Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: ¿Hasta dónde llega la sábana?

Por: Emil ChirenoFotografía.

18 de agosto de 2019

 

Es difícil en el contexto actual, a juicio de quien escribe, que unos compromisos de la envergadura de los asumidos con la Agenda 2030 puedan alcanzarse en los términos originalmente acordados. La dificultad, a grandes rasgos radica en tres puntos esenciales: una agenda excesivamente amplia, una enorme brecha de financiamiento y grandes obstáculos técnicos para medir el cumplimiento. La Agenda 2030 incluye objetivos tan distintos como erradicar la pobreza, poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo, así como garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de resultados en todo el mundo, solo por citar algunos ejemplos. Naturalmente si la atención a los problemas y los recursos de la humanidad son finitos, haría mucho más sentido concentrarlos y no disgregarlos.

Huelga recordar que no todos los países parten desde un mismo punto por lo que no pueden priorizar los mismos objetivos. Al estilo de la icónica pirámide de Maslow, existe una jerarquía de necesidades en los países menos desarrollados en los que, por citar un ejemplo, será mucho más importante reducir la pobreza extrema que reducir la acidificación de los océanos.

Por otro lado, existe una gran brecha de financiamiento para alcanzar los objetivos. ¿O a caso piensa usted que el cambio de matriz energética o las alianzas globales para alcanzar los objetivos no cuestan? Según las estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para satisfacer las necesidades sociales (ej. Reducir la pobreza extrema) de la agenda se requiere una inversión anual de 66 mil millones de dólares hasta el 2030 [1]. Sumado a lo anterior, como bien destaca el reporte ‘’…las necesidades globales de inversión en infraestructura (agua, agricultura, telecomunicaciones, transporte, edificaciones, foresta) requieren una inversión de entre 5 y 7 billones (millones de millones) sin contar la inversión en ‘’bienes públicos globales’’ como la mitigación de los efectos del cambio climático y la conservación de la biodiversidad que en sí mismos conllevarían una inversión de varios billones adicionales anualmente [2].

Otra razón que nos llama al escepticismo es el método de medición del cumplimiento de los 17 objetivos y sus 169 metas. ¿Quién mide qué? La idea es que las oficinas nacionales de estadística de los Estados miembro de la ONU desarrollen las capacidades técnicas que le permitan medir el cumplimiento de objetivos y metas mediante indicadores para posteriormente, de forma voluntaria, presentar reportes nacionales de cumplimiento. Lamentablemente, existen brechas enormes entre la capacidad técnica de la oficina nacional de estadística de Benín y la de Dinamarca, por citar un ejemplo.

Hoy la meta es que cada Estado pueda medir efectivamente 232 indicadores que en algunos casos resultan complicados para países en desarrollo con escasos recursos. Tal es el caso al medir ‘’la proporción de reservas pesqueras en niveles biológicamente sustentables’’. Es de esperarse, entonces, que exista una brecha significativa entre lo que aspiramos a lograr y lo que efectivamente podemos medir con los indicadores.

¿Y cómo vamos?

Conforme los datos ofrecidos por el último reporte del Secretario General de la ONU sobre los ODS, el panorama es parcialmente desalentador. En sus palabras, se necesita otorgar un ‘‘sentido de urgencia’’ para el cumplimiento de la agenda pues solo nos resta poco más de una década para el 2030. Lo anterior, teniendo en cuenta que en varias áreas no estamos progresando, por el contrario, retrocedemos. Tal es el caso con la alimentación pues luego de un declive prolongado, la cantidad de personas subalimentadas en el planeta se incrementó de 777 millones en 2015 a 815 millones en 2016 [3]. En adición a ello, 9 de cada 10 habitantes de ciudades respiran aire contaminado y los fondos dedicados anualmente para asistencia oficial para el desarrollo ascienden aproximadamente a 146 mil millones de dólares, cantidad ínfima cuando se valoran las necesidades globales de financiamiento de la agenda indicadas más arriba.

Viniendo de la máxima autoridad de la organización, creo la envergadura del reto que tenemos por delante es significativa. Esto de ninguna forma significa que no se están logrando grandes avances en materia de acceso a la educación, reducción de la pobreza extrema y otras áreas. Espero estar equivocado, pero al ritmo actual con la Agenda 2030 no llegaremos al destino propuesto, pero al menos estimo lograremos grandes avances que permitan aliviar, así sea un poco, el malestar social de los más desposeídos mejorando el acceso a los servicios de salud, reduciendo o eliminando la pobreza extrema, reduciendo la mortalidad infantil, ampliando el acceso y mejorando la calidad de la educación pública, entre otras cosas. Eso en sí mismo, aunque no sea lo que originalmente nos propusimos, es un avance extraordinario en la dirección de vivir en un mundo más inclusivo.

 

Notas:

[1] UNDP. Financing the 2030 agenda, an introduction, p. 11.

[2] Ibídem.

[3] Reporte del Secretario General sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2018, p. 2.

 

Emil Chireno