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Crisis en Egipto: de la primavera al invierno árabe

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altLa caída del régimen de Hosni Mubarak en Febrero pasado, significo un triunfo para el pueblo egipcio, que exigía el final de un periodo de represión, desapariciones, asesinatos y una distribución inequitativa de las riquezas.

Con ello se esperaba el ansiado inicio de una nueva página en la historia del país africano.

Se estableció una Junta Militar provisional, dirigida por Mohamed Hussein Tantawi, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto. Esa Junta especial tiene como principales propósitos mantener la estabilidad nacional hasta tanto se celebren las elecciones legislativas, que han sido pautadas para el 28 de Noviembre y se redacte una nueva constitución nacional.

No obstante, los hechos demuestran una realidad que se dirige hacia otra dirección. La Junta Militar ha expresado su intención de contar con un veto especial contra el contenido del futuro texto constitucional, lo que garantizaría la inmunidad de sus intereses y una amplia flexibilidad de acción.

También se une el hecho de que varios integrantes de los partidos políticos que desean participar en los futuros comicios fueron parte del gabinete de gobierno de Mubarak.

Ante semejantes intenciones, los actores sociales se han revelado. Hablamos de los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y sobretodo en la base popular; aquella que generó la caída del ex presidente Mubarak.

El epicentro de la revolución vuelve hacer la emblemática Plaza Tahrir, ubicada en el corazón mismo de El Cairo, capital de Egipto.

Allí, cientos de manifestantes vuelven a instalar tiendas de campaña y desde tempranas horas del día realizan todo tipo de acciones de proclama contra el gobierno transitorio.

Pero en esta ocasión hay un importante elemento distintivo. Se enfrentan a un gobierno transitorio de corte militar, que no escatima el uso de la fuerza para reprimir e intentar disuadir a los cientos de miles de manifestantes.

Desde el inicio de las manifestaciones el pasado viernes, se suman más de 30 muertes y cerca de 2,000 heridos, en lo que muchos califican como un atroz baño de sangre.

Se presume que detrás de los actos en Plaza Tahrir se encuentra como motor ideológico el grupo conocido como “Los Hermanos Musulmanes”. Se trata de una antigua cofradía egipcia de tipo sociopolítico, que promueve la instauración de un gobierno musulmán estricto que se rija por la Sharia o ley islámica, y que consiga su independencia de la influencia de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.).

Los Hermanos Musulmanes tienen el apoyo de más de 1 millón de simpatizantes y han sido el principal grupo de la oposición. Además, cuentan con un considerable poder político y social.

Si bien la agrupación podría estar sumada a las luchas populares, no puede asignársele la autoría o canalización de las mismas. En todo caso, debe vérseles como un número mas que se une a los cientos de miles de manifestantes, que en conjunto, conforman el firme motor que marcha en la búsqueda de esbozar su propio futuro.

Por el momento, la actitud de los principales actores internacionales sobre la crisis egipcia es vaga e indiferente. Muy lamentablemente, todo indica que estos tienen mayor interés en la situación que se desarrolla en Siria y el caso particular de Irán.

Particularmente, consideramos viable la propuesta sugerida por Mohamed el-Baradei, ex director del Organismo de Energía Atómica (IAEA), de crear un “gabinete de rescate”, que sustituya a la Junta Militar y este integrado por individuos seleccionados por las principales fuerzas políticas.

Claro esta, el principal obstáculo para ello es que la Junta Militar admita que ha perdido el control de la situación y se resigne a ceder su actual posición de poder. Esto costara más represión y sangre.


Por Aníbal Mauricio Paz

CDRI.-