ha producido después del covid19, no obstante, en el caso de los más acérrimos críticos de la lucha contra el cambio climático, ¿qué nos hace pensar que algunas fotos recientes cambiarán más de una década de persuasión científica? Pues muy poco, no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. La preocupación central de aquellos que restan relevancia al cambio climático es el impacto económico que supone la mitigación de sus efectos, lo cual nos lleva a la segunda razón.

El coma inducido que supone esta pandemia para la economía mundial creará incentivos muy poderosos para retomar con ímpetu el camino del crecimiento una vez la misma sea controlada. La generación de empleos y riqueza será la prioridad global, algo mucho más rápido cuando usamos la matriz energética actual que depende abrumadoramente de fuentes de energía no renovables. Lamentablemente eso significa que la urgencia de retornar millones de desempleados al mercado laboral está por encima de cualquier otra meta de mediano o largo plazo, pues esta tiene consecuencias económicas y políticas inmediatas.
Lo anterior es cierto tanto para los líderes políticos que desean evitar un quiebre social que amenace su poder como para los millones que encarecidamente necesitarán un puesto de trabajo para satisfacer sus necesidades básicas. Esa dicotomía entre el peligro inmediato y el eventual nos lleva al tercer punto.

Es un comportamiento tan humano como el respirar, reaccionar al peligro inminente sobre cualquier otra consideración. La psicología evolutiva lo racionaliza como una adaptación evolutiva necesaria para nuestra supervivencia en la tierra que como vemos tiene consecuencias nefastas para la valoración del peligro de los gases de efecto invernadero.
Irónicamente los países que menos han contribuido al estado actual del medioambiente son los que desproporcionalmente sufrirán los efectos de un planeta más caliente. Pero, estas elucubraciones pasan a un segundo plano cuando no tenemos con qué llevar el pan a la mesa…o con qué cambiar ese auto de lujo.

Virginia Wall