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Nuevas tendencias en las protestas populares

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Foto cnnespanol.cnn.com

Por Leonel Fernández

(Publicado en Listin Diario el 2-08-2013)

Frustrado por no haber obtenido empleo, a pesar de ser un egresado universitario; hastiado de las humillaciones recibidas por las autoridades policiales que le impedían instalarse hasta como simple buhonero en las calles de su ciudad; e impotente ante el menosprecio a sus reclamos de justicia social, Mohammed Bouazizi, una persona enteramente desconocida hasta ese momento, decidió, en diciembre del 2010, echarse gasolina, prenderse fuego y convertirse en llama humana.

Eso ocurrió en Túnez, en el Norte de África, provocando en lo inmediato, fruto de la ira popular, la caída del gobierno de Ben Ali; y posteriormente, dando origen a lo que ha sido bautizado como la Primavera Árabe, la cual, además de haber barrido con los gobiernos de Libia y Egipto, ha suscitado serias perturbaciones políticas y protestas populares en Siria, Yemen, Bahrain, Irak, Jordania y Marruecos.

En cada uno de los casos mencionados, hay un patrón común. Se trata de reacciones populares en contra de lo que se percibe como regímenes autoritarios, los cuales limitan las libertades, restringen la participación ciudadana y violan los derechos humanos.

La Primavera Árabe, por consiguiente, se convirtió, a partir del hecho simbólico de la inmolación de Mohammed Bouazizi, en un movimiento político que procuraba el cambio de régimen, de uno de tipo autoritario o dictatorial, a otro de naturaleza democrática.

Protestas tradicionales
Hoy se sostiene que la Primavera Árabe se ha convertido, más bien, en un Invierno Islámico, por el predominio de las fuerzas islamistas en varios de los países sometidos a presión, así como por la tragedia que actualmente vive Egipto, el destrozo en que se ha convertido Libia y la inestabilidad crónica que aún prevalece en Túnez.

Pero, en todo caso, lo que se quiere dejar establecido es que las protestas desatadas en varios países árabes desde el 2010 tenían una clara orientación. Eran expresiones de un movimiento político que rechazaba la estructura económi ca, social y política de un orden establecido y aspiraba a sustituirlo por un sistema democrático liberal, al estilo occidental.

Algo parecido ha ocurrido con otros movimientos de protesta que han tenido lugar en varios países de Europa y América Latina, que podrían ser considerados como de carácter tradicional.

Por ejemplo, en Europa, como consecuencia de la crisis financiera y económica global, iniciada a partir del 2008, distintos países, entre los cuales habría que destacar los casos de Grecia, España, Francia, Italia y Portugal, han tomado fuertes medidas de austeridad que han afectado, de manera muy sensible, las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Como reacción a esas medidas, que han deteriorado las condiciones de empleo, vivienda, salud, educación y bienestar de la población, es lógico que se hayan producido oleadas de protestas populares, y que haya habido una reconfiguración del mapa electoral en el Viejo Continente, como testimonio del anhelo de que se apliquen otras disposiciones, más en consonancia con las necesidades y aspiraciones de la gente.

En América Latina también abundan las protestas populares en reclamo de realización de obras de infraestructuras, protección del medio ambiente, demandas salariales, reivindicaciones sectoriales y promoción de derechos de los indígenas, todas las cuales podrían catalogarse dentro de las de carácter tradicional que hemos conocido en la región.

El mayor desafío que estas protestas generalmente presentan al sistema político es el relativo al mantenimiento de la estabilidad política y de la gobernabilidad democrática, que suele obtenerse mediante la aplicación de una política de diálogo permanente y construcción de consensos con los grupos disidentes.

Nuevas tendencias
Sin embargo, las recientes protestas populares en lugares como Brasil, Turquía e Indonesia, para sólo citar esos casos, revelan que se está en presencia de una nueva tendencia, sin precedentes, en la realización de las protestas populares, las cuales, tal vez, podrían ser consideradas como protestas atípicas.

En esos tres casos, las protestas se iniciaron por hechos de escasa trascendencia. En Brasil, por el alza de la tarifa del transporte público. En Turquía, por el intento de construcción de un puente donde había un área verde; y en Indonesia, por el alza del pago de la electricidad.

Desde el año 2000 a la actualidad, Brasil ha vivido el mejor y más brillante período de su historia, en términos de crecimien to económico, prosperidad, modernización, reducción de pobreza y liderazgo político regional e internacional.

Como consecuencia de ese proceso de avance y desarrollo, forma parte de un exclusivo grupo de países de economías emergentes, conocidos como BRICS ( Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); del G-20, en el que participan las principales potencias económicas, políticas y militares del mundo; y se ha considerado que en una eventual reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se le incluya como miembro permanente.

Sus últimos tres presidentes, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Ignacio, Lula, da Silva, y la actual, Dilma Rousseff, son considerados líderes carismáticos, inteligentes, de gran arrastre popular y de notable prestigio mundial.

Por lo tanto, resultó inesperado, y hasta cierto punto, desconcertante, el movimiento de protestas populares que se desencadenó en esa gran nación sudamericana, desde mediados del mes de junio.

Lo que resulta novedoso de esa ola de protestas que ha tenido lugar en Brasil, es que no se trata de una acción de los pobres, de los excluidos de las favelas, sino, más bien, de los jóvenes de clase media urbana, esto es, de los más favorecidos por las políticas sociales de los últimos tres gobiernos.

Pero, en adición, no se trata, tampoco, de un movimiento originado por los partidos políticos de oposición, por los sindicatos o grupos de presión, sino, por el contrario, de un movimiento que ha contado con poca organización, carece de un liderazgo específico, se expande rápidamente, en forma viral, y tiene capacidad para convocar y movilizar.

Promotores de las protestas
Entre las demandas planteadas por los jóvenes promotores de las protestas estaba el de exigir mayor atención a la educación, la salud y los servicios públicos, en general, así como mayor transparencia a las instituciones políticas.

Todo eso ha conducido a algunos analistas a considerar que en la raíz de las protestas en Brasil, así como en Turquía o Indonesia, lo que se revela es una crisis de la política, que se traduce en una desconfianza de los partidos políticos, de los líderes y de las instituciones.

No compartimos ese criterio. Al revés, consideramos que lo que esos movimientos de protesta ponen de manifiesto es una nueva dinámica de participación política, y un desafío a las formas convencionales de participación en el sistema político, en la que hay una clase media emergente, surgida precisamente del éxito de las políticas económicas y sociales aplicadas durante la última década, la cual, influida por lo que se ha dado en conocer como la “Revolución de las expectativas crecientes”, ya no se conforma con las conquistas obtenidas.

Obviamente, un componente esencial de las nuevas tendencias en las protestas populares tiene mucho que ver con el uso de las tecnologías de la comunicación, muy especialmente el Internet y las redes sociales.

En el año 2000, en el Brasil sólo el 3 por ciento de la población tenía acceso a Internet. En la actualidad, esa cifra alcanza el 45 por ciento.

Más aún, con una población por encima de 192 millones de habitantes, Brasil ocupa actualmente el cuarto lugar en el mundo, luego de China, India y Estados Unidos, en tener la mayor cantidad de teléfonos móviles.

En estos momentos, los brasileños disponen de más de 265 millones de teléfonos móviles o celulares, con lo cual quiere decirse que en Brasil hay más teléfonos que personas, y que, por consiguiente, para los fines de comunicación por las redes sociales, esto es, twitter y facebook, entre otras, es uno de los mejor conectados del planeta.

El crecimiento económico, la modernización, el desarrollo urbano, la transformación social y la expansión de la clase media no ha sido en América Latina, durante los últimos años, un fenómeno exclusivo de Brasil. También ha abarcado a diversos otros países de la región, incluyendo la República Dominicana. Luego, habría que reflexionar si en las protestas de nueva tendencia hay elementos coyunturales específicos de Brasil, que explican ese fenómeno, o si, por el contrario, ese será un desafío ineludible de los países de la región, fruto, paradójicamente, del progreso y la prosperidad. 

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