Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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La línea dura vuelve a Irán

Por: Daniel Gil Iglesias ║ Fotografía.

Publicado primero en The Political Room el 19 de julio de 2021.

21 de julio de 2021.

 

El pasado 18 de junio los ciudadanos iraníes fueron llamados a las urnas, terminaban los ocho años de mandato (el máximo permitido legalmente) del moderado Hasán Rohaní e Irán debía mirar al futuro eligiendo un nuevo presidente que sería el segundo hombre más poderoso del país, solo por detrás del líder supremo, Alí Jamenei. El ganador fue Ebrahim Raisi, antiguo presidente del Tribunal Supremo, representante de la línea dura conservadora, rompiendo así con los ocho años de presidencia moderada de Rohaní.

 

Elecciones limitadas

En Irán para presentarse a presidente se debe conseguir la aprobación del Consejo de los Guardianes. El Consejo está formado por doce miembros, seis elegidos directamente por el ayatolá Jamenei y otros seis elegidos por el poder judicial, cuyo presidente es nombrado también por Jamenei por lo que el líder supremo controla todo el proceso. El consejo recibe todas las candidaturas y decide cuales son válidas para presentarse y cuáles no, este año se recibieron 592 candidaturas (40 de ellas de mujeres) de las que solo fueron aprobadas 7 (ninguna liderada por una mujer), además con la campaña ya iniciada tres de los candidatos aprobados decidieron retirarse por lo que finalmente solo hubo cuatro candidatos a la presidencia.

El rechazo masivo de candidatos de estas elecciones generó polémica ya que se vio como un intento del poder establecido por favorecer la candidatura de Raisi, solo dejaron presentarse a un moderado, Abdolnasser Hemmati que no era especialmente popular y no tenía posibilidades reales de ganar, el resto todos eran conservadores de línea más o menos dura que no plantearon una confrontación real a Raisi durante la campaña. Rechazadas fueron las candidaturas de pesos pesados de la política iraní como Alí Larijani, presidente del parlamento, Eshaq Jahangiri, el actual vicepresidente o incluso el expresidente Ahmadinejad.

Tanto es así que el propio presidente saliente Rohaní se quejó públicamente de la falta de competitividad de estas elecciones y el líder supremo y responsable del proceso admitió que se habían producido errores y llamó a revisar el proceso, aunque dicha revisión nunca se produjo. Estos vetos dañaron la legitimidad de las elecciones y hubo llamadas a boicotearlas (incluso Ahmanijedad pidió el boicot) por parte de los sectores más moderados y reformistas. El líder supremo Jamenei reaccionó a esto enarbolando la bandera religiosa para llamar al voto definiendo la abstención como pecado.

Aun así los ciudadanos iraníes hicieron caso omiso de los llamados de Jamenei y solo fue a votar el 49% del electorado, siendo estas elecciones las de menor participación de la historia desdela creación de la república islámica. En la capital, Teherán, la participación fue del 26%. Como era de esperar, se impuso Raisi con el 62% de los votos, el segundo candidato más votado, el también conservador Mohsen Rezai quedó a casi 50 puntos de distancia.

 

El Irán del presidente Raisi

Raisi se impuso en unas elecciones donde no tenía competencia real y así el favorito del ayatolá Jamenei será el nuevo presidente de Irán, ¿cambiarán mucho las cosas bajo su presidencia?

El presidente electo centró su campaña en la lucha contra la corrupción haciendo valer su posición como jefe del aparato judicial iraní, un nuevo plan de vivienda que incluye la construcción de más de 4 millones de viviendas con el fin de que la nueva oferta reduzca los precios y favorezca el acceso a la vivienda de los más jóvenes y, sobre todo, su discurso se centró en mejorar la situación económica del país.

Irán atraviesa una coyuntura económica dramática, a las sanciones impuestas por Estados Unidos tras su retirada unilateral del acuerdo nuclear se une la pandemia en un país donde se ha cobrado más de 80.000 vidas según datos oficiales. La tasa del desempleo supera el 11% mientras que el desempleo juvenil se coloca en torno al 23% y la inflación continúa disparada cerca del 40%.

Además, el fin de la pandemia tardará en llegar en Irán, en el momento de escribir estas líneas sólo está completamente vacunada el 1% de la población y aunque se espera que el ritmo aumente progresivamente no se prevé que el país alcance la inmunización este año.

En este contexto el levantamiento de las sanciones es la única opción que tiene Irán de mejorar su situación económica y eso pasa por la vuelta al acuerdo nuclear. Raisi, a pesar de tener una visión más contraria a occidente que su predecesor, está a favor del acuerdo nuclear, aunque las negociaciones podrían complicarse si su equipo tomara las riendas de las mismas ya que están menos dispuestos a hacer concesiones por lo que la firma del acuerdo se ha convertido en una lucha contra el reloj.

Raisi no tomará posesión hasta primeros de agosto, lo que le da a Irán y Estados Unidos un mes aproximadamente para llegar a un acuerdo que, de momento, parece posible. Sigue habiendo fricciones especialmente acerca de lo lejos que debería llegar el acuerdo y cómo afrontar todo el conocimiento y capacidades que ha podido desarrollar Irán desde la salida del acuerdo de Trump, pero los reportes que llegan de Viena, donde ocurren las negociaciones, son positivos y lo esperable es que se alcance un acuerdo antes de que Rohaní abandone la presidencia.

A Raisi también le interesa que así sea, que no se alcance un acuerdo antes de agosto no quiere decir que no pueda alcanzarse después pero bien es cierto que tanto EEUU como Raisi tienen incentivos para que el acuerdo se alcance antes. Por parte de EEUU saben que en Rohaní tienen un interlocutor mucho más predispuesto a la negociación que Raisi, cuyo equipo podría embarrar la negociación con nuevas líneas rojas. Que el acuerdo se alcance antes de su toma de posesión le coloca en una posición más cómoda pudiendo disfrutar de la relajación de las sanciones a la vez que elude la responsabilidad del acuerdo y, si fracasa, siempre puede culpar a la anterior administración.

El propio Raisi está bajo sanciones tanto de la UE como de EEUU por atentar contra los derechos humanos por su rol dentro de la llamada “Comisión de la muerte” que ordenó más de 3000 ejecuciones de disidentes políticos en 1988, y su participación en la represión de las protestas del movimiento verdeen 2009 que denunciaba el fraude en las elecciones presidenciales de ese año. Aunque dada la naturaleza de estas sanciones no es previsible que ni la UE ni EEUU las levanten.

 

¿El fin de la república actual?

Para el líder supremo Jamenei era importante que ganara estas elecciones Raisi y que los conservadores se hicieran con todos los resortes del poder. El sistema político iraní opera en la dinámica de conflicto entre las fuerzas reformistas y moderadas y los conservadores, aunque la última palabra la tiene siempre el ayatolá Jamenei, los reformistas tienen la fuerza suficiente como para decantar las elecciones a su favor como en el caso de Rohaní, así las disputas entre el líder y la presidencia son la tónica habitual en el proceso de toma de decisiones de la república islámica y de esta correlación de fuerzas surgen las decisiones políticas iraníes.

Pero ahora Irán se encuentra en una encrucijada, Jamenei tiene 82 años y es momento de pensar en su sucesión, uno de los candidatos podría ser Raisi quien pretendería utilizar la presidencia como plataforma para auparse como líder supremo al igual que hizo el propio Jamenei, que fue presidente de la república desde 1981 hasta1989, cuando fue nombrado líder supremo. Pero la decisión de Jamenei de colocar a Raisi en la presidencia puede que no tenga tanto que ver con su sucesión sino con iniciar un proceso de reformas en la estructura del estado que consolide definitivamente el poder de los conservadores, un plan que para realizarse con éxito no puede tolerar tensiones internas.

Los principales cambios que podría afrontar Irán son dos: Sustituir el sistema presidencial de la república islámica por uno parlamentario y reemplazar al líder supremo por un consejo rector. El paso a sistema parlamentario serviría para reducir el poder de los reformistas y el conflicto interno, además sería más sencillo para un parlamento amigo de Jamenei destituir a la cabeza del ejecutivo si fuera necesario, reduciendo así la capacidad de la presidencia de contestar el poder del aparato teocrático del estado. De hecho, en las últimas elecciones parlamentarias se siguió la misma estrategia que en estas presidenciales y arrojaron el mismo resultado; Una alta abstención (42% de participación) provocada por el descontento y la falta de alternativas que provocó una arrolladora victoria conservadora de 221 diputados sobre 279 totales.

Respecto al establecimiento de un Consejo que sustituya la figura del líder supremo, esto tiene más que ver con mantener el legado de Jamenei y garantizar la influencia política de su familia. Cuando Jamenei ocupó el liderazgo del país apartó a la familia del antiguo líder, el ayatolá Jomeini, del aparto del poder iraní y encarceló a los hijos del entonces presidente Akbar Rafsanyaní para consolidar su poder indiscutido. Con estos antecedentes es lógico que Jamenei tema por el destino de su hijo Mojtaba, estableciendo un Consejo del que su hijo fuera miembro garantizaría la influencia de su familia y la seguridad de su hijo cuándo él ya no esté.

Irán se enfrenta ante un periodo decisivo en su historia, el líder supremo con 82 años está pensando en su sucesión y fortalecer su legado, lo que incluye reformas políticas profundas en el sistema en favor de los conservadores. Para ello tiene que despojar de los pocos resquicios de poder que tenían a los moderados y la elección de Raisi sustituyendo a un moderado como Rohaní cumple este propósito.

En Raisi el líder supremo se asegura un presidente fiel que no discutirá sus reformas y consolidará el poder conservador en el país. El levantamiento de las sanciones y el gradual final de la pandemia pueden provocar una mejora de la situación económica que garantice una cierta paz social necesaria para cometer todos estos cambios sin contestación.

Sin embargo, no debemos pensar en Irán como un país pasivo políticamente y, aunque la presidencia Rohaní ha terminado dañando al movimiento reformista por su incapacidad para llevar adelante las reformas prometidas, en parte por las sanciones estadounidenses, por el covid y el boicot desde dentro del estado a sus medidas por los conservadores, Jamenei debe pensar bien y con cautela los pasos a seguir para no provocar una reunificación de movimiento reformista que pudiera contestar su autoridad si perciben que las reformas van demasiado lejos. De la capacidad de los conservadores para gestionar su dominio total del estado y la reacción o ausencia de la misma de los moderados dependerá el futuro político de Irán.