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Las Posibilidades de Egipto para una Transición Democrática Exitosa

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altCuando los jóvenes activistas organizaron las protestas en la plaza Tahrir durante el Día Nacional de la Policía, 25 de enero del 2011, la situación había escalado más alto de lo esperado. Las décadas de medidas represivas, corrupción, carencia de libertad de expresión, alto desempleo de la juventud, y mal manejo de distribución de recursos, fueron el origen de las manifestaciones. Para el primero de febrero, cientos de miles estaban unidos en la demanda del retiro de Hosni Mubarak. La policía fue llamada para intervenir en las manifestaciones, las cuales se tornaron en un levantamiento violento. Sin embargo para mediados de febrero, después de semanas de protestas y pérdida del apoyo de los militares, Hosni Mubarak renunció. Del mismo ejército que había ayudado a los manifestantes a derrocar el largo régimen de Mubarak surgió el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. El CSFA tomó el mando con el objetivo de mantener el orden hasta que las elecciones se desarrollasen y una nueva constitución fuese confeccionada.

Las elecciones parlamentarias han sido siempre llevadas a cabo en Egipto a pesar de la existencia de un régimen autoritario; de hecho dicho proceso electoral fue siempre beneficioso para el régimen, dando un aspecto de legitimidad al mundo exterior. Tal compromiso facilitaba el conflicto de distribución de recursos y permitía a los partidarios invertir en las instituciones autoritarias. La sucesión política ha sido un problema recurrente en el cual la Hermandad Musulmana ha tenido una influencia determinante. A través de elecciones anteriores han tenido la oportunidad de establecerse como el grupo de oposición más viable en el país.

Las elecciones egipcias fueron finalmente llevadas a cabo y para el 18 de junio del 2012, Mohamed Morsi, el candidato de la Hermandad Musulmana, había derrotado al candidato militar Ahmed Shafik con más del 51 % de votos. Sin embargo, desde que el líder fue elegido ha permanecido la interrogante de si los militares y los antiguos jueces del gobierno de Mubarak están realmente dispuestos a entregar el control completo a su oponente islamista. El CSFA ha expresado que no otorgara poderes en cuanto a confección de leyes y decisiones de presupuesto hasta que el nuevo gobierno fuese elegido y una nueva constitución fuese propiamente confeccionada.

Debe ser tomado en cuenta que ninguna democracia perfecta puede surgir automáticamente, en especial luego de un régimen tan largo e intrincado como lo fue el de Mubarak. El crecimiento económico antes de la revolución fue significativo, ayudado por la diversidad de mercados (industria manufacturera, minería, turismo y agricultura). Sin embargo, la economía ha sido fuertemente afecta por la revolución y requiere de atención inmediata. El nuevo gobierno de Morsi requerirá una serie de reformas que garanticen la disminución de corrupción en el sector público, el incremento de inversión extranjera, y reestructuración de tratados comerciales.

Los problemas principales en cuanto a la transición democrática han sido determinados por el papel las fuerzas islamistas y las fuerzas militares. El CSFA, a pesar de tener un inicial apoyo popular debido a su imparcialidad durante el levantamiento en Tahrir, ha perdido gran apoyo. El cambio de Mubarak a un régimen militar provisional trajo consigo preocupaciones válidas para partidos de oposición y el resto de los ciudadanos. No estaba claro como el CSFA tomaba decisiones, y las medidas represivas todavía estaban siendo usadas.

La Hermandad Musulmana promocionaba reformas, cambio pacífico, y participación política. A pesar de que los militares y los laicistas seguirán usando el argumento en cuanto a los riesgos de una agenda islámica, la Hermandad Musulmana ha convencido a la mayoría egipcia de ser la alternativa más viable debido a sus habilidades de organización interna funcional, y poder de estabilizar a través de políticas islámicas moderadas.

Es a la vez comprensible que las minorías egipcias, como los Cristianos, tiendan a rechazar un régimen gobernado por Islamistas que muchos consideran impondrían agenda extremista. Uno de los desafíos de post-transición que enfrenta Egipto es la demanda de las minorías religiosas de que los acontecimientos injustos que se cometieron en el antiguo gobierno sean correctamente tratados, tales como sobornos públicos, restricciones religiosas y códigos que castigan la conversión del Islam al Cristianismo.

La fragilidad de la situación podría causar la fuerte crítica de cualquier medida ligeramente polémica. Aunque la Primavera Árabe sea un cambio dramático para dinámica internacional, esto no necesariamente significa que habrá un cambio positivo en cuanto al conflicto palestino-israelí. Con la victoria de la Hermandad Musulmana surge una amenaza para los tratados de paz con Israel. Teniendo en cuenta las relaciones egipcias-israelíes, es incierto si los acuerdos de paz entre ambas naciones serán dejados alterados a pesar de que Morsi ha expresado intenciones de honrar el acuerdo de 1979 con Israel.

Mientras tanto, las presiones para la total restauración de poderes presidenciales son constantes, y Morsi ha prometido representar todas las minorías mientras refuerza la unidad nacional. Las tensiones que han surgido con los resultados electorales determinarán la lucha de intereses entre los grupos egipcios. La esperanza regional e internacional sugiere que el nuevo gobierno electo tiene la capacidad de dirigir eficientemente los desafíos políticos, culturales, y económicos a fin de garantizar la estabilidad que demanda el pueblo egipcio.


Por Vanna Camille Cury
Colaboradora del CDRI.- 

 

Fotografía: digitalgroup.info

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