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Terror en París ¿Principio del fin del Estado Islámico?

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Por Leonel Fernández

(Publicado en Listín Diario el 16-11-2015)

Hace unos días, el mundo fue estremecido frente al acto de barbarie que representó el ataque terrorista en París, centro internacional del conocimiento, el arte y la cultura.

El caos, la desesperación y el dolor se extendieron por todas partes. La ira y la impotencia se albergaban en los sentimientos de la mayoría.

Frente a ese drama dantesco, el presidente galo, François Hollande, declaró que la acción ejecutada por el denominado Estado Islámico en contra de su país, constituía un acto de guerra, por lo cual decretó el estado de emergencia, anunció el cierre de las fronteras, pidió refuerzos militares y manifestó que no habría piedad hacia el enemigo.

Más de 120 personas fueron muertas como consecuencia de los ataques terroristas realizados de manera simultánea en seis lugares de la capital de Francia, al tiempo que cerca de 300 heridos eran atendidos en distintos centros hospitalarios.

Era la segunda vez en lo que va de año que Francia había sido víctima del terrorismo jihadista. En efecto, en enero de este año, 2015, el semanario satírico Charlie Hebdo fue objeto de un ataque sorpresivo por parte de una rama de al-Qaeda, que ocasionó la muerte de 11 personas y dejó igual número de heridos.

Por otra parte, hace casi dos semanas, un avión comercial ruso estalló al poco tiempo de despegar en Egipto, al ser objeto de una agresión, de la que se hizo responsable el mismo grupo del Estado Islámico.

Más recientemente, en un suburbio de Beirut, Líbano, dos bombas suicidas pusieron fin a la vida de 43 personas e hiriendo a más de 200. Se trató del bombardeo más letal en la capital libanesa desde el fin de la guerra civil en ese país hace más de dos décadas.

El primero de la tormenta

Los voceros del grupo terrorista identificado como Estado Islámico, conocido también por sus siglas en árabe como Daesh, manifestaron que los recientes ataques perpetrados en París constituyen el primero de la tormenta, con lo cual hacen una amenaza directa de futuros ataques.

Aparentemente, la causa inmediata que ha motivado el ataque terrorista en Francia, se debe, presuntamente, a los recientes bombardeos que esa nación europea ha realizado en las áreas petroleras bajo control del Estado Islámico en Siria.

Esos bombardeos forman parte del acuerdo realizado entre Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido, Australia, Alemania, Canadá, Holanda, Arabia Saudita, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Egipto, Qatar y Bahréin, para frenar los avances del Estado Islámico en Irak y Siria, así como sus actividades terroristas, horroríficas, despiadadas, en distintas partes del mundo.

Esa coalición se formó cuando se llegó a comprender que la salida de las tropas norteamericanas en Irak, establecidas en ese lugar desde la ocupación del 2003 para derrocar a Sadam Hussein, crearía un vacío de poder.

En efecto, así había sucedido. El retiro de las tropas norteamericanas, anunciadas por el presidente Barack Obama, dio origen a que el grupo de al Qaeda, que había estado operando en la antigua Mesopotamia desde los inicios de la ocupación norteamericana, fuera ampliando su control territorial en la parte occidental de Irak y oriental de Siria.

Al-Qaeda, como se sabe, empezó a formarse a partir de 1979 durante la ocupación soviética en Afganistán. En aquella época, se afirma que hasta encontró apoyo de los Estados Unidos. Pero luego de la ocupación de Kuwait por parte de Irak y la presencia de tropas norteamericanas en Arabia Saudita, al-Qaeda y su líder, Osama Bin Laden, pasaron a ser adversarios irreconciliables de Estados Unidos.

La guerra civil en Siria, ocasionada como parte de la Primavera Árabe, se convirtió en un terreno fértil para que en adición a los grupos insurgentes que combatían el régimen de Bashar al-Assad, de igual manera, los integrantes del Estado Islámico, que originalmente provenían de al-Qaeda, incursionaran para ampliar su base territorial.

El objetivo estratégico del Estado Islámico es el de crear un Califato, como en efecto lo declaró en junio del 2014.

Ese Califato sería un Estado político-religioso, es decir, un Estado teocrático, que tendría autoridad sobre toda la comunidad musulmana del mundo, y que intentaría recuperar la gloria que en su época de oro tuvo el Islam en algún momento de la historia.

El Califato se creó a la muerte del profeta Mahoma en el año 632. Por consiguiente, el Califa, designado en la ciudad de Medina por un grupo de ancianos musulmanes, viene a ser, en realidad, el sucesor del profeta de la fe islámica.

El primer Califa fue Abu Bakr, quien era suegro del profeta Mahoma. Pero, desde 1924, con la caída del Imperio Otomano y la creación del Estado moderno de Turquía, la función o el cargo de Califa ha estado vacante.

Pero desde el año pasado, el líder del Estado Islámico se auto atribuyó esa función; y es así como ha pasado a ser identificado como Califa Abu Bakr, es decir, como el primer Califa, aunque tiene añadido el apellido de al-Baghdadi.

El vínculo entre al-Qaeda y el Estado Islámico se ha quebrantado. Con la muerte de Osama Bin Laden y de Abu Musah al-Zarqawi, el liderazgo de la lucha contra Occidente pasó a manos de Abu Bakr al-Baghdadi.

Al-Baghdadi y su grupo de seguidores dentro de la corriente sunita musulmana intenta imponerle al mundo el resurgimiento de un califato musulmán, opuesto a los valores y a las normas de vida del mundo occidental.

Por eso amenaza con la idea de que el reciente ataque terrorista a Francia no es más que el primero de una tormenta. Pero, de igual manera, de que están dispuestos a incurrir en cualquier tipo de acción de terror: a secuestrar, decapitar e incinerar seres humanos.

El principio del fin

El Estado Islámico, en realidad, aspira a ser la representación política de los musulmanes sunitas. De esa manera, está en lucha permanente en contra de los chiitas y de otros grupos musulmanes, que es lo que explica la coalición de países árabes musulmanes en oposición al Estado Islámico.

El Estado Islámico, desde el punto de vista político-militar, es el resultado directo de la ocupación norteamericana en Irak en el 2003, cuando empezó a actuar como una facción de al-Qaeda en ese país del Medio Oriente, y la guerra civil en Siria, iniciada en el 2011.

Como se sabe, la errónea ocupación norteamericana en Irak en el 2003, como la justificada en Afganistán, se debieron a la reacción contra los ataques terroristas de al-Qaeda y de Osama Bin Laden del 11 de septiembre del 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, D.C.

Luego de intensas luchas que sacaron a los Talibanes del poder en Afganistán y dispersaron los núcleos terroristas de al-Qaeda, el objetivo central del poder norteamericano consistió en la eliminación física de sus principales cabecillas, especialmente de Osama Bin Laden.

Así ocurrió. A pesar de toda la audacia, de toda la capacidad táctica y de movilización; así como de toda la red de contactos de que disponía, al final, la fuerza militar y el poder tecnológico de la nación más poderosa del mundo se impuso: Osama Bin Laden fue detectado y ejecutado.

Ahora, con el derribamiento del avión comercial ruso y de los ataques terroristas en el centro de París, el poder de las grandes potencias mundiales ha sido desafiado. De igual manera, la estabilidad de los países árabes no partidarios del Estado Islámico, puesta en riesgo.

Los límites han sido desbordados. La línea de demarcación, sobrepasada. La paciencia, puesta a prueba.

Eso, obviamente, tendrá una respuesta. Todo indica que será el principio del fin del Estado Islámico. Que al igual que lo ocurrido con al-Qaeda, no habrá tregua.

Ya lo anunció el presidente francés, FranÁois Hollande. Sencillamente, aun dentro del marco del Estado de Derecho, Francia, conjuntamente con sus aliados, miembros de la coalición, intensificará sus operaciones militares, dentro y fuera de su territorio.

A partir de ahora, como reacción natural a los ataques de que ha sido víctima, Francia no escatimará esfuerzos y enfrentará a sus adversarios, de manera implacable, por aire, mar y tierra.

La Marsellesa inspirará a sus soldados. El Arco de Triunfo y la Torre Eiffel serán nuevamente símbolos de su pasado glorioso.

El mundo estará con Francia, defendiendo los valores de la civilización frente a la barbarie y el terror.

El ataque a la ciudad de las luces nunca será olvidado.

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