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Elecciones en Egipto ¿Hacia dónde va la revolución del 25 enero?

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altLa conclusión de las elecciones para los 498 escaños de la Asamblea General (Cámara Baja) del Parlamento egipcio otorga un total de 62% de los votos a los partidos islamistas, en particular al “Partido Libertad y Justicia” de los Hermanos Musulmanes (41%), al partido “Al Nour” de tendencia salafista (21%), y el resto se divide entre diversos partidos conservadores aliados a los Hermanos Musulmanes, en partidos minoritarios de izquierda, y entre la alianza de partidos liberales nacidos en la post revolución.

Los resultados han revelado pocas sorpresas. No obstante, aunque se daba por hecho el triunfo de los Hermanos Musulmanes, la llegada a la escena del partido salafista “Al Nour” ha generado alarma no solo entre los sectores liberales y la minoría copta, sino también entre los propios Hermanos Musulmanes que hasta ahora se habían apropiado del monopolio del Islam político.

Aún más sorprendente es que los clérigos salafistas, hasta el pasado 25 de enero, tachaban la democracia como una forma de apostasía y, en consecuencia, rehusaban concurrir a las elecciones. Los salafistas promueven una lectura literal de los textos sagrados, la plena instauración de la sharía, el restablecimiento del califato y la estricta separación de sexos. (Cabe destacar que este grupo también cuenta con una red de apoyo financiero importante proveniente de los estados del Golfo, en particular de Arabia Saudita, preocupada por el avance de las revoluciones árabes y las consecuencias que puedan recaer sobre su propia monarquía).

Los islamistas llevan décadas detentando la hegemonía social y cultural de Egipto y por eso no debe causar asombro los resultados de una reciente encuesta en la cual 82% de los egipcios es favorable a considerar el adulterio como un crimen, y el 90% considera que la política debe estar regida por los preceptos del Islam.

Todo esto parece incompatible con la imagen de la revolución tecnológica y democratizadora que se proyecta desde el Occidente. Por eso, ya se discute abiertamente si, en definitiva, la primavera árabe no habrá derribado los diques de contención del fundamentalismo islámico.

Es por esto que se hace difícil hablar de una victoria para la democracia en estos momentos ya que el único cambio sustancial y palpable de la transición ha sido la entrada legal de la Hermandad Musulmana en la vida política.

Los Hermanos Musulmanes sin duda serán la fuerza principal del próximo parlamento egipcio, y el hecho de que las elecciones parlamentarias se realicen antes de las elecciones presidenciales facilitará que la elección del nuevo jefe de estado también dependa, en parte, de su creciente influencia. Al mismo tiempo, esto promete una vida partidista activa y un parlamentario más democrático, ya que los centros de poder se distancian de su centro histórico, el poder ejecutivo. En el mismo sentido, la apertura de la contienda electoral será beneficioso para las ideas liberales auque estas no logren su supremacía – es decir la libertad de elección no implica que los votantes serán liberales.

Tomando en cuenta este escenario, surge la interrogante ¿Ha realmente ocurrido una revolución en Egipto?, o más bien estamos frente a una nueva reconfiguración de dos fuerzas conservadoras – de un lado el ejercito, del otro los Hermanos Musulmanes – lo que permite estabilizar la situación a favor de una nueva elite gobernante y a conservar los fundamentos de un régimen autoritario que ha sobrevivido a pesar de la caída de Hosni Mubarak.

Es importante tener en cuenta que la presencia de los manifestantes en la plaza Tahrir condujo a la salida de Hosni Mubarak, no necesariamente porque los manifestantes se lanzaron a las calles, sino porque los militares lo permitieron, y prefirieron el golpe de Estado a la represión. Este hecho no debe calificar al ejército como una fuerza revolucionaria, y mucho menos indicar que la revolución ha triunfado. Simplemente fue la manera más efectiva para inducir un fenómeno de solidaridad en torno a las verdaderas ambiciones de los militares: la protección de sus intereses. Cabe destacar que la mayoría de las empresas públicas en Egipto están dirigidas por militares, incluyendo el Canal de Suez, la principal fuente de recursos del país. Igualmente, el presupuesto anual de Defensa, los salarios, y el patrimonio de los militares no están sujetos a supervisión del Estado.

Es importante no caer en el error de vaticinar un gobierno egipcio al estilo del “modelo turco”, pues el ejército egipcio no es laico. Desde sus orígenes y hasta la reafirmación en los últimos años de la sharia como "principal fuente de legislación", el mando militar siempre ha mostrado su orientación islamista. Como confirma la analista Cynthia Farahat en su análisis para el Middle East Quarterly, su rivalidad "debe entenderse no como una lucha entre dos dictaduras, una autocrática y secular y otra de carácter religioso y conservador, sino como una lucha entre dos grupos rivales ideológicamente similares, si no idénticos, y con raíces e intereses comunes. "

Si algo es cierto es que la revolución de Tahrir eligió la libertad y la democracia multipartidista, y pese a que al inicio se mantuvo una actitud ambigua en las movilizaciones, los partidos islamistas quienes llegaron tarde a la escena revolucionaria han sido sus principales beneficiarios. Y aunque los Hermanos Musulmanes hayan aceptado formalmente las reglas del juego político, por el momento, en el futuro tendrán que esforzarse por demostrar que son capaces de conciliar el Islam y la democracia.

Pero la tarea más urgente e imperante a la fecha para el nuevo gobierno, es la de convivir con una Junta Militar poco inclinada a ceder el poder a un gobierno civil y, mucho menos, a uno controlado por los islamistas. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, dirigido por el mariscal Tantawi, tratará de evitar que el poder islamista se extienda más allá del Parlamento, para lo que empleará todos los privilegios constitucionales que todavía conserva el Ejercito – y los cuales Tantawi tratará de consagrar en la nueva constitución bajo el lema de “principios supra-constitucionales”.

Lo único cierto tras la revolución del 25 enero es que la contienda entre los islamistas y los militares apenas ha comenzado.

María Gabriela Bonetti
Miembro del CDRI

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