Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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Una falsa sensación de control

Por: Emil ChirenoFotografía.

22 de junio de 2019

 

En términos globales, es imposible negar que uno de los mayores milagros económicos de la historia humana se construyó sobre los pilares de la globalización: 700 millones de personas fueron sacadas de la pobreza solo en China en las últimas 4 décadas. China es hoy la segunda economía y el motor de manufactura del planeta. Miles de empresas mudaron sus fábricas (y muchos empleos) al gigante asiático, hecho que ha tenido consecuencias en la generación de empleos en el mundo desarrollado. Naturalmente este hecho no fue pasado por alto por algunos líderes políticos que construyen su discurso y agenda sobre la identificación de un enemigo foráneo a quien se achacan los males nacionales, tal es el caso de la controversial Marine Le Pen que llegó a definir globalización como ‘’manufactura hecha por esclavos para vender a los desempleados. [1]”

Una realidad silente que se magnificó luego de los devastadores efectos de la recesión económica de 2008, es que la interdependencia económica sobre la que se construye la globalización tiene consecuencias distributivas entre y en los Estados: mientras la brecha económica entre las economías emergentes y las desarrolladas lentamente se ha reducido al mismo tiempo se ha incrementado la concentración de riqueza en las manos de unos pocos. La desigualdad está de moda, crece cada día. Esta realidad estructural, en el discurso de los populistas, se debe a una agenda sistemática de las ‘’élites’’ (término abusado, cuyo contenido nadie puede definir a ciencia cierta), que son a su vez los mayores beneficiados de la globalización.

Lo anterior, combinado con radicales avances tecnológicos como la automatización, el auge de la inteligencia artificial y las economías de plataforma que promueven el cuentapropismo (Airbnb/Uber) ha impactado de forma profunda la disponibilidad de empleos… ¿para todos? Pues no, más bien para los que cuentan con herramientas y habilidades útiles en la era de la economía digital.

Mientras en las últimas décadas ha ocurrido un impresionante movimiento de empleos del norte al sur, al mismo tiempo las industrias que requieren mano de obra altamente calificada como las finanzas, el diseño de software y las empresas de servicios tecnológicos han experimentado un crecimiento espectacular. Sin embargo, los mayores beneficiarios de los frutos de esa nueva economía, como era de esperarse, son los trabajadores que cuentan con las herramientas y habilidades que solo aquellos con la educación necesaria pueden adquirir.

Esta amenaza a los empleos en industrias tradicionales no es solo un fenómeno propio de los países desarrollados: la automatización por igual amenaza los puestos de trabajo en las economías en desarrollo que en su mayoría emplean mano de obra barata, pero no tan barata como un robot que no se enferma, no tiene derechos laborales, no protesta y tampoco (por el momento) forma sindicatos.

La actual inseguridad laboral combinada con una estigmatización del creciente número de migrantes genera un cóctel molotov político de consecuencias devastadoras. Hoy tenemos más refugiados que en cualquier punto posterior a la segunda guerra mundial a causa de la guerra en Siria y los enormes flujos de migrantes económicos del África subsahariana que se aventuran a mejor vida en Europa. Quizás viviremos en un futuro no muy lejano en el mundo de Isaac Asimov…. pero por el momento, la consecuencia tangible es una peligrosa radicalización del discurso político que promete retóricamente el control que una realidad globalizada y automatizada le impide cumplir.

 

Nota:

[1] Bremmer, Ian. US v. Them (2018), p.25.

 

 

Emil Chireno