Consejo Dominicano de
Relaciones Internacionales

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¿Es el muro de la frontera sur norteamericana una solución práctica?

Por: Daniel Villegas ║ Fotografía: Wikipedia.

4 de septiembre de 2019.

 

La historia no es necesariamente cíclica, pero como bien argumentó en su aforismo George Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”; y la tendencia de un número importante de estados en materia de política exterior es de repetirla. La construcción de murallas o muros se había contemplado como una solución práctica, pero la historia nos ha demostrado lo contrario.

Una imponente red de murallas, ríos, fuertes y atalayas marcaba los límites de Roma. Las mismas defensas amuralladas que sirvieron para protegerla durante siglos de las invasiones bárbaras acabaron precipitando la caída del imperio romano. Las tribus germánicas franquearon rápidamente las fronteras del nordeste del imperio y los generales romanos abrumados generaron una serie de soluciones fútiles a medida que se acercaba el peligro. Sin embargo, Roma no pudo contener con eficacia la amenaza proveniente del nordeste ya que habían pensado que los muros de piedra se convertirían en las soluciones para protegerse del torrente de hordas bárbaras.

El imperio romano fracasó en su intento de protegerse con la red de murallas y dio paso a nuevos reinos germánicos. Este fracaso mostró claramente que ninguna muralla podría frenar la disposición y la determinación de aquellos que anhelan hacer realidad sus sueños; es decir, avanzar hacia el oeste y buscar nuevas tierras donde asentarse. Las tribus germánicas vencieron a los romanos y superaron las supuestas infranqueables murallas. Los romanos en pánico pensaban que su cultura, idioma y patrimonio estarían al borde de la desaparición. Sin embargo, Roma nunca considero que su legado fuera más poderoso que los muros que erigieron. Las poderosas tribus germánicas adoptaron gradualmente las leyes romanas, capitalizaron la infraestructura existente, utilizaron el idioma latino como lengua franca y, de alguna manera, la cultura. Todos estos componentes allanaron el camino para lo que se convertiría en Europa Occidental y el impacto que esta tendría en todo el mundo. De hecho, la perspectiva romana impregnó profundamente la nueva visión del mundo occidental.

Pero los romanos no fueron los únicos que creyeron que las murallas les protegerían de enemigos externos. Del mismo modo, la Gran Muralla no evitó que los mongoles invadieran el sur de China, ni los muros de Constantinopla protegieron a la ciudad contra el imperio otomano. Estos tres grandes ejemplos históricos demuestran el fracaso de las políticas que llevaron a desagradables argumentos defensivos encarnados en muros de piedra en el pasado y muros de alambre de púas en la actualidad, como en los casos de Israel, Hungría, o EEUU.

La historia ha demostrado que la política de redes de murallas o muros no son soluciones prácticas; por el contrario, desencadenan una presión externa que eventualmente elimina esas supuestas paredes protectoras. La actual administración norteamericana no debería enajenar a un vecino amigo, su tercer mayor socio comercial y un aliado cercano, buscando cumplir una promesa electoral injustificada y arbitraria históricamente. México es un estado soberano que no pagará la factura de un muro que se convertirá en una presión financiera onerosa para los contribuyentes estadounidenses. Existen un gran número de cuestiones apremiantes que afectan mutuamente a Estados Unidos y México, como el comercio, el transporte, la seguridad nacional, el medio ambiente, el crimen organizado y la inmigración. Los compromisos bilaterales son esenciales para enfrentarlos de manera efectiva. Por ejemplo, los agentes estadounidenses de la DEA, trabajando conjuntamente con las agencias de seguridad federal mexicanas para detener la delincuencia organizada transnacional, podrían poner en peligro sus operaciones. Estas operaciones conjuntas entre México y Estados Unidos han desarrollado una confianza cooperativa para intercambiar información confidencial que puede comprometer la seguridad nacional de los Estados Unidos. Por lo tanto, la cooperación mexicana ha sido fundamental para mantener la frontera sur de EEUU relativamente segura.

La frontera sur de Estados Unidos ha sido históricamente una puerta de entrada para el comercio y el transporte transnacional, legal e ilegalmente, con el objetivo de obtener precios más bajos. Miles de empresas estadounidenses decidieron en los años 90 trasladarse hacia el sur para fabricar productos más baratos para los consumidores estadounidenses a expensas de los ínfimos salarios mexicanos. Por ello, Estados Unidos debería sacar una buena lección de la historia y evitar cometer el mismo terrible error que otros, como Roma, China, o Bizancio habían cometido anteriormente. Ningún ejército, ni ningún muro, podría detener el flujo de personas indigentes y hambrientas que huyen de la persecución, violencia, pobreza o hambre. Estados Unidos debe reconocer que un México inestable podría desatar una amenaza más desalentadora para los Estados Unidos que los inmigrantes indocumentados que ingresan a través de la frontera sur. Por lo tanto, la solución sería trabajar directamente con las autoridades mexicanas para buscar opciones prácticas para mitigar o palear el problema.

La deportación masiva de ciudadanos mexicanos seguirá aumentando la presión económica y social en un país, México, que ya está luchando con los efectos económicos de la retórica agresiva y el bajo precio del petróleo. La actual administración estadounidense ha caracterizado a México como fuente de caos y conflicto que pone en peligro a su vecino del norte. Este tipo de argumento es categóricamente aberrante y arriesgado. A menos que la Administración de los Estados Unidos llegue pronto a un acuerdo, esa profecía negativa que se auto cumplirá y ningún muro reducirá el daño a cientos de millones de estadounidenses y mexicanos que tal medida podría desatar. En última instancia, la historia ha demostrado que los muros de piedra o de alambres de púas son solo obstáculos temporales para evitar la determinación humana de superar el desafío, y el muro de la frontera sur de Estados Unidos no será una excepción histórica, pero el legado democrático y la fuente de inspiración que emana de EEUU sí podría perdurar en el tiempo.

 

Referencia:
Santayana, George (1905), La vida de la razón.

 

 

Daniel Villegas

Colaborador externo.