¿Qué cambiará en Italia con el gobierno de Monti?

Lunes, 05 de Diciembre de 2011 19:44 EUROPA
Imprimir

altEl fin de una era y la solución técnica

En los años de la “era Berlusconi” hemos vivido de todo y él lo ha protagonizado todo: el boom de la construcción en Milán, el crecimiento exponencial de los mensajes publicitarios subliminares, la entrada del marketing empresarial en la política, la salida de la política de la gestión de la cosa pública y la cosa pública que se vuelve “cosa nostra”. Los conflictos de intereses aumentaron y el país empezó a ser manejado como una de las tantas empresas Mediaset o como un equipo de fútbol. Entre lifting facial, tacos vertiginosos para las cumbres presidenciales y las fotos de grupo, las orgías de palacio y un matrimonio fallido, por no hablar de una interminable cadena de tropezones diplomáticos (solo para mencionar el último y más evidente, las relaciones con Gadafi), Berlusconi se cava su propia tumba.

La “política” italiana se transformó en un duelo entre “togas rojas” y el pobre Presidente del Consejo de Ministros, perseguido desde todos los lados del hemiciclo parlamentario. Su popularidad decae, sus aliados los abandonan y los movimientos sociales italianos retoman fuerza, mientras el centro-izquierda aún no logra canalizar la creciente insatisfacción y el enorme disgusto de los ciudadanos, hacia un proyecto país de verdad progresista, de verdad alternativo, de verdad humana y sostenible.

Es en este escenario que se concretiza la solución técnica. Mario Monti, economista Presidente de la Universidad Bocconi de Milán (sin duda la más elitista del país), lidera la transición y el parlamento italiano le garantiza su confianza. Monti integró la Comisión Europea ocupándose de mercado interno, servicios financieros e integración financiera, fiscalidad, competencia y unión aduanera; además de ser un académico altamente reconocido, es asesor de diferentes corporaciones internacionales como Goldman Sachs o Coca-Cola. Es claramente un perfil académico y técnico, como del resto los ministros que conforman su gabinete.

¿Qué es lo que comporta un gobierno de este tipo? Primero una tregua en la confrontación entre las dos principales fuerzas partidarias del país que, vista la situación nacional, europea y global, se vieron obligados a buscar un remedio alternativo.

Segundo, no menos importante, la posibilidad que los partidos ven de recapitalizar sus fuerzas electorales durante un gobierno que estará obligado a tomar medidas impopulares de las cuales, supuestamente, no serán los partidos los directos ejecutores. Las dos coaliciones esperan así pagar el menor precio político por la crisis actual. Un análisis de puro oportunismo.

Tercero, un corte definitivo con la gestión “creativa” de quien por fin nos ha dejado en paz. No solamente el primer ministro, sino también todos aquellos (¡y aquellas!) principiantes y politiqueros, soubrettes prestadas (mejor dicho compradas) a la política de los y de las cuales se contornaba el “utilizador final”. Esperemos que los aprendizajes del pasado reciente hayan sido asimilados de manera real y que nos ayuden a salirnos del pantano en el cual nos estábamos ahogando.

Cuarto, ideas aparentemente claras en economía: no que todo el mundo comparta su visión, pero por lo menos Monti tiene una visión. Cosa de la cual carecía Berlusconi. Desde su columna en el periódico más acreditado del país, Il Corriere della Sera, Mario Monti decía durante los meses de verano: «Es necesaria una profunda reorientación de la política italiana […] disciplina fiscal […] aumentar la productividad, la competitividad y el crecimiento; y reducir las desigualdades sociales ». Crecimiento y equidad social, dos palabras que ponen de acuerdo a todos los partidos. Pero, ¿estamos de verdad seguros que la variación positiva del PIB así como se calcula en todo el mundo pueda generar equidad social?

En el día de los trabajadores, Monti escribía: «El crecimiento sano y duradero se obtiene explicando a los ciudadanos y a los mercados la política económica que el gobierno quiere implementar, manteniéndola en el tiempo y haciéndola así creíble» . No hay duda que dedicarse a la política económica del país y no a su defensa personal de los “ataques” de la magistratura o de periodistas investigativos sea elemento central de una gestión de gobierno; pero, ¿de verdad el bienestar de los ciudadanos italianos, hoy en día, se puede garantizar por la política económica nacional? ¿Pueden, en esta coyuntura global, los italianos y más en general los europeos esperar de poder mantener los niveles de vida que han alcanzado en las últimas década sin que esto siga generando desigualdad a nivel tanto nacional como mundial y, dado que está muy de moda, calentamiento global?

Quinto, muchos analistas ya lo subrayan, comportará la implementación de aquellas políticas neoliberales y de derecha que Berlusconi siempre anunció pero que nunca llevó a cabo de verdad. Distraído quizás por las curvas de sus invitadas o de sus ministras. Por tanto, cierto grado de continuidad se mantiene también bajo este gobierno de técnicos; las manifestaciones estudiantiles y de trabajadores convocadas justo después de que los nuevos ministros asumieran el cargo, y la misma represión policial de siempre, lo demuestran.

¿Qué nos espera?

¿Realmente puede un gobierno técnico cambiar 17 años de “berlusconismo” en un año y medio y en la actual coyuntura global? ¿Aceptarán los italianos medidas impopulares (por ejemplo, elevar la edad de la pensión o aumentar la “flexibilidad” laboral) propuestas por un gobierno no electo aunque tenga el respaldo del Parlamento?

Desde su blog (el más leído en Italia y uno de los 10 blogs más leídos en el mundo), Beppe Grillo, cómico italiano y cara visible del “Movimiento 5 Estrellas”, habla de otro golpe de Estado haciendo referencia al libro “Técnica del golpe de Estado”, escrito en 1931 por el periodista y escritor Curzio Malaparte, y prohibido en varias naciones entre las cuales Italia y Alemania. Según Grillo, el libro se escribió para que gobiernos y ciudadanos puedan defenderse y tomar las justas medidas al aproximarse un posible golpe de Estado. El gobierno de Monti sería entonces un “golpe de Estado perfecto”, porque se desconoce; es un golpe de Estado durante el cual los ciudadanos exultan por algo que en realidad los priva de participación pública.

Mientras los aluviones dejan muertos tanto en el Norte (en Liguria 6 muertos) como en el Sur de Italia (en Sicilia 3), las excavadoras, los tractores y los camiones de hormigón no dejan de trabajar. Se construye y se asfalta hasta casi dentro de los ríos, y después nos preguntamos por qué el agua no filtra en los suelos, por qué los montes se desmoronan y se forman ríos de agua, barro, escombros y basura que recorren las ciudades, mientras ciudadanos atónitos ven como las olas se llevan sus autos y como los telediarios recorren al eufemismo del “calentamiento global” para enmascarar un sistema de producción y consumo insostenible que nos está llevando al fracaso… también global.

Mientras 42 mil edificios escolares aún esperan las necesarias obras de mantenimiento o reestructuración (358 millones de euros aprobados pero no desembolsados), el nuevo Ministerio de Defensa aprueba una “shopping list” de 500 millones de euros para un sector, el de los gastos militares, que en 2010 ha crecido un 8,4%; un 1,3% del PIB que significa el octavo lugar en el ranking mundial de gastos militares (2% del total de gastos militares de todos los países). Y estos gastos solo se refieren al ejército de tierra. Paralelamente, el presupuesto nacional para la cooperación internacional vuelve a bajar de manera preocupante: se pasará de un récord negativo en 2011 (179 millones de euros), a otro récord negativo para el 2012 (86 millones de euros).

Cuando Monti habla de “crecimiento con equidad”, ¿tendrá en cuenta estos datos? Parece difícil solo pensarlo. Cuando Monti negociará la futura privatización (y entonces venta/regalo a los grandes capitales franco-alemanes, los mismo que penetraron Grecia) de las grandes empresas estratégicas como Eni, Enel, Finmeccanica, Poste Italiane, Ferrovie dello Stato (de las cuales el Estado aún mantiene gran parte del paquete accionario y de las cuales se genera cada año endeudamiento público), ¿aún estará pensando en equidad? Parece difícil imaginarlo. Las negociaciones en Europa ya han comenzado e Italia parece lista a rendirse y entregarse. ¿Para salir de la crisis? ¿Para el bien común? ¿Para qué?

Hace por lo menos cinco o seis años yo afirmaba que no era América Latina que se estaba “europeizando”, sino Europa que se estaba “latinoamericanizando”. Aumento de las desigualdades, endeudamiento público, FMI y privatizaciones están ahí a la vista de todos. ¿Por qué no aprender de los países latinoamericanos entonces? Sobre todo Italia, que para mí siempre ha sido un pedazo de América Latina pegado a Europa.

Marco Coscione.-