La nueva política exterior de Turquía en Oriente Medio

Sábado, 05 de Febrero de 2011 22:45 ANALISIS
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altEste artículo analiza la evolución de la política exterior turca, desde la fundación de la República de Turquía por Mustafa Kemal Ataturk en 1923 hasta la Guerra de Irak. El autor investiga las causas del reciente acercamiento de Turquía con sus países vecinos del Medio Oriente, estudiando primero el legado ideológico de Ataturk en la definición de la política extranjera turca, seguido por la manifestación de este legado en las alianzas turcas con Occidente que se fortalecieron durante la Guerra Fría. Finalmente, se enfoca en la decepción sufrida por Turquía en las últimas décadas en su relación con los Estados Unidos y Europa.

 

Introducción:

En su libro de 2001, La Profundidad Estratégica, Ahmet Davutoglu, Ministro de Relaciones Exteriores de Turquía y principal asesor de la política exterior, afirmó que, alejándose de sus lazos históricos con el Oriente Medio, Turquía perdió muchas oportunidades políticas y económicas.[1] La estrategia Davutoglu fue adoptada por el liberal-islámico Partido Justicia y Desarrollo (AKP), que tomó el poder en 2003. La nueva política de Turquía en Oriente Medio es a menudo llamada "neo-otomanismo."

Este "neo-otomanismo" es muy diferente de la política exterior del antiguo Imperio Otomano (1299-1922). "Neo-otomanismo" no implica aspiraciones de expansión territorial. Por el contrario, esta estrategia tiene dos objetivos principales. El primero es asegurar las fronteras actuales de Turquía a través del compromiso, la cooperación y las relaciones pacíficas con los vecinos de Turquía. El segundo es utilizar las buenas relaciones de Turquía en la región con el fin de aprovechar su importancia regional e internacional.

En otras fuentes, esta política se llama "el nuevo activismo de Turquía", indicando el cambio de Turquía, desde una política de no intervención y no injerencia hacia un programa activo establecido por el estado en el Oriente Medio.[2] De acuerdo con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, hablar de "neo-otomanismo" turco o la política de Asuntos Exteriores turca orientada al oriente es inexacta. Para él, Turquía presenta una política exterior "normal," "equilibrada" y "flexible" que apunta a "mirar en todas direcciones." Esta política, según él, hará que Turquía" sea un país que haga la agenda, no un país hecho por la orden del día."[3]

A pesar de su nombre, la nueva política exterior de Turquía es, sin duda más activa y asertiva. Esta política tiene un gran efecto sobre el Oriente Medio también. De hecho, en los últimos cinco años, Turquía se vió mucho más implicada en la política del Oriente Medio y en cuestiones de diplomacia, economía y seguridad. Para entender la creciente participación de Turquía en los aspectos de Oriente Medio es necesario aclarar que:
En este ensayo se investigan y analizan los orígenes y el progreso de la política de Turquía en Oriente Medio. Este análisis está dividido en varias partes. En la primera parte, el ensayo proporciona una información general sobre las relaciones de Turquía con los estados musulmanes del Medio Oriente durante los primeros días de la República. Más tarde, se pasa a examinar más a fondo las implicaciones de la era post-Guerra Fría y las dos guerras del Golfo Pérsico en la posición de Turquía en la región y sus relaciones con Occidente.

Este ensayo presenta un análisis deductivo de la nueva política de Turquía en Oriente Medio, en primer lugar, proporcionando al lector con la opinión dominante que el sistema político turco adoptó hacia el Oriente Medio desde la creación de la República. Entonces, se hace un examen de la posición de Turquía en el contexto de los principales acontecimientos mundiales y regionales. Al hacerlo, se trata de discernir lo que hizo que Turquía ejerciera una política activa en Oriente Medio.
 


Parte I: Las relaciones de Turquía con el Medio Oriente en los primeros días de la República

En los primeros tiempos de la República Turca (establecida en 1923) los intereses nacionales de Turquía se centraron en los conceptos de unidad nacional, la soberanía nacional, la consolidación y modernización. Cualquier idea de expansión territorial se descartó con el argumento de que el expansionismo podría conducir a la vulnerabilidad nacional y el restablecimiento de los valores de expansión otomana.[4] Uno de los objetivos políticos más importantes de Ataturk, el padre de la República de Turquía, fue el de fortalecer las instituciones nacionales de la República. El refrán de Ataturk, "paz en casa, paz en el exterior," fue una mayor línea de pensamiento centrado en el desarrollo interno. En consonancia con esa idea, Ataturk trató de evitar cualquier participación internacional que podría provocar tensiones y dificultar este objetivo.[5] El énfasis en los valores e instituciones nacionales tuvo dos consecuencias importantes. En primer lugar, poner los asuntos internos en la parte superior de la agenda política, dejando menos espacio para la política exterior. En segundo lugar, creó la política exterior caracterizada por la cautela, la moderación, la pasividad y la no participación.

Para Ataturk, el lugar de Turquía en el mundo debía estar entre las naciones occidentales. Ataturk argumentó que si Turquía quería progresar debía desconectarse de sus vínculos históricos, religiosos y culturales con Oriente Medio y avanzar hacia el oeste: "Occidente siempre ha tenido prejuicios contra los turcos", dijo, "pero los turcos tenemos siempre que movernos constantemente hacia el Oeste. Con el fin de ser una nación civilizada, no hay otra alternativa."[6] Esta opinión fue parte de la ruptura ideológica por parte de Turquía de su pasado islámico en general (simbolizado por la abolición del califato en 1924) y de los estados islámicos del Oriente Medio en particular.

En el transcurso del siglo XX, otras razones han contribuido a la ruptura de Turquía con el Oriente Medio. En primer lugar, debido a su inestable seguridad y sus entornos políticos, el Oriente Medio fue percibido como una esfera de riesgo y no de oportunidad para Turquía. En los primeros años de la República, la máxima prioridad de Turquía fue la consolidación de sus instituciones nacionales en lugar de dedicarse a la geopolítica de una región inestable. En segundo lugar, el foco inicial de Turquía estaba en los Balcanes y el Cáucaso y no en el Oriente Medio, porque muchos de los turcos otomanos administradores de élite tenían lazos fuertes en estas regiones.

Por último, Ataturk percibe el mundo árabe-musulmán como algo retrospectivo (con la excepción de la civilización persa). Ataturk prefirió a las ideas occidentales y no la ubicación geográfica. Esta percepción continuó hasta bien entrado el siglo XX y como FS Larrabee y I.O. Menores escribieron: "Cualquier sugerencia de que Turquía es un país de Oriente Medio en vez de un país occidental, sigue siendo recibida con sospecha." [7]
Por lo tanto, las élites turcas no percibieron los árabes en el Oriente Medio como socios naturales, sino que veían a Europa y los Estados Unidos como sus referencias favorables.

Desde la perspectiva de los estados árabes y musulmanes en el Oriente Medio es importante destacar que, para la mayoría de las partes, la actitud general con respecto a Turquía se ha caracterizado por profundas sospechas. Las raíces de esta sospecha se basan en el pasado otomano de Turquía como un imperio que se extendió desde la península árabe hasta el norte de África. Para muchos habitantes de la región, Turquía fue percibida como una potencia colonial. Además, el carácter nacional laico y moderno y las nociones pro-occidentales que fueron el núcleo de la república turca, entraron en conflicto con la fuerte presencia de la tradición y el islam en la región árabe y así aumentó la sospecha general.[8]

Por otra parte, la adhesión de Turquía a la OTAN, en momentos en que otros condados de la región (por ejemplo, Siria e Irak) estaban alineados con la Unión Soviética, también contribuyó a esta tensión. En un esfuerzo por reducir la alienación y la sospecha de sus vecinos, Turquía trató de persuadir al mundo árabe de que la alianza de Turquía con Occidente (es decir,la adhesión de Turquía a la OTAN) no significaba ninguna amenaza para la región. Según William Hale, Turquía había querido resaltar que "no se permitiría a sí misma actuar como policía de Estados Unidos en el Oriente Medio"[9] y que todas sus alianzas no conllevaban ambiciones violentas.

 


Parte II: El fin de la Guerra Fría, las guerras del Golfo y la decepción de Occidente

Tres acontecimientos importantes a inicios de las décadas de los 1990 y 2000 marcaron el fortalecimiento de Turquía y de su política de no-participación en el Oriente Medio: el primero fue el colapso de la Unión Soviética, seguido del final de la Guerra Fría; el segundo fue la primera Guerra del Golfo Pérsico en agosto de 1990; el tercero, fue la segunda Guerra del Golfo Pérsico en marzo de 2003. Un análisis de las consecuencias de estos eventos proporciona varias explicaciones de por qué Turquía surgió con una mayor independencia y una política exterior activa en Oriente Medio. Además, los resultados de estos eventos, y en particular de las dos guerras del Golfo Pérsico, son importantes para entender el proceso de Turquía de distanciamiento de Occidente y su aproximación gradual hacia el Este.


El fin de la Guerra Fría:

Históricamente, la mayor amenaza de Turquía era la Rusia zarista y luego soviética. Los dos países eran rivales tradicionales durante siglos, y entre 1677 y 1916 los imperios ruso y otomano libraron más de una docena de guerras.[10] En 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las reclamaciones Soviéticas en el Bósforo y el estrecho de los Dardanelos, así como los territorios en el este de Turquía, influenciaron en la política exterior de Turquía y condujeron al país a pensar en planes defensivos. Turquía se volvió hacia el oeste y trató de dar una imagen de seguridad ante la OTAN (Turquía se convirtió en miembro en 1952) y la Comunidad Europea.[11] Sin embargo, durante la Guerra Fría, Turquía presentó una política exterior cautelosa y trató de evitar conflictos, ya sea con la Unión Soviética o los aliados soviéticos regionales como Siria e Irak. El núcleo de la política exterior de Turquía después de 1945 se articuló claramente en 1968 por el Presidente turco Inonu: "Hay que abstenerse de hacer enemigos tanto como sea posible en nuestra política exterior... Debemos tener cuidado de no tomar ninguna medida precipitada, que podría dar lugar a incurrir en la enemistad de un gran estado."[12] Desde que la Unión Soviética fue identificada como principal peligro de Turquía, recibió mayor atención del gobierno turco, mientras que otras regiones recibieron un segundo plano. Esta preferencia también ha caracterizado la política exterior de Turquía hacia el Oriente Medio. Turquía mantuvo su política exterior de la no participación en el Oriente Medio y se caracterizó por la pasividad y la no injerencia en la política interna y los conflictos de la región.

Sin embargo, varios casos de cooperación regional fueron evidentes. En 1949, Turquía fue el único estado musulmán predominante a reconocer el nuevo estado de Israel. En 1955, el primer ministro Adnan Menderes (Líder del Partido Demócrata) firmó el Pacto de Bagdad (también conocido como la Organización del Tratado Central o CENTO). El Pacto de Bagdad fue un acuerdo de cooperación militar entre Turquía, Irak, Irán, Pakistán, Gran Bretaña y los Estados Unidos (como patrón). En 1960, el Pacto fue reconocido como un fracaso para Turquía, ya que provocó sentimientos anti-occidentales y alienó a Turquía de sus estados vecinos musulmanes. En la década de 1960, la presión pública, el creciente poder de los partidos islámicos en la política electoral, y el deseo de ganar la simpatía en el mundo árabe llevó a Turquía a mantener la posición pro-palestina en el conflicto palestino-israelí. Por último, la crisis petrolera de 1973-1974 obligó a Turquía a aumentar sus exportaciones de bienes y servicios a los estados árabes con el fin de satisfacer el auge de los precios del petróleo.[13]

En la década de 1990, debido al fin de la Guerra Fría, las crecientes críticas domésticas acerca de la pasividad de Turquía en la región aumentaron. Estas voces críticas se encontraban entre grupos de intereses políticos turcos, por ejemplo, entre los empresarios del sector privado. Aquellos que expresaron sus críticas más activamente hicieron hincapié en que la pasividad de Turquía trajo como consecuencia la pérdida de oportunidades en el mundo de los negocios económicos, y en sectores de seguridad. Además, muchos turcos ya no quería ser percibidos como "subcontratistas de América"[14] en la región. En otras palabras, querían ver una mayor independencia, una agenda internacional que se ajustara a los intereses de Turquía, en lugar de Turquía que formulara sus políticas de acuerdo a los intereses de Occidente. La presión de Turquía por el activismo político se acumuló. En 1990, el presidente Turgut Ozal (1989-1993), quien fue un gran defensor de la apertura internacional de Turquía durante su mandato como primer ministro (1983-1989) declaró: "Es imposible que Turquía siga con la política vacilante de esperar que otros decidan para tomar decisiones en primer lugar." Y en 1991 añadió: "Mi convicción es que Turquía debe salir de sus políticas anteriores pasivas y vacilantes y participar en la política exterior activa."[15] Turquía no quería perderse de las nuevas oportunidades del mundo post-Guerra Fría; el colapso de la Unión Soviética y la ruptura del sistema bilateral global ofrecía nuevas oportunidades. Turquía se vio entonces libre de la amenaza soviética y podía adaptar su política exterior a una región cambiada.

Sin embargo, las oportunidades también conllevaron a nuevas amenazas (por ejemplo el ascenso de Irán y la fragmentación del Líbano después del final de la guerra civil en 1990). Los estudiosos como F.S. Lara, I.O. Lesser y A. Makovsky sostienen que en el contexto de la política del Oriente Medio, Turquía se caracterizó aún por la cautela. El inestable Oriente Medio siguió siendo materia de riesgo y peligro para Turquía. Junto con las nuevas oportunidades que vinieron también llegaron nuevos problemas de seguridad, ya que estos ejercían una fuerte influencia sobre la política de Turquía hacia el Oriente Medio. Por lo tanto, en los años que siguieron a la Guerra Fría, la política exterior turca no se modificaba de forma activa, sino más bien como reacción a las cambiantes condiciones de seguridad de la post-Guerra Fría.[16]

Las guerras del Golfo Pérsico y la decepción de Occidente:

La primera Guerra del Golfo Pérsico (agosto 1990-febrero 1991) fue percibida por el gobierno turco como una oportunidad única para el país exhibir al Oeste su importancia estratégica y su lealtad. Turquía, encabezada por el presidente Turgut Ozal y el primer ministro Yildirim Akbulut, esperaba que su cooperación con Occidente en la guerra traería grandes beneficios. Además, se esperaba que Turquía pudiera desempeñar un papel central en la construcción de un Oriente Próximo más estable que serviría también para aumentar la seguridad turca.[17] A fin de mostrar su importancia para Occidente, Turquía fue un participante activo en la guerra. El país desplegó unos 100.000 soldados a la guerra, permitió a los aviones de la coalición utilizar las bases turcas, y cortó sus vínculos comerciales con Irak.[18] Poco después de que Irak se retirara de Kuwait, el presidente Ozal anunció con orgullo que "nuestro país... demostró al mundo ... que es un país en el que se puede confiar." Según A. Makovsky, el presidente turco "estaba convencido de que Turquía había logrado una nueva etapa en su desarrollo, que le permitía asumir una posición más fuerte en la región y el mundo."[19]

Al final de la guerra las expectativas turcas se mostraron erróneas. En lugar de ganancias, Turquía se enfrentaba a muchos problemas. En primer lugar, una ola de medio millón de refugiados kurdos en sus fronteras amenazó con convertirse en problema humanitario. Turquía temía por su seguridad interna y no estaba dispuesta a abrir sus fronteras. De este modo Turquía transfirió la responsabilidad por el problema humanitario a las Naciones Unidas y las potencias occidentales. En segundo lugar, el debilitamiento del régimen de Saddam Hussein y la creación de la zona de seguridad de exclusión aérea en el norte de Irak, evocó el nacionalismo kurdo y habilitó insurgencias kurdas a realizar operaciones de política, logística y militancia. Además, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se aprovechó de las armas disponibles al sudeste por parte de soldados iraquíes y poco después de que terminó la guerra renovaron su sangrienta campaña de terror.[20] Las pérdidas económicas, como resultado de la disminución del comercio con Irak, y la militancia renovada kurda no eran los resultados anhelados por Ankara.

En la segunda Guerra del Golfo Pérsico (también llamada la Guerra de Irak) en marzo de 2003, Turquía fue mucho menos activa. El nuevo liderazgo turco, encabezado por el AKP y el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, se opuso a la guerra. A pesar de no gustar de Saddam Hussein, el gobierno turco lo percibía como un factor estabilizador en la región contra las amenazas sectarias y los competidores regionales de Turquía como Irán. Además, un completo derrocamiento de Saddam ponía en peligro la seguridad de Turquía. Los temores más importantes de Turquía fueron que los problemas sectarios de Irak se volvieran violentos y pudieran convertir a Irak en un centro para el terrorismo regional. Turquía también temía por la ruptura del equilibrio de poder en la región que podía potencialmente aumentar el poder de Irán. Lo más importante, Turquía temía que la caída del régimen de Saddam permitiera al PKK más libertad para participar en las acciones de sus militantes. A raíz de la guerra todos las predicciones de Turquía resultaron correctas. Irak fue fracturada por el terror (que no le dolía especialmente a Turquía), Irán aumentó su importancia regional, y en 2004 el PKK tomó las armas de nuevo y renovó sus ataques contra el gobierno y los civiles de Turquía.[21]

Cuando Turquía solicitó la ayuda de los Estados Unidos contra la insurgencia kurda, los americanos, por sus propias razones, se negaron a actuar. En primer lugar, para el año 2003 el ejército norteamericano ya se encontraba en retirada (los EE.UU. invadieron Afganistán en octubre de 2001). En segundo lugar, el norte de Irak fue la región más estable en Irak después de la guerra y los EE.UU. no querían correr el riesgo de que la estabilidad se perdiera. En tercer lugar, los kurdos activamente respaldaron a los EE.UU. durante la guerra y los estadounidenses los percibieron como un eje central en la estabilización del país.[22] Una vez más, como en 1991, Turquía se quedó profundamente decepcionada y con grandes problemas en la región. En Turquía, los sentimientos anti-estadounidenses aumentaron y algunos incluso veían a los EE.UU. como seguidores del PKK. Por su parte, el gobierno turco estaba furioso por la doble moral estadounidense: Por un lado, los EE.UU. invadieron Afganistán e Irak para luchar contra el terrorismo. Por otro lado, cuando Turquía fue a pedir ayuda en la lucha contra el grupo terrorista regional,[23] que operaba en Irak y realizaba ataques contra un estado soberano, los estadounidenses se negaron.[24] Por lo tanto, los años posteriores a la Guerra del Golfo Pérsico fueron marcados por la culminación de los problemas de seguridad y la decepción de Turquía respecto a Occidente.

Turquía no ha sido decepcionada sólo por los estadounidenses y las consecuencias regionales de las guerras, sino también por la situación poco clara con respecto a su accesión a la Unión Europea (UE). Por lo tanto, Turquía se encuentra en una situación sin precedentes en la que se han deteriorado sus relaciones con la UE y los EE.UU. al mismo tiempo. Esta situación sin precedentes, junto con las nuevas amenazas regionales, han obligado a Turquía a distanciarse de Occidente y buscar alternativas adicionales en la región.

En ese sentido, FS Larrabbee hace hincapié en que las deterioradas relaciones con los EE.UU. y la UE "no significan que Turquía esté a punto de dar la espalda a Occidente." De hecho, Turquía ha iniciado el proceso de diversificación de su política exterior.[25] De esta manera, Turquía ha reducido sus expectativas y su dependencia de Occidente, buscando lugares adicionales para la cooperación. El comienzo de esta diversificación se inició por el abandono de la política de reacción en sus Relaciones Exteriores de la post-Guerra Fría y su sustitución por una política proactivo. Con esta estrategia Turquía espera establecer una agenda regional que le permita a reducir al mínimo sus amenazas y le ayude aprovechar al máximo sus oportunidades.

Por Alexander de la Rosa, Coordinador Regional del CDRI en el Medio Oriente
 

Fuentes:


[1] Schleifer, Y., The Ottoman Revival
[2] Makovsky A., The New Activism in Turkish Foreign Policy
[3] Diciembre 7, 2009 Primer Ministro Erdogan en su discurso en SAIS Washington

[4] Ataturk consideró la nacionalizacion como estrategia de Estado sin estar opuesto a las características del Imperio Otomano, exepto la expansión.
[5] Makovsky A., The New Activism in Turkish Foreign Policy
[6] Hale, W., Turkey, the Middle East and the Gulf Crisis, p.680
[7] Lesser, I. O., & Larrabee, F. S., Turkish Foreign Policy in an Age of Uncertainity, p.132
[8] Lesser, I. O., & Larrabee, F. S., Turkish Foreign Policy in an Age of Uncertainity, p.130
[9] Hale, W., Turkey, the Middle East and the Gulf Crisis, p.682

[10] Makovsky A., The New Activism in Turkish Foreign Policy
[11] Hale, W., Turkey, the Middle East and the Gulf Crisis, p.680
[12] Mufti M., Daring and Caution in Turkish Foreign Policy, p.45
[13] Sayari S.,Turkey and the Middle East in the 1990s, p.45
[14] Ethem Tokdemir, Director del Departamento de Medio Oriente y Africa. M., Daring and Caution in Turkish Foreign Policy, p.48
[15] Mufti M., Daring and Caution in Turkish Foreign Policy, p.48
[16] Lesser, I. O., & Larrabee, F. S., Turkish Foreign Policy in an Age of Uncertainity, p.127
[17] Hale, W., Turkey, the Middle East and the Gulf Crisis, p.687
[18] Este fue un momento significativo como cuando Iraq y Turkia habían tenido fructífera relaciones comerciales. Antes 1990, Iraq había suplido a Turquía de importante negociaciones de petróleo.
[19] Makovsky A., The New Activism in Turkish Foreign Policy
[20] Hale, W., Turkey, the Middle East and the Gulf Crisis, pp.687-689
[21] Larrabee, F. Turkey Rediscovers the Middle East, pp.2-7
[22] Larrabee, F. Turkey Rediscovers the Middle East, p.3
[23] The PKK formo parte de la listade Terror en el 2002
[24] Larrabee, F. Turkey Rediscovers the Middle East, p.3
[25] Larrabee, F. Turkey Rediscovers the Middle East, p.2