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Murió Osama Bin Laden y ¿ahora qué?

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altEl mundo está conmovido y Norteamérica está de fiesta: finalmente el nombre más conocido, odiado por unos y admirado por otros, ha muerto. Osama  Bin Laden se convirtió en el némesis del pueblo norteamericano, el símbolo más icónico de la guerra contra el terror de los Estados Unidos y aliados: una figura de culto en el mundo del terrorismo. Bin Laden llegó al nivel de enemigo número uno para la existencia de los Estados Unidos, una categoría ocupada por unos pocos personajes de la historia y su captura fue el elemento central de la lucha contra el terrorismo y el extremismo global.

Bin Laden fue una figura conocida por occidente en los años ochenta por su fuerte colaboración con los mujhadeen, la guerrilla Talibán financiada por Estados Unidos que luchó contra la invasión soviética de Afganistán de 1979 (aunque la importancia de su intervención en la lucha contra los soviéticos es cuestionada). Durante los años ochenta en Afganistán, Bin Laden fue elevado a la categoría de héroe por los talibanes debido a su ferviente lucha contra la superpotencia soviética y paradójicamente una década más tarde su lucha sería de nuevo contra otra superpotencia, los Estados Unidos.Desde antes de los atentados del 11 de septiembre, ya Bin Laden se había convertido en una de las caras más conocidas del terrorismo: no olvidemos los dos atentados a embajadas norteamericanas en África de 1998 y el ataque al destructor norteamericano USS Cole en el año 2000 que catapultaron su nombre a la fama. Fueron sin embargo los tristemente memorables ataques del 11 de septiembre los que marcaron un antes y un después en la politización, sofisticación y efectividad del terrorismo ideológico de Al Qaeda.

¿Qué pasó con Osama Bin Laden?

El presidente de los Estados Unidos, luego de una rápida filtración a la prensa, confirmó la muerte del famoso terrorista en un complejo muy seguro en la ciudad Pakistani de Abbottabad, a 60 kilómetros de la capital Islamabad el pasado primero de Mayo. Según lo declarado por Obama, una fuerte operación de inteligencia al mensajero personal de Bin Laden, los llevó hasta la mencionada ciudad y a un complejo tan seguro y discreto, que se infirió debía proteger a alguien importante (el complejo no tenía teléfono e internet y la basura era incinerada). Dado que la cooperación entre los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI) y norteamericanos es tensa y está plagada de una mutua desconfianza, la operación se realizó sin informar a la ISI (es muy cuestionable que Bin Laden residiera en Abbottabad, una ciudad conocida por albergar al ejército Pakistaní y no en las desoladas zonas montañosas del norte de Pakistán).

Una relación aún más tensa

Pakistán es uno de los aliados más importantes (e inestables) de los Estados Unidos en su campaña de lucha contra el terror. Su relación con los Estados Unidos se definió en torno a su programa nuclear, la necesidad de recibir apoyo económico/militar para mantener la seguridad regional y una sociedad musulmana muy conservadora que ve a Estados Unidos como un ‘mal necesario’: ideológicamente enfrentado con los valores del islam y económicamente fundamental en el funcionamiento del Estado Pakistaní.

Uno de los encuentros más significativos entre los intereses de Pakistán y los Estados Unidos se dio en 1979 con la mencionada invasión soviética de Afganistán: Pakistán (y sus servicios de inteligencia), como miembro de la OTAN,  y actor históricamente ligado a Kabul, jugó un papel fundamental en el apoyo norteamericano a las guerrillas del Talibán que expulsaron a los soviéticos. En el 2001 luego de los atentados del 11 de septiembre, Pakistán se convirtió en el aliado clave de los Estados Unidos para sus operaciones en Afganistán. Desde ese entonces, Pakistán ha recibido de los Estados Unidos la astronómica suma de 28,600 millones de dólares por concepto de apoyo a operaciones de contrainsurgencia, asistencia económica para el desarrollo y asistencia militar.

No obstante, Estados Unidos sigue siendo muy impopular en la sociedad Pakistaní. La campaña norteamericana de bombardeos con vehículos no tripulados en contra de Al-Qaeda y el Talibán, así como la supuesta impunidad con la que operan los contratistas y agentes de los Estados Unidos en Pakistán, han contribuido a complicar aún más la relación. Sumado a ello, siempre ha existido suspicacia norteamericana en torno al funcionamiento de los servicios de Inteligencia Pakistaníes por su alegada cooperación  nuclear con Corea del Norte e Irán y por la presencia de Al Qaeda y un creciente número de militantes del Talibánen territorio Pakistaní que se presume operan bajo la mirada indiferente de la ISI.  La ejecución de Bin Laden en una ciudad tan fuertemente vinculada a las fuerzas castrenses Pakistaníes abre un nuevo capítulo de tensión con los Estados Unidos. De hecho, a unos pocos días de la muerte de Bin Laden, el nombre del director de operaciones de la CIA en Islamabad fue filtrado a la prensa Pakistaní, en un hecho visto como un aumento en el nivel de tensión entre ambos países.

¿Es este el fin de la lucha contra el terror y Al Qaeda?

Muchos correctamente afirman que uno de los grandes perdedores en la actual primavera del mundo árabe es Al Qaeda: el carácter pacífico de las protestas que han derrocado dos regímenes ha restado mucha legitimidad a la violencia como vehículo para el cambio político en el mundo árabe. No obstante en el oscuro cosmos del terrorismo, las células de Al Qaeda siguen activas y su figura sigue inspirando un cada vez menor grupo de extremistas. La intensa búsqueda de Bin Laden, convirtió al fenecido en una figura tan aislada que adquirió un valor más simbólico que operativo para la organización por lo que su muerte no es el fin del terrorismo, sino simplemente un fuerte golpe.

Al Qaeda no es una organización con una cadena de mando piramidal: las líneas jerárquicas son más horizontales que verticales. Es debido a esta flexibilidad operativa que el mando central Al Qaeda y sus ramas más importantes (AQAP – Al Qaeda en la Península Arábica y AQUIM – Al Qaeda en el Magreb Islámico) han podido relacionarse de manera constante. De hecho la gran presión ejercida por occidente en el comando central de la organización, hizo que ella delegare una parte importante de sus operaciones contra los Estados Unidos a las ramas mencionadas anteriormente que operan de manera autónoma. Por igual el comando central de Al-Qaeda desde hace varios años se concentra más en mantener un mensaje preciso y constante que en ejercer control operativo sobre sus ramas (las cuales siguen activas: AQAP se reputa responsable del el atentado fallido del año pasado en un vuelo procedente de Yemen que llevaba una bomba dirigida a sinagogas en Chicago).

Recordemos lo ocurrido luego de la muerte de Abu Musab Al Zarqawi en Iraq: siendo este el líder de Al Qaeda en Iraq, una organización con mucho más recursos financieros y militares que el comando central de Al Qaeda en el momento (2006) la dinámica operativa de la organización central básicamente no se vio afectada. Por ello, la remoción de Bin Laden o el egipcio Ayman al-Zawahri (el segundo en relevancia en Al Qaeda y posible sucesor de Bin Laden) no afectaría la unidad de la organización con sus ramas ni tampoco impediría que siguieran interactuando. Mientras la organización siga con su estructura horizontal, su dinámica operacional y proyección de poder probablemente seguirá intacta. En conclusión, es prematuro e ingenuo afirmar que la lucha contra el terrorismo ha sido ganada. La muerte de Bin Laden indudablemente tendrá un impacto profundo en occidente y oriente, pero él era solo una de las muchas cabezas (la más notable) que tiene la serpiente del terrorismo global.

Artículo de Emil Chireno, publicado en su Blog: http://emilchireno.blogspot.com/2011/05/murio-bin-laden-y-ahora-que.html

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