Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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Las protestas en Estados Unidos: se reabre una herida

Por: Emil Chireno ║ Fotografía.

10 de junio de 2020.

La actual ola de protestas en los Estados Unidos reabre un capítulo oscuro de la sociedad norteamericana. Para nadie es un secreto que la democracia moderna más antigua, a pesar de ser un ejemplo de enormes victorias sociales y la lucha por la dignidad humana, lamentablemente presenta serias dificultades en el tratamiento de las relaciones interraciales.

Ciertamente la idea de una sociedad multiétnica, un crisol de colores que recibió millones de inmigrantes de todo el planeta, mantiene enormes brechas sociales con matices raciales impactantes para quienes la observamos. De hecho, fui de los que pensó, brevemente, en la posibilidad de un Estados Unidos de Norteamérica post racial cuando escuchaba el energizante discurso de inauguración de Obama el veinte de enero del 2009.

Sin embargo, la realidad a unos pocos meses del inicio de su mandato me dio una señal específicamente de lo contrario: cómo su llegada a la casa blanca tuvo el inesperado efecto de galvanizar un sector de la sociedad norteamericana que todavía no reconoce su país ha cambiado, pues el EEUU que tradicionalmente se identifica como blanco anglosajón y protestante está evolucionando a un ritmo acelerado. Así como para nadie es un secreto que hay racismo en ese país, sí resulta todavía muy chocante ver cómo, luego de tantas conquistas sociales, de dos mandatos del primer presidente afroamericano y de más de medio siglo sin las leyes de Jim Crow, aún persiste una enorme brecha social entre negros y blancos.

Del crisol de razas que compone los EEUU, los negros son el más vulnerable en el frente sanitario, económico y social. Por ejemplo, la mortalidad infantil en los negros es 2.2 veces mayor que la de los blancos. El hecho, sin embargo, que más recoge la pantalla grande y la pantalla chica son los elevados niveles de violencia existentes en las comunidades de mayoría afroamericana y cómo pareciera que las leyes penales norteamericanas pesan más cuando se aplican a los negros.

Un caso peculiar es el de los incidentes donde mueren ciudadanos por armas de fuego a manos de la policía, en promedio anualmente unos 1,000 casos. De esa cifra, casi la mitad son blancos, pero del restante casi la totalidad son negros por lo que en términos absolutos la cifra de muertos de ambas razas es similar [1]. Sin embargo, cuando se segmentan las muertes como porcentaje del total de la población blanca y negra los datos son espeluznantes: siendo los negros menos del 13% de la población, en promedio mueren a manos de policías 31 negros por cada millón de negros, mientras mueren 12 por cada millón de blancos [2].

Solo en 2020 unos 429 afroamericanos han fallecido a manos de la policía por armas de fuego (sin incluir los casos de muertes por violencia excesiva en su detención). Una situación igual de preocupante ocurre con los criminales condenados por los tribunales federales norteamericanos. En promedio, las sentencias por el mismo tipo penal a nivel federal son 20% más largas para los negros que los blancos.

Estados Unidos tiene la mayor tasa de encarcelamiento del planeta con aproximadamente 666 prisioneros por cada 100,000 habitantes. Si segmenta por raza, la tasa de los blancos es de 450 prisioneros por cada 100,000 habitantes y para los negros 2,306 prisioneros por cada 100,000 [3]. Lo anterior a pesar de la caída en la tasa de encarcelamiento de los negros desde 2001, pues hoy se encuentra en su nivel más bajo desde 1991.

Sin embargo, los casos en los que ciudadanos injustificadamente ultiman afroamericanos y reciben condenas judiciales laxas o son descargados también resultan llamativos. Un caso de enorme importancia en la década pasada fue el de George Zimmerman en Florida, quien en 2012 asesinó al joven de 17 años Trayvon Martin luego de un altercado verbal y fue descargado judicialmente. Ese indignante hecho dio origen al hoy reconocido movimiento #Blacklivesmatter.

El movimiento se masificó y adquirió prominencia nacional en EEUU en 2014 luego de varias olas de protestas por la muerte de dos afroamericanos desarmados cuya asfixia a manos de policías agresivos se convirtieron en videos virales. Esos hechos impulsaron una ola de protestas iniciadas en la ciudad de Ferguson, Missouri. El último incidente ocurrió en Minneapolis el pasado 25 de Mayo: un policía asfixió con la rodilla a George Floyd, un afroamericano desarmado quien repetidas veces insistió que ‘’no podía respirar’’. El hecho capturado en vídeo generó una enorme indignación en todo el mundo y especialmente en la sociedad norteamericana. El mismo fue como una especie de chispa en un valle de cuaba y por ello hoy el país está sumergido en las protestas más grandes desde 1991 con actos de saqueo y vandalismo.

Ese valle volátil e inflamable tiene en Donald Trump una figura profundamente divisiva, una sociedad bastante polarizada y todo ello en medio de una pandemia que se ha cobrado la vida de más de 100,000 norteamericanos. Pero incluso en el impacto de la pandemia las enormes desigualdades entre negros y blancos son abismales.

Data de la pandemia sugiere que 1 de cada 2000 negros ha muerto del covid19, a pesar de vivir mayoritariamente en los Estados sureños, donde existe menor densidad poblacional. Las probabilidades de fallecimiento por covid19 de los negros es el doble de los blancos e incluso latinos y asiáticos. Por ejemplo, en Washington los afroamericanos son el 47% de la población, pero representan el 80% de las 445 muertes por coronavirus del Estado [4].

Y es que una crisis sanitaria naturalmente golpeará con más fuerza los segmentos sociales vulnerables como ocurre con los afroamericanos en Estados Unidos. Los saqueos y movilizaciones sociales son verdaderamente sorprendentes al punto de Trump insistir en utilizar el ejército norteamericano para pacificar el país, hecho inédito amparado en la controversial ley de insurrección de 1807, un instrumento que fue invocado por George Bush padre en 1992.

Los retos que enfrenta los EEUU hoy son significativos, solo la resiliencia de sus instituciones públicas permite pensar en horizonte de relaciones sociales y raciales más armónicas. A pesar del pésimo rol desempeñado por Trump en esta nueva crisis, del tiempo perdido en enfrentar la pandemia y el caos reinante en Washington, no podemos olvidar hay elecciones presidenciales en noviembre.

Se escuchan los ecos de las elecciones presidenciales de 1968: un país convulso por protestas raciales y un candidato republicano apelando histriónicamente a la ‘ley y el orden’. Ese podría ser el guion del incumbente y quizás la fórmula ganadora, como lo fue en aquel entonces.

 

Referencias:

[1] https://www.washingtonpost.com/graphics/investigations/police-shootings-database/ 

[2] El total de habitantes es muy distinto: 42 millones de negros y 197 millones de blancos.

[3] https://www.ussc.gov/sites/default/files/pdf/research-and-publications/research-publications/2017/20171114_Demographics.pdf

[4] https://www.economist.com/united-states/2020/05/28/the-vulnerability-of-african-americans-to-the-coronavirus-is-a-national-emergency

 

Emil Chireno