El Sincretismo Cultural y el Islam en Rusia

Martes, 17 de Mayo de 2011 03:37 ANALISIS
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Mesquita y Iglesia Ortodoxa en el Kremlin de Kazán, en TartaristánEl ataque terrorista en el Aeropuerto Domodedovo de Moscú el pasado 24 de enero ha dirigido la atención de la comunidad internacional hacia los problemas enfrentados por Rusia en su relación con el terrorismo islámico. Pese a la victoria del gobierno ruso en la última guerra de Chechenia y el aparente ambiente de seguridad y estabilidad establecido en Rusia bajo la dirección de Putin y su sucesor Medvedev, la amenaza del fundamentalismo islámico militante sigue en pie. Aunque sería tentador asociar este acto terrorista a ataques similares vividos en Madrid o en Londres en los últimos años, el caso ruso resulta ser mas complejo, puesto que se trata de terrorismo interno y de un islam endémico a Rusia. De hecho, la Federación Rusa consta de unos 20 millones de musulmanes, lo que equivale al 14% de su población total. Estos musulmanes se concentran en dos regiones: el Cáucaso del Norte (Chechenia, Daguestán, Ingusetia…), y la región de la Volga (Tartaristán, Bashkortostán…). A estos hay que agregar unos 5 millones de inmigrantes musulmanes provenientes de las ex-repúblicas soviéticas de Asia Central y del Cáucaso—en particular de Tayikistán, Uzbekistán, y Azerbaiyán—la mayoría habitando centros urbanos tales como Moscú, San Petersburgo, y Nizhny Novgorod. Para comprender las raíces del terrorismo islámico en Rusia, es necesario entonces comprender la historia del Islam a lo largo de la evolución del estado ruso. Este artículo, el primero en una serie de artículos investigando la relación de Rusia con el Islam, investiga la historia de Rusia y el Islam desde la invasión de Rusia por los Mongoles en el siglo XIII hasta la caída del comunismo soviético en el siglo XX.

Desde sus inicios, la trayectoria rusa se ha visto entrecruzada con la historia de la religión islámica y de los diferentes pueblos musulmanes que han pertenecido al espacio imperial ruso. Desde la conquista de la Rus de Kiev por los Mongoles en el siglo XIII, y el establecimiento del Kanato musulmán de la Horda de Oro sobre las estepas de Eurasia, los principados rusos fueron subyugados durante tres siglos por un imperio islámico turco-mongol y sus estados sucesores tártaros. No fue hasta el siglo XVI que el Príncipe de Moscú, Iván el Terrible, conquistó los Kanatos Tártaros de Kazán, Astrakán, y Crimea para entonces proclamarse como el primer Zar de Rusia. Al regresar a Moscú, el primer Zar construyó la Iglesia de San Basilio frente al Kremlin en celebración de su victoria. Esta iglesia es reconocida internacionalmente como el monumento mas emblemático de Rusia; sin embargo, pocos reconocen la ironía que esconde esta iglesia, símbolo de la ambigua relación de Rusia con el Islam: en realidad, la iglesia de San Basilio tomó inspiración arquitectónica de la mezquita de Kazán, que constaba también de ocho torres y una cúpula central, y fue destruida por Iván el Terrible durante su conquista. Por consiguiente, es irónico que el monumento emblemático de Rusia por excelencia haya tenido como inspiración una mezquita tártara relegada al olvido. Sin embargo, esto no es más que un simple ejemplo del distintivo sincretismo cultural ruso, pueblo eslavo, ortodoxo y europeo que repetidamente culpó a su herencia “oriental”—mongola y tártara—por su “atraso”, y ha tratado repetidamente de “occidentalizarse” a lo largo de su historia.

Al momento del Imperio Ruso expandirse desde Europa hasta el Pacifico, y de Siberia a Asia Central y el Cáucaso, Rusia pasó a incluir cada vez mas pueblos musulmanes en su imperio, tales como los Cherquesos, Chechenos, y Daguestanos del Cáucaso, los Azerís y Turkmenos de la meseta persa, y los Uzbekas, Tayikos, Kazakos, y Kirguices de Asia Central. La era imperial rusa fue una época a la vez de violencia y convivencia entre religiones. Por un lado, Kazán, la capital tártara a orillas de la Volga, se volvió uno de los principales centros de manifestación del poder imperial ruso—en particular desde el punto de vista de la dominación rusa ortodoxa sobre los tártaros musulmanes. Mientras que “Nuestra Señora de Kazán” pasó a ser una madre patrona de los Rusos, habiéndosele dedicado gloriosas catedrales en Moscú y San Petersburgo, los tártaros de la Volga sufrían persecuciones religiosas mientras que se les prohibía la construcción de mezquitas. No fue hasta el siglo XVIII, bajo la autoridad de Caterina la Grande, que se construyó la Mezquita Märcani en Kazán, la primera desde la conquista rusa. Esto se realizó en el contexto de una apertura hacia la tolerancia religiosa, mediante el decreto del Sínodo Sagrado “Sobre la Tolerancia de todos los Cultos Religiosos” de 1773, y el reconocimiento oficial de la libertad de culto para los musulmanes en 1788. Sin embargo, el siglo XIX vio la prolongación de esta ambivalencia entre tolerancia y represión. Por un lado, la conquista del Cáucaso se tornó en un baño de sangre: los Cherquesos, habitantes musulmanes originales del Cáucaso del Noroeste, fueron en su gran parte masacrados, y la mayoría de los sobrevivientes huyeron al Imperio Otomano, sus descendientes habitando hoy en día en Turquía, Siria y Jordania. Estos reclaman hasta el día de hoy el reconocimiento internacional del “Genocidio Cherqueso.” Por otro lado, los vasallos de Asia Central, y en particular los Kanatos de Jiva y Bujará, gozaban de un alto nivel de autonomía, y continuaron con su tradición literaria y religiosa perso-islámica hasta la llegada del comunismo.Verde Oscuro: Repúblicas Musulmanas en la Federación Rusa; Verde Claro: Ex-Repúblicas Soviéticas Musulmanas; Morado: Resto de Rusia; Rosado: Ex-Repúblicas Soviéticas Cristianas

La era Soviética llevó a una reconfiguración radical de la relación entre cristianos y musulmanes dentro de la superpotencia socialista. Por un lado, el ateísmo soviético limitaba el culto religioso tanto entre musulmanes y cristianos. Por otro lado, el gobierno central soviético reescribió las historias de todas las naciones constituyentes de la Unión Soviética bajo un cuadro marxista de lucha entre clases, para así formar una identidad supranacional soviética. De este modo, las culturas uzbeka, tayika, azerbaiyana, armenia, georgia, kazaka, y tártara—para solo mencionar algunas—aportaban cada una a la diversidad nacional, cultural y étnica del imperio soviético. Las autoridades soviéticas cursaban una fina línea entre la definición nacional de sus repúblicas y la dominación de estas por el estado centralizado en Moscú. Mientras que en algunos momentos las autoridades centrales impulsaban sentimientos nacionalistas en sus repúblicas musulmanas, tal y como sucedió en Azerbaiyán durante la Segunda Guerra Mundial en un esfuerzo soviético de anexar las provincias iraníes de población azerbaiyana, las autoridades soviéticas también recurrían a castigar colectivamente otros pueblos que acusaban de “chovinismo,” tal y como sucedió con los tártaros de Crimea, deportados en su mayoría hacia Asia Central.

Sin embargo, este balance entre impulso nacionalista (en un proceso denominado “arraización”) y represión cultural (la denominada “rusifiación”) se rompió en la última década soviética, cuando la crisis económica y el estancamiento soviético se manifestaron en el creciente resentimiento de las repúblicas hacia el gobierno central. Los subsecuentes movimientos de movilización nacionalista llevaron a la caída del estado soviético y su fragmentación en 15 repúblicas independientes. Esto ha tenido dos impactos mayores sobre la Rusia de hoy en día. Por un lado, la movilización nacionalista anti-soviética no se limitó a las 15 repúblicas socialistas soviéticas, sino que también se expandió entre los sujetos federales de la República Rusa. Dos sujetos federales rusos, la República de Chechenia y la República de Tartaristán, declararon simultáneamente su independencia de Rusia, y aprovecharon del caos reinante para establecer sus propias relaciones diplomáticas en el extranjero como estados independientes. Por otro lado, millones de ciudadanos de las nuevas repúblicas independientes de Asia Central y el Cáucaso—las áreas mas pobres y con mayores conflictos armados en el espacio post-soviético—emigraron masivamente hacia Rusia, país al que consideraban que aún pertenecían. Así nacieron los retos de los movimientos secesionistas y de la inmigración que marcan fuertemente hoy en día el panorama de la nueva Rusia frente al Islam.

Por Marino Auffant, Miembro Local del CDRI