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El Nuevo Estado de Sudán del Sur y su Impacto Regional

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altA raíz del referendo de autodeterminación organizado en enero 2011, Sudan del Sur accederá a la independencia de la República de Sudán el próximo 9 de julio de 2011. La separación del norte y sur se impuso con 98,83% de los votos y con una participación de más del 80% de los electores inscritos. El nuevo estado tiene como capital la ciudad de Juba, y tendrá fronteras con Etiopia al este, Kenia, Uganda y la República Democrática del Congo al sur, la República centroafricana al oeste y Sudán al norte.
Al analizar el caso de Sudan, es importante remontar a su historia colonial para esclarecer las razones que conllevan a la división del país más grande del continente africano. Durante su período pre colonial, Sudan ha estado dividido entre el norte de tradición y cultura árabe, y el sur de identidad africana. Estas dos regiones han coexistido divididas en términos lingüísticos, religiosos, raciales y económicos lo cual ha generado tensiones étnicas en repetidas ocasiones a lo largo de su historia. La marginalización geográfica de los pueblos del sur de Sudan de la capital del norte, Jartum, también ha impedido la integración de esa región en la vida política, económica y social del país.
La ocupación del Imperio Británico en Sudan, que inicia en 1899 hasta 1955, tuvo un impacto determinante en la historia del país. Luego de que las tropas inglesas lograran unificar las tribus del país tras campañas sangrientas como fueron la revuelta nacionalista del líder religioso Muhammad ibn Abdalla, el Mahdi o el Mesías, en la cual el General británico Charles George Gordon fue asesinado en 1885, y la batalla del General Horatio Kitchener en Omdurmán en 1898, la cual consolidó el dominio inglés, se puso en marcha un programa de reformas y modernización del estado el cual estuvo concentrado mayormente en la capital Jartum. El Imperio Británico fue el primero que trazó oficialmente la línea divisoria entre norte y sur estableciendo administraciones gubernamentales separadas para cada región.
En la década de los años 20, el gobierno colonial desligó inexorablemente el norte y el sur imponiendo una serie de medidas restrictivas como fueron el uso de pasaportes para pasar de una región a la otra, y la exigencia de permisos laborales especiales para llevar mercancía entre una región y la otra. Durante este periodo, los ingleses también fortalecieron las diferencias étnicas y culturales instituyendo el uso oficial del idioma árabe e inglés en el norte, y el uso de idiomas tribales y el inglés en el sur. La religión islámica no fue prohibida durante esta época, pero si era desalentada por el imperio, que al mismo tiempo permitía la labor de misionarios cristianos en el sur. Gradualmente, el gobierno colonial desplazó a los mercaderes y funcionarios árabes del sur hacia el norte y finalmente, en 1930, el gobierno colonial emitió una directiva mediante la cual el pueblo del sur era considerado étnicamente diverso (a diferencia del norte musulmán) y por ende debía ser integrado dentro la colonia imperial del Este de África (East Africa Company) – el objetivo del poder colonial era establecer el norte como estado independiente y anexar el territorio del sur de sudan a sus colonias en el este de África.
En 1953, Egipto y el Reino Unido concluyeron un acuerdo bajo el cual establecía la independencia y autodeterminación del gobierno sudanés y el país obtuvo su independencia en 1956. Como era de esperarse, el sur se vio ampliamente sub representado en el nuevo gobierno, ocupando un 2 por ciento de los puestos del nuevo gobierno. Poco tiempo después, las autoridades en Jartum renegaron su promesa de establecer un gobierno federal representativo lo cual fue visto en el sur como un acto de traición. Por consiguiente, el país sucumbe a una larga y sangrienta guerra civil que durará diecisiete años (1955-1972).
Durante el periodo de la primera guerra civil, se suceden una serie de gobiernos liderados por la mayoría musulmana que no logra ningún avance en la reconciliación de ambas regiones y cuyas medidas exacerban las diferencias étnicas. En 1969, a raíz de un golpe de estado, el Coronel Jafaar Numeiri llega al poder y en 1972 logra la formación de un gobierno de unidad nacional impartiendo una serie de medidas conciliatorias que incluyen la liberación de prisioneros de guerras y la inclusión de representantes del sur en las primeras elecciones parlamentarias en más de tres décadas. No obstante, el sur no logra representación significativa en el nuevo gobierno y las luchas internas perduran. En 1983, Numeiri instituye la sharia, ley islámica, en la constitución lo que conduce al estallido de la segunda guerra civil en Sudán (Numeriri sale del poder en 1985).
En 1989, Omar Al Bashir asume el poder como representante del Frente Islámico y la guerra entre norte y sur continua hasta el 2003, cuando un nuevo levantamiento surge en la región occidental de Darfur a manos de un grupo de rebeldes que acusaron al gobierno central de descuidar la región. El gobierno logra aplacar a los rebeldes en 2005, con ayuda de las milicias “janjaweed”, las cuales según organizaciones internacionales humanitarias fueron responsables de la masacre de miles de sudaneses. Cabe destacar que en 2009 la Corte Penal Internacional emitió una orden arresto contra el Presidente Omar al Bashir con el cargo de genocidio responsabilizándole por las atrocidades cometidas contra los rebeldes en Darfur.
Luego de un progreso substancial en las negociaciones entre el norte y el sur durante 2003 y 2004 con la mediación de la comunidad internacional, finalmente se logra la firma de un tratado de paz en 2005 que estipulaba, entre otros puntos, un periodo de seis años de autonomía para el sur de Sudan culminando en un referendo sobre la secesión en 2010. El referéndum de 2011, el cual transcurrió en un ambiente pacífico, puso fin a una de las guerras civiles más sangrientas de la historia entre el norte, de mayoría árabe y musulmana, y el sur, rico en petróleo y de población negra con creencias tradicionales africanas y cristianas. Según las Naciones Unidas, cerca de dos millones de personas murieron a causa del conflicto y más de cuatro millones resultaron desplazados. No obstante, antes de la oficialización del nuevo estado de Sudan del Sur el próximo 9 de julio, ambas partes aún deberán negociar la repartición de los ingresos del petróleo, la única fuente de divisas del sur, que a su vez carece de acceso al mar. En los últimos meses, estas negociaciones han sido entorpecidas por una nueva oleada de violencia en ciudades ubicadas en la frontera de los dos estados.

IMPACTO DEL REFERENDUM
El referéndum se considera como un evento de una importancia capital en el continente africano ya que por la primera vez se cuestiona el artículo 4b de la Carta de la Organización de los Estados Africanos que proclama el carácter irreversible de las fronteras heredadas de la colonización. La única excepción a este principio había sido la Independencia de Eritrea en 1993. Sin embargo, esta excepción era solo aparente, ya que por un lado la Eritrea italiana había sido desde su creación en 1890 una colonia italiana separada de Etiopía. Los intentos de secesión en 1961 de Katanga en el Congo y en 1967 de Biafra en Nigeria fueron un profundo fracaso tanto en la práctica como en la aceptación de la comunidad internacional de la secesión. Igualmente los intentos de independencia de dos antiguas colonias, el Sahara español y el Somaliland británico, aun no han podido obtener el reconocimiento de su estatuto y han sido anexadas por sus vecinos.
El caso de Sudán se manifiesta como una decisión radical en el sentido de que se trata de un territorio que nunca fue una colonia con un perímetro definido y que accede a la Independencia a raíz de un acuerdo de paz internacionalmente reconocido. Esta independencia no ha sido fácil de aceptar dentro del seno de la Unión africana. Como lo planteó el Presidente de Chad, Idris Déby, meses antes del referendo: “El problema es que todos tenemos nuestros Sudán del Sur”. El Presidente Déby se refiere a los movimientos separatistas africanos como el de Ambazonia en Camerún, Casamance en Senegal, Cabinda en Angola, la franja de Caprivi en Namibia, entre otros.
Aunque el referéndum contó con el apoyo de la comunidad internacional, y en particular de los países africanos, el concepto de una paz duradera entre norte y sur parece ser poco realista. Pues si bien antes del referendo se consideraba que Sudan del Sur, de lograr su independencia, sería un estado fallido compuesto de una multitud de etnias y arropado por tensiones ya palpables, ahora se evoca el riesgo de desintegración de Sudán del norte. A raíz de las revoluciones egipcias y tunicina se podría ver una oposición democrática enfrentada al gastado poder islamista en el norte. Por otro lado se podría esperar el recrudecimiento de las reivindicaciones de las fuerzas regionalistas del norte inspiradas por la independencia del sur.
Los países vecinos como Etiopía, Eritrea, Kenia, Uganda, Chad, República Democrática del Congo observan desde muy cerca la evolución del proceso post referéndum, pues la fragilidad del nuevo estado representa un riesgo en términos de seguridad. Varios de estos países temen un conflicto interno en el Sur de Sudán y temen aún más la incapacidad del nuevo gobierno de controlar efectivamente su territorio y que este sea usado por rebeldes como base para resguardarse y atacar. Un ejemplo de esto es el caso de Uganda que recién posicionó fuerzas militares en el interior del Sur de Sudán ya que teme que los rebeldes del Lords Resistance Army (LRA) utilicen el nuevo estado como base desde la cual lanzar sus ataques contra el gobierno de Uganda.
Muchos consideran que el conflicto en Sudán esta aun lejos de su fin dada la reciente decisión de los dirigentes del sur de suspender el diálogo con el Presidente Omar El Bashir acusando a éste de complotar contra la independencia definitiva del país prevista para julio 2011. Esta última acusación surge luego de la muerte de más de 100 personas en Malakal, capital del estado del Alto Nilo en Sudan del Sur en enfrentamientos entre facciones armadas del sur y del norte. Recientemente, las tensiones han escalado a un nivel más crítico tras la amenaza del Gobierno del Sur de cortar el suministro de petróleo al norte, en represalia a la masacre de Malakal. (Aproximadamente 80 por ciento del petróleo de Sudan es extraído en los pozos del sur y exportado vía conductos hacia el norte donde es refinado).
Otra amenaza a la paz en Sudan es la problemática del estatus de Abiyei, una región petrolera de unos 10.000 kilómetros cuadrados situada entre Sudán y Sudán del Sur, quien debía haber celebrado un referéndum en febrero sobre si se sumaba a la independencia del Sur o permanecía en Sudán. Sin embargo, las discrepancias han impedido hasta ahora la consulta. Los recientes conflictos en esta región, que elevan el numero de víctimas a más de 800 y han destrozado la ciudad y desplazado a decenas de miles de personas, pudieran arrojar a Sudan a una nueva guerra civil debido a la amenaza que impone el conflicto sobre el acuerdo de paz firmado en 2005. Las partes en conflicto, el Partido Nacional del Congreso (NCP) y el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA), son los mismos que firmaron el acuerdo de paz hace cinco años. Sin embargo, la región de Abyei continúa siendo el aspecto más delicado del acuerdo. Y tanto la Unión Africana como la comunidad internacional han puesto una presión sobre ambas partes para el retiro completo de sus tropas.
Recientemente en un informe presentado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Coordinador Regional de la Misión de las Naciones Unidas en Sudan, David Gressly, expresó su profunda preocupación por la escalada de conflictos entre las facciones armadas, y en particular, por la escalada de violencia en la región de Abiyei. En su reporte al Secretario General, declaró que “la violencia que se evidencia en la región del Alto Nilo continua siendo una de las preocupaciones urgentes de nuestra Misión. La causa principal de esta última ola de enfrentamientos se debe al fracaso total de reintegración de estas fuerzas luego de dos décadas de guerra civil entre el norte y el sur del país.” Las declaraciones del Sr. Gressly arrojan múltiples dudas sobre la voluntad política de los dirigentes de ambas regiones de poner fin a la guerra e iniciar la reconstrucción de sus respectivos estados.

Por Maria Gabriella Bonetti, Coordinadora Regional del CDRI para África

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