Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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El coronavirus y el retorno de las fronteras

Por: Emil Chireno ║ Fotografía.

20 de marzo de 2020.

 

No es para nadie un secreto que los últimos cinco años un profundo cuestionamiento político a la integración económica y política viene adquiriendo un poder significativo en las urnas de las democracias occidentales. Ríos de tinta se han escrito sobre las razones, incluso en este propio sitio web hay artículos sobre el particular.

De todas las razones que puedan esbozarse, incluidas el profundo efecto en los puestos de trabajo de la industria de la manufactura en occidente, el fenómeno probablemente más poderoso es el de los flujos migratorios. Sencillamente no vivimos en el mejor momento para los migrantes, cuando no son tildados de carga innecesaria, en muchos países sectores todavía minoritarios pero cada día con más relevancia política ven la migración como parte del problema, no como una realidad inherente a cualquier economía pujante.

Por eso, si el ataque a la globalización aviesamente se fragua desde la óptica de los migrantes, la actual pandemia del coronavirus no hará más que repuntar el pensamiento nacionalista y proteccionista que desde hace años, por razones distintas, dominan las agendas de los nuevos disruptores de las democracias occidentales.

En mi opinión ello obedece a tres factores, siendo el primero inherente a la condición humana ver con escepticismo lo foráneo o lo distinto. El humano es un ser esencialmente tribal, una consecuencia lógica del paso del hombre recolector al hombre agricultor: solo con la cooperación de grupos y la construcción de identidades comunes (mitos unificadores) fue posible para los humanos, como brillantemente nos recuerda Hariri, la construcción de sociedades, identidades nacionales e incluso deidades. Lo interesante es que se ha demostrado en reiteradas disciplinas del conocimiento que la construcción de esas identidades se basa en la exclusión de otros grupos humanos sea por lengua, por color de piel o por religión.

En virtud de lo anterior, siempre existirá, nos guste o no, grupos que rechazan a otros por diferencias de cualquier índole, mucho más incluso cuando esas diferencias pueden manipularse mediáticamente con fines políticos. Algo para lo que las redes sociales son una herramienta muy poderosa.

El segundo factor es de corte económico: aunque en discursos ante organismos multilaterales muchos políticos alaban en los noventa y al inicio del nuevo milenio la reducción global de la pobreza (algunos incluso la atribuyen exclusivamente a las virtudes de la mano invisible) no todos esperaban que la convergencia económica que progresivamente se da entre occidente y oriente tendría costos sociales para el primero. En efecto, no es para nadie un secreto que China es (y quizás siga siendo) la fábrica del mundo, el lugar donde la mayoría de las cosas se producen, el outsourcing ha tenido un impacto real en el empleo.

Mientras baja la expectativa de vida del americano no educado en los Estados pertenecientes al «rust belt», otrora centro de manufactura industrial, Shenzhen es, dicen algunos, la ciudad del futuro. Por eso es fácil para populistas como Trump prometer ser «fuertes» con China castigando abiertamente algunas de sus empresas líderes en sectores de avanzada como el desarrollo de la tecnología 5g.

El tercer factor y probablemente el más poderoso en el futuro inmediato es que la pandemia de coronavirus nos ha mostrado el lado oscuro de la interdependencia: así como se globalizan las ideas también lo hacen las enfermedades. Para muestra miren cómo un brote inicialmente en una ciudad China hoy se encuentra presente en más de 159 países.

Hoy es más barato viajar, millones de personas lo hacen a diario llevando con ellas enfermedades a través de las fronteras. ¿Y no creen ustedes esta realidad inherente a la modernidad será explotada por los políticos? Desde luego. Mateo Salvini, por ejemplo, se jactó en reiteradas ocasiones de haber pedido un «cierre de nuestras fronteras» hace tiempo, hecho que en su sesgada narrativa habría salvado italianos.

De igual forma esta crisis hace que los Estados reconsideren la importancia de sectores estratégicos para lo intereses nacionales como el de la producción de fármacos. China y la India son hoy líderes mundiales, cualquier problema que afecte sus industrias afecta la disponibilidad de insumos básicos en el mundo. Finalmente son las propias empresas norteamericanas y europeas que se preguntan cómo pueden tener suplidores a precios competitivos más cercanos geográficamente y menos concentrados en un solo país.

Estos son factores que indudablemente marcarán la forma en que se piensa la política industrial, el turismo, las cadenas de abastecimiento e incluso el outsourcing de ciertas industrias. ¿Cuales serán esos cambios? Solo el tiempo nos dirá.

 

Emil Chireno