Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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El legado de Trump y los nuevos rostros de la diplomacia americana (parte II)

Por: Emil ChirenoFotografía.

23 de marzo de 2021.

En el primer discurso del presidente Biden sobre política exterior presentado a inicios de febrero en el Departamento de Estado, la frase de mayor cobertura mediática fue «America is back». El interés fue enfatizar que la diplomacia volverá al centro de la política exterior de los EEUU.

Ello no debería sorprender pues la política exterior norteamericana ha jugado un papel central en la carrera política de Biden. En efecto, desde sus inicios en 1972 como uno de los senadores más jóvenes de la historia norteamericana, los temas medioambientales y el control de armas nucleares de la entonces Unión Soviética, fueron temas centrales de su carrera. Fue miembro de la comisión de relaciones exteriores del senado desde 1997, llegando a ser su presidente en dos ocasiones, en 2003 y 2007.

En el referido discurso subrayó su interés en reparar y el amplio sistema de alianzas, la cual considera el activo más importante de los EEUU y base fundamental del liderazgo norteamericano en una época de creciente autoritarismo y ambiciones geopolíticas de China y Rusia. De hecho, una de las primeras acciones de la administración fue renovar el acuerdo de control de armas nucleares convencionales START firmado por Rusia y los EEUU.

Biden fue enfático en destacar que responderá a las acciones de Rusia, cuando sea necesario, destacando que ello supone un rompimiento con la política de su predecesor. De igual forma destacó la importancia del cambio climático como eje central de las prioridades norteamericanas, de hecho, su primera orden ejecutiva fue reintegrar a los EEUU al acuerdo climático de París.

Otro retorno, al menos retórico por el momento, a la defensa de la dignidad humana es la decisión de romper con el apoyo a los saudíes en la guerra que probablemente genera las más graves consecuencias humanitarias en la actualidad: el conflicto militar en Yemen.

En adición a ello, apoyándose en destacar la importancia de la diplomacia, el presidente anunció una renovada relación con la OMS como la antesala de una estrategia global para el combate del covid19.

A pesar de lo retóricamente expuesto, cabe preguntarse: ¿podrá verdaderamente Biden ‘’reestablecer’’ el liderazgo global norteamericano? El mundo que enfrenta el nuevo presidente no es el mismo de 2016. Por un lado, la desconcentración del poder norteamericano se ha acelerado de manera significativa lo cual es inversamente proporcional al crecimiento del poder de su principal rival geoestratégico: China.

De hecho, el primer encuentro de alto nivel entre la diplomacia norteamericana y la China celebrado el pasado 19 de marzo en Alaska concluyó en términos muy desfavorables, con un intercambio verbal entre los jefes de ambas delegaciones que deja mucho que desear. Resultaron llamativos los pronunciamientos de la delegación China sobre la «falta de confianza» de los estadounidenses en su democracia y el supuesto tratamiento que reciben lo afroamericanos. China lució mucho más agresiva que en otras ocasiones y lo visto en la reunión apunta a una relación bilateral muy adversarial.

Si bien hay una obvia intención de «relanzar» la imagen global de los EEUU, algunas de las posiciones de política exterior adoptadas o continuadas por la administración Trump probablemente se mantengan: el acuerdo de paz con el talibán y retiro gradual de tropas de Afganistán, una actitud adversarial hacia China, el fomento de la diplomacia de reconocimiento en Oriente Medio (relaciones entre Emiratos Árabes Unidos e Israel), un enfoque muscular en la fuerza naval en el océano Pacífico, entre otras.

 

Blinken: los 8 ejes de la nueva política exterior norteamericana

Si el primer discurso sobre política exterior de Biden nos presentó un mapa general de las nuevas prioridades e intereses, el primero de Anthony Blinken, del pasado 4 de marzo, nos presenta un acercamiento a la materialización de los objetivos trazados por el presidente. En tal sentido, el entendimiento de la política exterior a través del prisma de los intereses nacionales es una constante retórica y de acción de los EEUU. Sin embargo, en la actual coyuntura la definición de qué constituyen esos intereses ha variado pues se continúa enfatizando la necesidad de atender las necesidades de los sectores necesitados de la sociedad norteamericana… así como la necesidad de romper con el estancamiento de las clases medias norteamericanas.

Blinken definió el rol del departamento de Estado es reconstruir las relaciones diplomáticas y los esfuerzos de cooperación, pero al mismo tiempo fortalecer el músculo militar norteamericano. Y desde luego repitió el mantra electoral del nuevo gobierno: «No solo reconstruir, sino reconstruir mejor».

En su discurso destacan 8 ejes centrales del nuevo programa de política exterior de los EEUU, a saber:

  • Detener el Covid19 y fortalecer la salud pública global. Se refirió a un compromiso firme para compartir información y recursos para acelerar los esfuerzos de vacunación y evitar una crisis como la actual.
  • Reconstruir la economía y el comercio global: proteger a los americanos de los efectos de la crisis global…se reconoció entre los defensores del libre comercio por entender beneficiaría a los norteamericano, pero destacó que «nadie hizo lo suficiente para prever quienes y cómo serían afectados». Blinken presentó un tono ligeramente beligerante al afirmar que EEUU luchará por los empleos de los americanos, castigará el robo de propiedad intelectual y los manipuladores de monedas una clara referencia a China. En esta área, todo parece indicar una línea de continuismo en la rivalidad de la relación bilateral EEUU-China.
  • Renovar la democracia: detener el avance del autoritarismo, la polarización y erosión de la democracia, reconociendo los problemas domésticos de los EEUU. Fortalecer y promover la democracia será un elemento central de la política exterior por entender ello solo beneficia a los adversarios estratégicos de EEUU, pero sin «inmiscuirse en la promoción de la democracia a través de intervenciones militares».
  • Promover una reforma del sistema de migración en los EEUU, reconociendo los beneficios de los flujos de migrantes organizados.
  • Revitalizar el sistema de alianzas internacionales de los EEUU. Reconectar y reinventar las alianzas estratégicas norteamericanas con enfoque en los aliados tradicionales primero en Europa y en Asia, Oriente Medio, África y América Latina (mencionadas en ese orden).
  • Enfrentar la crisis climática e impulsar una revolución de energía renovable.
  • Asegurar el liderazgo americano en las industrias de alta tecnología. Reconoció es prioritario mantener la superioridad norteamericana en la revolución tecnológica y al mismo tiempo fortalecer las capacidades defensivas cibernéticas.
  • Reconocer que China es el mayor adversario geoestratégico por ser el único país con el poder, diplomático, militar y económico suficiente para impulsar una profunda revisión del orden global. Enfatizó la necesidad de lidiar con la relación desde una posición de «fortaleza» y finalmente definió la relación EEUU China como «Competitiva cuando deba serlo…. Colaborativa cuando pueda serlo y adversarial cuando tenga que serlo».Resta definir si el actual programa de política exterior podrá materializarse sin un rebalanceo cuidadoso de la altamente polarizada sociedad norteamericana para la que los temas de migración y cambio climático son un rompeolas. Los objetivos de la nueva administración indudablemente son ambiciosos, solo queda esperar la ejecución vaya de la mano con lo propuesto.

 

Emil Chireno