Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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El acuerdo comercial más importante

Por: Emil Chireno ║ Fotografía.

30 de noviembre de 2020.

 

Los procesos de cooperación e integración regional tienen homólogos en todo el mundo. A pesar de que América fue pionera en los mecanismos y espacios de integración regional a inicios y mediados del siglo pasado, el sudeste asiático por igual cuenta con varias organizaciones y acuerdos. La más notable de todas es la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés) fundada en el 1967 inicialmente con cinco países: Tailandia, Malasia, Indonesia, Singapur y Filipinas. En la actualidad, otros cinco miembros adicionales forman parte de la misma: Brunei, Vietnam, Camboya, Laos y Myanmar. De forma no oficial en varios encuentros y acuerdos, el grupo oficial de miembros se expandió en 1987 con la inclusión como socios de Japón, China y Corea del Sur en lo que pasó a conocerse como ASEAN+3.

El sudeste asiático en las últimas dos décadas se ha convertido en una región de muy amplio dinamismo y crecimiento económico, hecho que otorga un peso importante a la asociación en la arena internacional. Varios miembros (Singapur, Brunei y Malasia) conforme el índice de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo tiene un muy alto nivel de desarrollo humano.

 

Obama y las reglas del juego comercial en el Pacífico

Para nadie resulta un secreto que el péndulo de la historia contemporánea se inclina hacia la región de mayor crecimiento económico y mayor cantidad de habitantes del mundo, Asia. Desde luego que en más de 44 millones de kilómetros cuadrados existe un muy amplio número de naciones y Estados con historias, niveles de desarrollo e intereses muy divergentes. Este hecho desde hace décadas fue comprendido por la diplomacia norteamericana que ha buscado fortalecer la presencia del país en una región absolutamente vital para los flujos comerciales sobre los que se sostiene la economía del mundo.

Como parte de esa estrategia, los EEUU junto a otros once países que comparte el océano pacifico (excluyendo, naturalmente, a China) negoció y firmó bajo la administración Obama en 2016 el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio que buscaba otorgar una posición clave a los norteamericanos en el establecimiento de las reglas de juego comercial de la región. El objetivo desde luego también pasaba por forjar espacios de cooperación económica regional que excluyeran la principal potencia económica de Asia: China.

El TPP incluía a Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y los Estados Unidos de Norteamérica. No obstante, por asuntos de política doméstica norteamericana, el país bajo la entonces recién iniciada administración Trump retiró su firma del acuerdo en enero 2017. En virtud de lo anterior, las naciones firmantes del TPP decidieron realizar un nuevo acuerdo construyendo sobre los consensos previos que excluyera a los Estados Unidos y así se firmó en Chile el Acuerdo Integral Comprensivo y Progresivo de la Alianza Transpacífico en 2018 (CPTPP por sus siglas en inglés).

Los orígenes de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, en inglés)

Las negociaciones para el RCEP iniciaron en 2012 mientras Estados Unidos ya se encontraba en proceso de negociación del TPP. Por ello, algunos analistas entienden dicho acuerdo no contó con el ímpetu necesario para alcanzar su objetivo con celeridad, extendiéndose las negociaciones por varios años más [1].

No obstante, la renuncia de EEUU al TPP, su crítica al multilateralismo y la retórica de su diplomacia bajo la administración Trump así como los efectos del Covid19, otorgaron un empuje significativo a las negociaciones comerciales que culminaron en la firma de la Asociación Económica Integral Regional el pasado 13 de noviembre en una ceremonia virtual con los jefes de Estado de los países signatarios.

Si bien se reconoce desde hace muchos años la importancia de un acuerdo de libre comercio, ni China ni Japón, siendo las economías más grandes de la región, podían liderar las negociaciones por ser ello un tema políticamente sensible. Aunque los medios occidentales usualmente atribuyen el liderazgo de las negociaciones a China, la verdad es que el mismo es un triunfo de la diplomacia de los miembros de la ASEAN (más India, Australia y Nueva Zelanda), que bajo su sombrilla encontraron un arquitecto con la legitimidad política suficiente para diseñar un acuerdo de libre comercio beneficioso para todos sus miembros [2].

 

El impacto de la Asociación Económica Integral Regional

El acuerdo de libre comercio más grande del planeta conectará un 30% de la población mundial perteneciente a sus 15 estados miembros:
1. Australia,
2. Brunei,
3. Japón,
4. Malasia,
5. Nueva Zelanda,
6. Singapur,
7. Vietnam,
8. China,
9. Camboya,
10. Indonesia,
11. Laos,
12. Myanmar,
13. Filipinas,
14. Corea del Sur,
15. Tailandia.

Según estimaciones del Instituto Peterson de Economía Internacional [3], la Asociación Económica Integral Regional incrementará los ingresos de sus miembros en unos 186 mil millones de dólares para 2030, hecho que traerá resultados positivos para todos pero especialmente a Japón, Corea del Sur y China así como un balance comercial negativo para los EEUU e India, esta última aunque fue parte de las negociaciones iniciales, se retiró del acuerdo este año por temor al impacto de las importaciones chinas en su mercado doméstico.

Interesantemente, la referida proyección del Instituto Peterson prevé que el costo para la economía global de la guerra comercial entre EEUU y China, será más que compensado por los ingresos generados por la Asociación Económica Integral Regional y por el Acuerdo Integral Comprensivo y Progresivo de la Alianza Transpacífico conjuntamente.

 

Estados Unidos en Asia

Los estudiosos de los grandes cambios geopolíticos de nuestra era notarán con interés que EEUU no forma parte de los acuerdos de libre comercio más significativos de la última década. Eso naturalmente tiene consecuencias sistémicas pues mientras la relevancia económica de EEUU se reduce en Asia, la integración de sus economías y el liderazgo de China crece.

Naturalmente, la adopción de acuerdos comerciales no son necesariamente un juego de cero suma en el que la pérdida de EEUU es necesariamente una ganancia para China, tampoco se trata de un cambio de orientación irreversible pues como todo acuerdo puede ser modificado o incluso renunciado. El tema es la señal inequívoca que envía sobre la relación económica entre occidente y oriente. Otra era la época en que las grandes decisiones sobre comercio emanaban única y exclusivamente de las capitales occidentales y ello nos llama a pensar en una reconfiguración importante del balance de poder entre Asia y el resto del mundo.

Para la República Dominicana la lección más importante es entender que no existen alianzas incondicionales ni realidades estáticas, en un mundo tan complejo y cambiante ganamos más navegando muchos océanos que apostando todo nuestro esfuerzo solo al Atlántico.

 

Notas:

[1] https://www.washingtonpost.com/politics/2020/11/16/15-countries-just-signed-worlds-largest-trade-pact-us-isnt-one-them/

[2] https://www.brookings.edu/blog/order-from-chaos/2020/11/16/rcep-a-new-trade-agreement-that-will-shape-global-economics-and-politics/ 

[3] https://www.piie.com/publications/working-papers/east-asia-decouples-united-states-trade-war-covid-19-and-east-asias-new

 

Emil Chireno