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La Fortaleza del Brasil con Lula y los Retos de la Nueva Presidente

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altEl Brasil cierra un círculo virtuoso con el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva en la primera década del siglo XXI, y abre otro de retos y desafíos con una mujer como Presidente de la República, la primera en toda su historia, Dilma Vana Rousseff.

El 2010 fue uno de los mejores años para América Latina y algunos países emergentes como China e India, también malo para los desarrollados, especialmente, para la Unión Europea y los Estados Unidos; el PIB regional latinoamericano creció en alrededor de 6 a 7% a.a., las democracias regionales entrando a la madurez institucional; la China creciendo a tasas muy altas, se confirma como la segunda economía del mundo y ya desplazó a Estados Unidos como primer socio comercial del Brasil. Europa con incertidumbre; Estados Unidos con bajo crecimiento y alto desempleo.

Así se presenta el panorama mundial al finalizar el 2010, a Brasil, dentro de los emergentes, le va bien, elige una nueva Presidente de manera ejemplar, diversifica su presencia en el África y Asia, en América Latina, sin descuidar Europa y Norteamérica, el contexto mundial actual se presenta como un reto a ser enfrentado con mucha habilidad y sabiduría por los gobiernos, y Brasil lo sabe, porque le afecta a sus intereses nacionales. Se coloca en un lugar destacado de la política mundial y se convierte en un player mundial a quien hay que tomar en cuenta, buscando colocarse como la cuarta o quinta potencia mundial en las próximas décadas.

Brasil tiene motivos para conmemorar resultados positivos obtenidos durante las últimas dos décadas, y especialmente durante los últimos ocho años de los gobiernos de Lula, tanto en lo económico, como en lo político y lo social. La democracia con mayor madurez con seis elecciones presidenciales consecutivas desde el 1989, después de la redemocratización. Una economía fuerte, con PIB de alrededor de 2 trillones de dólares (menos de 1 trillón al inicio de la década), creciendo alrededor de 7,5% este año; inflación controlada de 5,6%(poco encima del centro de la meta de 4,5%) en 2010; desempleo bajo llegando al 7% con la creación, durante los gobiernos de Lula que fueron de 15 millones de empleos, y el salario mínimo multiplicado por 3 (en dólares) desde el 2003. Brasil es hoy la 8º economía del mundo (12º en el 2002).

Desde el 2004 hacia acá, 35,7 millones brasileños subieron de clase social y 28 millones, superaron la pobreza extrema, según datos del gobierno federal y de la Fundación Getulio Vargas (FGV). El sociólogo de la FGV, Marcelo Neri, afirma en un artículo publicado en el diario Folha de Sao Paulo que, "si la década de los años 90´s en Brasil fue la década de la estabilización de la economía, la década de los 00´s fue la década de la reducción de la desigualdad de ingresos." Neri explica que durante la última década el ingreso del 10% más pobre brasileño creció 456% más que el ingreso de los ricos.

Así entregó el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva, la Presidencia de la nación suramericana a su pupila, Dilma Rousseff, su ex Ministra de la Presidencia. Los últimos 8 años fueron de mantenimiento de estabilidad macroeconómica con crecimiento, inflación controlada, cambio fluctuante, y lo más importante la disminución de la desigualdad de ingresos de la población.

Al finalizar el 2010, la mayoría de los brasileños y brasileñas se sintieron satisfechos, están satisfechos, su autoestima se ha elevado, están optimistas, y por ello, decidieron dar continuidad a las políticas gubernamentales que había impulsado su líder Luiz Inacio Lula da Silva, eligiendo a la primera mujer que va a ejercer la Presidencia de la República Federativa del Brasil en toda su historia: Dilma Vana Rousseff.

Por primera vez, en el 2003 un operario metalúrgico y sindicalista como Lula, se juramenta como Presidente de la República, y el 1'de enero de 2011, por primera vez en Brasil, una mujer, y ex guerrillera contra la dictadura militar cuando fue presa y torturada, asume la Presidencia de la República.

Hace poco mas de 18 meses, Dilma, no era conocida por la mayoría de la población; era la técnica, la ejecutiva dentro de la política. Lula le construyó políticamente su imagen, la llevó en sus hombros hacia todo el país presentándola al pueblo brasileño, a la masa popular, hizo viajes internacionales con ella hacia cumbres y foros internacionales. Lula la hizo Presidente.

Dilma recibe el gobierno del Presidente más popular (87%) de toda la historia brasileña, con enorme prestigio internacional, quien se fue a su casa dejando un gran legado para su país. Ya en su pueblo, en la ciudad de San Bernardo, en el área metropolitana de Sao Paulo, horas después de haber traspasado el mando, fue recibido por una multitud de más 2500 personas (frente a su apartamento), emocionado, incursionó en la multitud, dando besos y a abrazos, con lagrimas en las mejillas, a toda esa gente de pueblo, su gente. Y es que los pobres del Brasil se sienten orgullosos de su líder, Lula. Ese hecho representa la humanización de la política, esa condición humilde con dignidad, la gran fortaleza de Lula.

El gobierno de la Presidente Dilma se inicia claramente sobre la tendencia a la continuidad, con la responsabilidad de la consolidación de los progresos que ha obtenido el país durante los últimos 16 años, y más recientemente con Lula, cuyo eje central gubernamental fue de crecimiento con distribución de ingresos, con fuerte énfasis en la política social, la inserción internacional para productos brasileños y la posición de gran relevancia en la política internacional.

A pesar de la continuidad de programs y de la afinidad en el concepto del desarrollo para el Brasil, es evidente que se inicia un nuevo estilo de gobernar en Brasil

Dilma Vana Rousseff, economista de profesión, 63 años, combatiente de la dictadura militar, presa política y torturada por el gobierno militar de 1964-1985, nacida en el estado de Minas Gerais, de padre búlgaro y madre brasileña, criada en el estado de Rio Grande do Sul, fue Secretaria Estadual de Minas y Energía del gobierno del Estado de Rio Grande do Sul, Ministra de la Presidencia y también de Minas y Energía, en los gobiernos de Lula.

Es más técnica que política, al menos por el momento; focaliza la gerencia de resultados, la mayoría de las veces se comporta como una ejecutiva, un CEO de empresas, lo que crea la percepción, en la población y en los analistas, de que al enfrentar los grandes desafíos y retos del porvenir, las cosas podrían fluir con mayor agilidad debido a su estilo peculiar gerencial. Le gusta coordinar, planificar, controlar, supervisar, y dar órdenes, en fin, la nueva Presidente del Brasil es una ejecutiva.

Mientras que Lula, es la masa popular, el hombre del pueblo, de la calle; Lula habla y se sabe comunicar con su pueblo, habla con el cuerpo, con sus gestos, con sus emociones, que también fácilmente transmite profundamente a su pueblo, mucho carisma, demasiado magnetismo, es el líder, el de la esperanza de los pobres, el vendedor de sueños.

Lula y Dilma se complementan, son diferentes. Dilma y Lula son sinergia. Dilma era y es, la defensora por excelencia de la obra de gobierno de Lula, en todos los aspectos y en todas las circunstancias. Hay empatía entre ellos. Dilma necesitará de la potencialidad popular y el liderazgo profundo de Lula para gobernar un país con la complejidad del sistema político brasileño.

El estilo de gobernar de Dilma es, sin ninguna duda, diferente al de Lula, y así especialistas y analistas lo entienden, sienten que es positivo para el Brasil en esta etapa de muchos desafíos y retos.

Sí, todavía persisten muchas debilidades y grandes vulnerabilidades, tanto internas como externas. Como va encararlo la nueva Presidente y la sociedad como un todo, lo vamos analizar en una proxima entrega.

Por Dionis Pérez 

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