Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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“Plastic Beach”: Cuando el plástico aflora y la tierra se hunde

Por: Carlos Collado ║ Fotografía.

Publicado primero en The Political Room el 14 de diciembre de 2021.

14 de diciembre de 2021.

 

El cambio climático es una realidad que se manifiesta a través de una larga lista de fenómenos negativos para los ecosistemas y los seres vivos. La vida en la Tierra se encuentra en peligro y existe el consenso científico de que el ser humano es el “responsable indiscutible” de la crisis climática actual (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, 2021).

Los océanos no son únicamente las victimas de fotos amateurs sobre atardeceres y vacaciones en la costa que dejan las playas como verdaderos basureros. La pesca abusiva, la extracción de recursos fósiles, los vertidos industriales directos e indirectos a través del“desagüe” de ríos, “ensayos científicos”, etc. En general, los procesos de producción y desarrollo económico de los Estados han deteriorado los ecosistemas a su alrededor y ha provocado un impacto global en el medioambiente.

Los océanos pagan el precio de abarcar el 70% de la superficie de nuestro planeta en la que los seres humanos no habitamos. A pesar de ser una especie terrestre, los humanos hemos encontrado en los mares una fuente de recursos que han favorecido tanto a la subsistencia como al desarrollo de las comunidades y los Estados.

Debido a sus bastos horizontes y sus oscuras profundidades, los mares y océanos han sufrido la despreocupación de la humanidad. Han vivido “de espaldas” al desarrollo industrial y su impacto en los ecosistemas marinos ha sido desmedido. No todos los beneficios de los océanos son extraídos de forma directa. Por sí solos también conforman una de las principales fuentes de vida para el planeta, cumplen la función de absorber dióxido de carbono y otros gases que forman el efecto invernadero. De hecho, los océanos son los encargados de producir casi el 50% del oxígeno de la Tierra.

Además, a través de las corrientes, los cinco océanos transportan calor que absorben regulando la temperatura en diferentes partes del mundo, teniendo un gran impacto en la formación de los climas y gran parte de los fenómenos atmosféricos. La pesca abusiva, la explotación de combustibles fósiles, la emisión descontrolada de gases que provocan el efecto invernadero y el exceso en los vertidos, convierten los mares y océanos en basureros que dañan y minimizan sus capacidades de mantener la Tierra como planeta habitable. La continúa presencia y acción humana acelera continuamente este proceso de deterioro que no muestra signos de reversión.

Existe el consenso en la comunidad académica de que la subida de la temperatura global es al mismo tiempo tanto la consecuencia como el agravante del cambio climático. Además de los efectos visibles– recrudecimiento de los fenómenos del Niño y la Niña, fundición de los casquetes polares, etc. Y de la acción humana, como basura en las costas y alta mar o el aumento de especies en peligro de extinción. Existen otras consecuencias ocultas al ojo humano debido a que se producen bajo la superficie de las masas oceánicas.

La primera afecta directamente al aumento del nivel del mar. Se trata de un fenómeno denominado dilatación del agua, que se produce por la subida de la temperatura media del planeta. Más adelante desarrollaré sus consecuencias. La otra es que los océanos están perdiendo su capacidad para mantener un ritmo optimo de habitabilidad en el planeta. Este desgaste se produce debido a la saturación de los organismos encargados de absorber dióxido de carbono de la atmosfera para convertirlos en oxígeno. En un intento de aumentar la capacidad de transformación de gases, los océanos han iniciado un proceso denominado“acidificación”.

Esto, sumado a la acumulación de basuras y vertidos, provoca que se multipliquen los efectos del cambio climático. Los “desiertos” bajo la superficie de los mares se han convertido en una realidad; las denominadas “zonas muertas” son territorios donde la vida es prácticamente imposible debido a los tan bajos niveles de oxígeno. En resumen, la acumulación de gases en la atmosfera que provocan el efecto invernadero y la gran cantidad de residuos tóxicos que acaban en los océanos, han minado la capacidad de estos para absorber CO2 y convertirlo en oxígeno. Los bajos niveles de O2 hacen imposible la vida en algunas zonas del territorio marino afectando a especies animales y vegetales.

Uno de los principales afectados debido a la acidificación son los corales. Se trata de un proceso de blanqueamiento, similar (salvado diferencias) a la muerte de un árbol debido a una sequía. Los corales están muriendo y no solo suponen una de las principales fuentes de alimento para la biodiversidad marina. También conforman una barrera natural para la protección de zonas costeras, principalmente las islas coralinas y los atolones, que cuentan con muy poca – o ninguna – altitud y se encuentran en peligro por la subida del nivel de los océanos.

 

La subida del nivel del mar y las islas de plástico

La subida del nivel del mar tal y como la conocemos actualmente se trata de un fenómeno reciente. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el nivel de los océanos ha aumentado de forma creciente saliéndose de los ciclos naturales. Esto se debe a los efectos que tiene el cambio climático sobre los ecosistemas, el cual está convirtiendo algunas regiones en zonas inhabitables. Toda esta situación se encuentra retroalimentada por el aumento de la temperatura media del planeta.

Frente a esta situación los Estados insulares y las costas corren un peligro inminente, el mar le está ganando terreno de forma permanente a la tierra. Este panorama trae consigo una serie de desafíos donde los gobiernos deben buscar soluciones a través de nuevas políticas y acuerdos internacionales. Mientras algunas islas habitadas están “ahogándose” o están perdiendo la capacidad de continuar siendo habitables, otras nuevas se están formando y no se trata de un reemplazo sostenible, sino más bien son, en parte, uno de los principales culpables de este fenómeno.

Se trata de las islas de plástico. Numerosos estudios están de acuerdo en que, de todos los deshechos que acaban en los océanos, los plásticos conforman alrededor del 80%. Desde la década de los 50s, la producción y la consecuente contaminación por plástico ha aumentado de forma exponencial hasta el día de hoy. Se debe al rápido crecimiento económico de ciertos países y la mala gestión en su reciclaje cuando son desechados (Elías, 2015). Además, las previsiones no son optimistas. La Comisión Europea (2018) ha estimado que para 2050 la cantidad de plásticos habrá superado la masa de los peces.

El plástico se trata de un material no degradable que persiste y se dispersa con gran facilidad, es por ello por lo que se encuentra repartido en todos los océanos del planeta. Además, no todo se encuentra a la vista, según el informe Basuras en el Mar (2005)de Green Peace menos del 20% de la basura se queda en las playas, deltas de los ríos, humedales, etc. Por otro lado, aproximadamente el 70% se hunde mientras que el resto se queda flotando en la superficie de forma visible.

Debido a las corrientes rotatorias de las marítimas llamadas “giros”, los plásticos flotantes (principalmente micro-plásticos) y otros materiales de características similares que se encuentran en las costas son impulsados al centro del océano por las corrientes y el viento, formando “islas” o “sopas”. Las principales conglomeraciones, debido a su masa, son cinco y se encuentran en las áreas subtropicales del Atlántico, Pacífico (Norte y Sur de ambos) e Índico (Rojo-Nieto y Montoto, 2017).

Por otro lado, respecto a las islas de tierra firme, la subida del nivel del mar se calcula en centímetros de forma vertical, sin embargo, los efectos se materializan en metros de inundación horizontal de las costas, se trata de terreno que los océanos están ganando de forma permanente a las islas. Pero este no es el único problema. Aunque las islas permanezcan emergidas, están perdiendo la capacidad de mantener a su población.

La filtración de agua marina en los suelos provoca salinización y contamina las reservas de agua dulce y cuando alcanza a la vegetación aumenta el efecto de la erosión de las olas. Asimismo, esto supone una destrucción de recursos primarios y económicos que deberían ir destinados al alimento y al comercio de las comunidades; agua potable para la población, el ganado y el riego, suelo fértil para la agricultura, árboles frutales, etc.

El crecimiento de los océanos no es uniforme en todo el planeta. El aumento de la temperatura media de la Tierra no solo provoca el deshielo de los casquetes polares. Al igual que los materiales sólidos, el agua también se dilata frente al calor. Es por ello por lo que un mayor aumento de la temperatura en los trópicos con respecto a otras zonas del mundo provoca que el aumento del nivel del mar no sea uniforme en todo el globo. Es decir, existen zonas más afectadas que otras.

 

Las islas que mueren

Precisamente estos “puntos calientes” del mapa es donde se sitúan la gran mayoría de los archipiélagos coralinos y atolones en Oceanía. Estados Nación como Tuvalu, las islas Marshall, las Fiji, las islas Salmon Tokelau, entre otras muchas, sufren más que otras naciones costeras la subida del nivel del mar. Actualmente los Estados isleños de esta región se están enfrentando a un problema nunca planteado; su territorio nacional se esta ahogando debido a su escasa altitud, la cual se encuentra normalmente entre el metro y los cinco de altura.

El mapa del mundo se encuentra dividido políticamente como un puzle en diferentes Estados nacionales con sus respectivas fronteras, dentro de las cuales ejercen su soberanía bajo su bandera. Los Estados cuentan con tres características fundamentales; territorio, población y reconocimiento internacional. Actualmente existen en el mundo Estados que no son reconocidos totalmente por la comunidad internacional cómo Kosovo o Sáhara occidental. Por otro lado, el sentimiento de pertenencia y cohesión nacional han dado pie a la formación y a la independencia de nuevos territorios soberanos.

También hay países que se han enfrentado a cambios en el territorio debido a desastres naturales, cómo una expansión a causa de la formación de plataformas volcánicas o la desaparición de paisajes costeros por inundaciones tras maremotos. Sin embargo, debido a esta nueva situación, los Estados insulares se encuentran entre la espada y la pared; todo su territorio nacional se encuentra en peligro de desaparición.

¿Dónde puede ir la población de un país cuyo territorio ha desaparecido? No se trata de una perdida de soberanía en una región debido a una invasión por parte de otro Estado, sino a la desaparición de los mapas. Además, a pesar de que permanezca reconocido internacionalmente, ¿podría seguir ejerciendo su soberanía sin territorio y en suelo extranjero?

No existe aún respuesta en el derecho internacional a estas preguntas. Lo que si se ha materializado es la conciencia de los ciudadanos de estos archipiélagos y atolones, los cuales sufren de primera mano la manifestación de un problema global que, sin duda, terminará afectando a Estados que actualmente no dedican esfuerzos suficientes para combatirlos.

El instinto de supervivencia y la búsqueda del bienestar a largo plazo ha llevado a algunas personas a buscar asilo en otras islas, las cuales se encuentran bajo la soberanía de otros Estados. Todos los seres humanos tienen derecho a pedir asilo en el extranjero si «debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país». (Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de Refugiados).

Sin embargo, esta definición no contempla la situación de emergencia ambiental que están viviendo algunas comunidades. Hablamos entonces de refugiados climáticos o ambientales. Un concepto que ha surgido en la literatura académica y que, debido a la necesidad de actuación, está cobrando cada vez más importancia. A pesar de ello, aún no se encuentra recogido ni definido de forma oficial en el derecho internacional.

 

La economía azul y regulaciones del derecho internacional

A raíz de la toma de conciencia de algunas comunidades, organizaciones y gobiernos de países tanto desarrollados como en vías de desarrollo, se ha planteado un enfoque más coherente e integrado que permitirá explotar y gestionar el desarrollo ecológico de los océanos a través de prácticas sostenibles. De esta forma nace la Economía Azul (Blue Economy o Blue Growth), un sistema donde se reconoce la importancia de los mares y océanos como motores de la economía y subsistencia y que, además, se consideran como potencial de innovación para el crecimiento y el desarrollo económico y social a través del avance científico.

Se centra en el uso de energías renovables y técnicas de producción que no perjudiquen, sino que contribuyan a mejorar la situación de los océanos y las comunidades costeras. Del mismo modo, gracias a estos proyectos se crean nuevos puestos de trabajo en favor de los de la población local, orientándose a crear una nueva ventana de oportunidades para la juventud de la región.

Por otro lado, existen regulaciones a nivel internacional y acuerdos regionales que comprometen a los países a poner en practica políticas en favor de los océanos y del medioambiente. Por ejemplo, los Estados firmantes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar cuentan con la obligación general de “proteger y preservar el medio marino”. Del mismo modo, los miembros signatarios deben tomar medidas necesarias para prevenir, reducir y controlar la contaminación del medio marino. En la actualidad existen tratados y acuerdos vinculantes y no vinculantes de carácter regional relativos a la basura plástica, micro-plásticos y vertidos marinos.

Las prioridades para el futuro, a corto y largo plazo, están bien definidas. Desgraciadamente, se deben establecer políticas realistas para poder combatir estos desafíos, no tan solo por los Estados más afectados, sino a nivel internacional. Se trata de un problema global que se manifiesta crudamente a nivel local en, cada vez, más partes del mundo. Es necesario un compromiso y una cooperación mejor institucionalizadas y vinculantes tanto a nivel internacional como regional, para poder operar de forma efectiva.

 

Bibliografía 

Becker, M., Meyssignac, B., Letetrel, C., Llovel, W., Cazenave, A., & Delcroix, T. (2012). Sea level variations at tropical Pacific islands since 1950. Global and Planetary Change, 80, 85-98.

Elías, R. Mar de plástico: Una revisión del plástico en el mar. Revista de investigación y desarrollo pesquero. 2015, no 27, 83-105.

Korovulavula, I. (2016). Climate change impacts in Ra and Kadavu provinces. SPC Pacific Community Report.

Rojo-Nieto, E. y Montoto, T. Basuras marinas, plásticos y microplásticos: orígenes, impactos y consecuencias de una amenaza global. Ecologistas en acción, 2017.