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AFRICA SUBSAHARIANA

El impacto de la primavera árabe en África Subsahariana

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altIntroducción

Cuando a principios de 2011 los tunecinos y los egipcios derrocaron los regímenes autócratas de Ben-Alí y Mubarak, los habitantes de la región subsaharina y las elites locales dirigentes siguieron con gran expectación los acontecimientos. No en vano todos los países de esta región comparten con sus vecinos del norte de África, en mayor o menor medida, la asfixia en materia de derechos y libertades fundamentales, la corrosiva corrupción de gobiernos e instituciones y un sistema en el que las elites han ido acumulando riqueza y privilegios, y generando enormes desigualdades sociales, económicas y en materia de oportunidades. A lo cual hay que sumar el apoyo de destacados gobiernos europeos y de EEUU a numerosos regímenes autócratas, considerados como guardianes de la estabilidad y socios ante la amenaza islamista, migratoria o terrorista.

La ola expansiva de la denominada primavera árabe, que se extendió, entre otros países, a Libia, Yemen y Siria, y las implicaciones geopolíticas consiguientes, han concentrado la atención mediática y política internacional, sin que hasta la fecha se haya prestado la necesaria atención a la influencia de las revoluciones árabes en los diversos países al sur del Sáhara, muchos de los cuales sufren el mismo tipo de regímenes despóticos.

Por el momento las protestas y movilizaciones que han tenido lugar en dicha región no han alcanzado una entidad suficiente para alterar el curso de algunos de los regímenes en plaza, pero el potencial de transformación política que se ha generado en los últimos meses apunta hacia cambios relevantes en algunos países sino a corto, a medio y largo plazo.

Movilizaciones y reacciones

Las movilizaciones sociales convocadas a través de Internet que han tenido lugar en más de una docena de capitales y la reacción a la defensiva de los dirigentes africanos son la vertiente más explícita de los efectos de la primavera árabe en dicha región.

Durante los últimos meses, miles de habitantes de países tan diversos como Mauritania, Senegal, Burkina Faso, Chad, Gabón, Angola, Uganda, Malawi, Yibuti, Sudán o Swazilandia han enarbolado las consignas de la primavera árabe y se han movilizado para protestar contra los desmanes de los dirigentes políticos y exigir transparencia y rendición de cuentas. En Yibuti la población reclamó directamente la dimisión del presidente. Las revueltas populares han sido lideradas en muchos casos por jóvenes y estudiantes, y en algunos países se han prolongado durante semanas.

Los mandatarios de turno han reprimido brutalmente las protestas, con varias víctimas mortales en muchos casos (como en Malawi, Uganda o Burkina Faso); han detenido a estudiantes y líderes opositores políticos (en Chad, Uganda, Sudán) o procesado al candidato opositor a la presidencia (Ruanda); y han cerrado universidades y periódicos (Sudan). Los regímenes más opresores (como Etiopía, Eritrea o Zimbabwe) han prohibido la utilización del término primavera árabe en Internet y en la prensa escrita, y han llegado a detener a algunos ciudadanos por seguir las protestas en TV. Las propuestas de ley y la aprobación de normas que extreman la restricción de libertades fundamentales han estado también a la orden del día, combinadas en algunos casos con un aumento de los subsidios de alimentos básicos (Angola).

Por otro lado, las protestas in situ y el calor de la primavera árabe han generado reacciones de signo diverso ante las expectativas de algunos dirigentes por perpetuarse en el poder. En Senegal el presidente Wade dejó en suspenso una reforma de la ley electoral con la que pretendía asegurar su reelección y, previsiblemente, facilitar la sucesión a su hijo. Mientras que en Guinea Ecuatorial Obiang se apresuró a elaborar una reforma constitucional para blindar todavía más su poder.

Claves políticas y sociales

Las movilizaciones referidas son parte de un largo proceso social reivindicativo muy convulso iniciado en los años 80 y que, en los 90, condujo – junto con la política de condicionalidad democrática impuesta por los donantes occidentales a la extinción de la fórmula del partido único y a la formalización del pluripartidismo. Otras claves históricas, que actúan como telón de fondo en este ámbito, son la cooptación y manipulación de las identidades étnicas que realizaron las potencias colonizadoras, provocando importantes fracturas sociales, y su trazado, con tiralíneas, de las fronteras estatales; y el liderazgo nefasto de la mayoría de las elites africanas a partir de la independencia. A día de hoy la construcción de una identidad nacional compartida sigue siendo un reto para los estados de la región.

Durante las últimas décadas las poblaciones locales han visto además como sus elites dirigentes instrumentalizaban las identidades étnicas en el ámbito político, social, económico y de las fuerzas de seguridad; sumaban a sus propias redes de patronazgo, de filiación étnica, otras redes de influencia con las ex colonias (siendo el caso más notorio el de la Françafrique, que ha incluido una fuerte presencia militar francesa en algunos países); negociaban con gobiernos extranjeros, principalmente occidentales, la extracción de hidrocarburos y minerales, y acaparaban los ingresos resultantes; y hacían del poder un juego de suma cero en el que el ganador se lo lleva absolutamente todo.

El desembarco de China (y otras potencias emergentes) en los últimos años y sus alianzas estratégicas (recursos minerales a cambio de créditos multimillonarios, armas y no injerencia en asuntos internos) viene a complicar todavía más la ecuación, en cuanto supone un refuerzo directo para determinadas elites autócratas.

En el lado positivo de la balanza cabe apuntar que una serie de países, apenas una decena, ha realizado una efectiva alternancia política e iniciado con cierta solidez la senda democrática, mientras otros tantos podrían seguir dicha tendencia. En el plano económico, una buena parte de los países africanos han experimentado un crecimiento muy significativo, especialmente durante la última década, con expectativas también favorables para el próximo año. Lo que en algunos contextos ha implicado el aumento de la capacidad adquisitiva de ciertas capas de población y la generación de una clase media minoritaria pero emergente. Más de una docena de economías subsaharianas han crecido a un ritmo superior al 6% del PIB anual durante al menos los últimos seis años. Solo en una parte de estos países la explicación reside en la riqueza en hidrocarburos y minerales.

En el lado negativo, se estima que más de un 40% de los estados de la región son todavía autocracias en toda regla. A ello se añaden unos indicadores de desarrollo humano bajo mínimos en una mayoría de países, una creciente desigualdad en muchos de ellos, y grandes desafíos en materia de desarrollo sostenible y de seguridad humana.

Las revueltas sociales y las protestas pacíficas de la población durante todo este tiempo han sido sistemáticamente reprimidas y teñidas de sangre. Además, las citas electorales han propiciado fuertes estallidos de violencia social. Los casos de Kenia (con un balance de 1.500 muertos y 350.000 desplazados internos tras las elecciones de 2007) y Nigeria (en donde las elecciones de 2011 fueron las más transparentes de su historia pero arrojaron el mayor saldo de muertos, unos 800) son bien explícitos. Las manifestaciones que tuvieron lugar en Guinea Conakry en 2009 (con 200 muertos) fueron el golpe de tuerca que propició la celebración, al año siguiente, de las primeras elecciones democráticas de su historia.

La situación actual contribuye a que las expectativas estén centradas sobre todo en los jóvenes (el 70% de la población total es menor de 30 años) del medio urbano (cada vez con un mayor nivel educativo), y en la sociedad civil en su conjunto. Ésta, todavía muy frágil e incipiente, va dando sin embargo señales de una progresiva consistencia. En Kenia la última movilización tuvo lugar gracias a una combinación de redes sociales, tecnología, asociaciones de base y medios de comunicación tradicionales. En Senegal las protestas sociales fueron propiciadas por los movimientos de jóvenes, añadiéndose los partidos de oposición.

Aunque el acceso a Internet es mucho más limitado que en países como Túnez o Egipto, la conexión y el uso de facebook está aumentando en los últimos años de forma exponencial. El recurso a los textos a través del móvil como forma de convocatoria es igualmente una herramienta muy utilizada.

Impactos y escenarios diversos

Algunas de las cuestiones a tener en cuenta son las siguientes:

- Gobiernos e instituciones ante el dilema de reformarse o morir. Los dirigentes subsaharianos han tomado buena nota de que las exigencias de la población han subido varios peldaños y de que su nivel de tolerancia ante maniobras anticonstitucionales o abusos de poder es menor. Por lo que tendrán que adoptar reformas consecuentes. De no reducirse las elevadas tasas de paro en algunos países, que afecta especialmente a los jóvenes, la tensión seguirá creciendo. Los recientes discursos de los representantes de los organismos regionales (como la Unión Africana) o financieros (como el Banco Africano de Desarrollo) van en esta misma línea.

Es muy probable que algunos regímenes se resistan a llevar a cabo dichas reformas o que las que realicen sean de mero maquillaje. En estos casos, y si no se ven enfrentados a una fuerte contestación social (y, quizás, a una adecuada presión internacional), el statu quo parece, al menos a medio plazo, el escenario más factible.

- Posibles sinergias regionales. La creciente influencia democrática entre vecinos y el papel, cada vez más relevante, que pueden desempeñar las organizaciones subregionales (como, por ejemplo, la Comunidad Económica de África del Oeste) son dos variables importantes.

Todo indica que las fronteras africanas son cada vez más porosas. No solo en términos de inestabilidad y conflictos, refugiados y tráficos diversos, sino también en cuestiones democráticas.

- Nuevos espacios de debate, concertación y movilización. Como consecuencia del alto voltaje democrático actual, en muchos países se están creando o reforzando algunas redes asociativas y movimientos de jóvenes (como “Girifna” en Sudan o “Y´en a marre” en Senegal), que han tomado buena nota de sus congéneres árabes respecto a la importancia de que el cambio se genere desde dentro y a través de movilizaciones masivas bien articuladas.

Tendencia al refuerzo institucional y a un frente común de la oposición política. Algunos parlamentos nacionales y otras instituciones vienen ya desde hace tiempo mejorando su papel de control y exigencia de rendición de cuentas. La tendencia apunta también a una mayor coordinación de los partidos políticos de la oposición para unir fuerzas frente al partido gobernante.

El termómetro de las elecciones. Desde julio de 2011 hasta diciembre de 2012 están previstas 14 elecciones presidenciales y 30 legislativas. Todas ellas, y en especial algunas como las de Guinea Conakry, Senegal, Kenia y Gabón, servirán de termómetro para valorar mejor el alcance del nuevo punto de inflexión generado a partir de la primavera árabe. Dados los antecedentes en la región, no cabe descartar ningún escenario. Los procesos electorales pueden generar desde un cambio de gobierno pacífico hasta enfrentamientos violentos de consecuencias imprevisibles. 

El año 2011 se cierra con una situación de máxima tensión en República Democrática del Congo a resultas de unas elecciones presidenciales y legislativas plagadas de irregularidades. La declaración oficial como vencedor del presidente saliente Kabila y la impugnación de dicha victoria por parte del histórico opositor, Tshisekedi, tienen como telón de fondo una intensa violencia antes y después de las elecciones, la huida de la capital de miles de personas y un escenario de potencial enfrentamiento (ambas partes pueden fácilmente movilizar milicias y jóvenes armados) que puede propagarse a diversas regiones del país. La situación es potencialmente explosiva y su evolución dependerá del papel que desempeñen ambos líderes. Además del margen de maniobra reactiva que pueda tener la comunidad internacional (a la que le ha faltado una mayor implicación en todo el proceso electoral) y un país africano clave como es Sudáfrica (cuyo gobierno no ha estado por el momento a la altura de las circunstancias).

- Los autócratas en el punto de mira. Las expectativas de cambio estarán especialmente centradas en aquellos dirigentes que llevan toda una vida manejando los hilos de su país y cuya gestión arroja enormes desigualdades sociales, un desarrollo humano bajo mínimos y una sistemática violación de los derechos humanos. Los más decanos, con 32 años en el poder, son los de Angola, Guinea Ecuatorial y Zimbabwe; a los que se suman otros 8 mandatarios, como los de Camerún, Sudán y Etiopía, con más de dos décadas.

Estos regímenes, mucho de ellos favorecidos por una gran riqueza petrolífera, tienen férreos dispositivos de seguridad (con guardias presidenciales que, como en el caso de Angola, alcanzan los 10.000 efectivos) y diversas circunstancias que les son propicias: una población hastiada de décadas de guerra (Angola); la sombra omnipresente del genocidio (Ruanda); sociedades civiles muy frágiles (como Guinea Ecuatorial o Chad); partidos de oposición desestructurados (como, entre otros muchos, Camerún), o una masiva cooptación de cualquier oposición (como en Etiopía).

- La devaluación del modelo egipcio. Aquellos países, como Burkina Faso, Uganda, República Centroafricana, República del Congo, Chad o Gambia, que se inspiraron en Egipto para que, a través una fachada de instituciones civiles, el ejército preservase su poder político e incrementase el económico, tienen también más probabilidades de atraer la ira social.

- Los impactos de Libia a nivel regional. El caso de Libia es excepcional, dado el papel que Gadafi desempeñó con sus apoyos alternativos a grupos rebeldes touaregs y a los gobiernos que les combatían (Malí, Níger); su patrocinio de acuerdos de paz (entre el presidente Chad y los grupos armados opositores); sus importantes inversiones en sectores estratégicos, como el financiero y de telecomunicaciones, en más de una veintena de países subsaharianos; y su papel de benefactor de la Unión Africana (asumiendo un 15% de su presupuesto).

La caída de Gadafi supone la extinción de dichas alianzas políticas (con un Consejo Nacional de Transición libio previsiblemente más orientado hacia occidente y el mundo árabe) y genera múltiples incógnitas sobre la estabilidad de la frontera sur de Libia con Chad; y un riesgo de mayor desestabilización de la frontera este de Chad y Darfur (a partir de la salida de Libia de Khalil Ibrahim, líder del principal movimiento guerrillero opuesto a Jartum). Chad - país clave a nivel regional y presumiblemente implicado en el apoyo a Gadafi a través de soldados de elite - teme una alianza del Consejo Nacional de Transición libio con Sudán. El presidente sudanés Bashir se encuentra a su vez en una situación crítica en diversos frentes, y tiene bien presente que dos homólogos suyos fueron derrocados en el pasado por acciones de movilización popular.

El desmoronamiento de la yamahiriya está teniendo también fuertes repercusiones humanitarias (con el regreso a sus países de origen de decenas de miles de emigrantes subsaharianos que residían en Libia y otros países subsaharianos); económicas (por la suspensión de las referidas inversiones y de las remesas de divisas de los emigrantes; entre los que destacan los 300.000 chadianos que residían en Libia); y de seguridad (con miles de excombatientes subsaharianos rumbo a la turbulenta zona del Sahel, junto con una gran proliferación de armas).

Orientaciones de política exterior

En el caso de España - y teniendo en cuenta los postulados de construcción de la paz, buen gobierno y democracia que forman parte de su agenda de política exterior -, cabe hacer las siguientes observaciones:

- África subsahariana debería ser objeto de atención preferente, a través de una política exterior fundamentada en un sólido conocimiento del contexto. La situación política y social actual, y las oportunidades históricas que genera para millones de habitantes, exigen, como base previa de las decisiones políticas, análisis específicos y rigurosos, país por país, así como a nivel de cada región.

Además, el nuevo escenario geopolítico propiciado por la primavera árabe plantea la imperiosa necesidad de aprender de la experiencia e intentar, de una vez por todas, estar del lado correcto de la historia. Para ello es imprescindible que se eliminen los dobles raseros por motivos económicos o de otro tipo y se tomen tanto bilateralmente como en el ámbito de la Unión Europea (UE) todas aquellas medidas que sean consecuentes con las aspiraciones democráticas y de justicia social de las poblaciones africanas. Lo cual implica, entre otras cosas, que se adopten sanciones firmes contra aquellos regímenes que repriman brutalmente a su población y, por otro lado, que se apoye a aquellos dirigentes que muestren claramente sus credenciales democráticas.

Lo que está aconteciendo en relación a la primavera árabe y sus derivaciones en la región subshariana implica un cambio de paradigma y políticas consecuentes. El Acuerdo de Cotonú y la Estrategia Conjunta UE-África constituyen un marco multidimensional (no exento de grandes retos) para trasladar propuestas y realizar avances en materia de seguridad-desarrollo-derechos humanos; apropiación democrática (acorde con las demandas y especificidades de las sociedades africanas); integración regional (evaluando en consecuencia los Acuerdos de Asociación Económica); fortalecimiento de la sociedad civil y de otros actores (parlamentos, partidos políticos de oposición); y creación de espacios participativos e inclusivos que permitan un impulso democrático continuado. La asociación UE-África cuenta con un área específica de acción sobre derechos humanos y democracia que debería reforzarse a través de un trabajo conjunto entre la UE y la Unión Africana, y de una implicación consecuente de las organizaciones subregionales.

Todo ello teniendo en cuenta que las transformaciones en el marco euromediterráneo y las nuevas políticas resultantes serán una referencia de continuo aprendizaje para el conjunto del continente africano. 

Es también imprescindible que se refuerce la coherencia de políticas para el desarrollo por parte de España, tanto interna como externa. En este sentido, el importante déficit actual en materia migratoria, económica, de construcción de la paz o de seguridad energética, entre otros, son un obstáculo importante para el cumplimiento de los objetivos de la cooperación al desarrollo. En cada una de estas áreas existen múltiples recomendaciones orientadas a otorgar la prioridad a un adecuado enfoque de derechos, reducción de la pobreza, desarrollo humano sostenible y aumento de las oportunidades del conjunto de las poblaciones.

Para ello, es preciso, entre otras medidas, realizar un seguimiento y una evaluación continuada de las diferentes políticas y acciones, a través de indicadores consistentes. Estos indicadores, como en el caso del Plan África, deben referirse no solo a las actividades previstas en ámbitos clave como los derechos humanos, la igualdad de género y la gobernabilidad, sino también a los resultados esperados.


En relación con lo anterior, la diplomacia económica, que se perfila como un eje central de la política exterior durante la próxima legislatura, debe ser concordante con los postulados de buen gobierno y desarrollo humano sostenible, y centrarse en aquellos países que cumplan con unos mínimos de solvencia institucional. Los gobiernos y multinacionales extranjeras no solo generan comercio e inversiones en los países subsharianos sino que con frecuencia refuerzan, a través de sus intereses y acuerdos económicos, la posición de las elites locales, cuya corrupción y gestión ineficiente genera crecientes desigualdades sociales e inestabilidad. 

El apoyo en materia de política exterior y cooperación al desarrollo debe tener un enfoque amplio y bien fundamentado, y no limitarse a la selección de un reducido número de países tomando como prioridad los criterios de oportunidad comercial o de inversión empresarial. Procede también una valoración continuada, desde un enfoque pro desarrollo, de las inversiones empresariales españolas en la región subsahariana, a través de los datos e información que deberían recabar las Oficinas Comerciales Españolas en el Exterior.

Es preciso igualmente reforzar todas aquellas medidas que fomenten el buen gobierno, la lucha contra la corrupción, la transparencia y la rendición de cuentas. El apoyo que España ha venido otorgando a la Iniciativa sobre Transparencia en las Industrias Extractivas debería recibir un nuevo impulso, con una estrategia específica para la región subsahariana. Además de seguir avanzando en otras cuestiones que han estado en la agenda española, como las medidas contra los paraísos fiscales o la fiscalidad para el desarrollo.

Es también crucial que se elaboren estrategias de apoyo a los procesos electorales, especialmente en aquellos casos en los que la democracia ya ha dado algunos pasos pero sigue siendo muy frágil. El apoyo a la formación y refuerzo, con carácter permanente, de comisiones electorales independientes, y la necesidad de financiarlas con mucha antelación, así como los programas que aseguren la participación ciudadana de forma amplia y adecuada, son algunas de las lecciones aprendidas en este ámbito. El caso referido de la República Democrática del Congo refleja, una vez más, la importancia de que exista una mayor implicación de la comunidad internacional.

El contexto actual es también favorable a la intensificación de los programas de formación militar y de otras fuerzas de seguridad, en derechos humanos y democracia.

Todos aquellos apoyos que, a partir de una identificación y planificación plenamente participativa y con un componente de apropiación muy sólido, se dirijan a la sociedad civil independiente, su trabajo en red, la aplicación y desarrollo de la nuevas tecnologías y el fortalecimiento de los medios de comunicación locales, serán también un referente de futuro.

 

Por Jesús García Luengos. Coordinador de RESET – Centro de Investigación sobre Seguridad y Gobernanza Transnacional. Miembro del Grupo de Estudios Africanos de la UAM y del Panel África Subsahariana de Opex.
Para el Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la Fundación Alternativas. 19/12/2011. 

Food Crisis in Somalia

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Antecedents of the Crisis

altSOMALIA has swayed from crisis to crisis since 1991, when the central government fell. In 1992, the same elements of drought and war set off a famine that killed hundreds of thousands of people and started a cycle of international intervention that, despite billions of dollars and more than a dozen transitional governments, has yet to stabilize the country. Today, pastures have dried up, and the animals that Somali nomads survive off of are dying in large amounts. Food prices are escalating, and after 20 years of anarchy, coping mechanisms are collapsing, with many families driven from their land and many breadwinners cut down in Somalia’s endless attempts at civil war. Many of those who can are fleeing the country. Thousands of Somalis have been streaming across the borders of Kenya and Ethiopia every day, and many children arrive too far gone to be saved.

In the past 20 years, only a handful of humanitarian emergencies have qualified as famines, including Sudan in 1998, Ethiopia in 2001 and Niger in 2005. According to the United Nations, a famine is declared when “acute malnutrition rates among children exceed 30 percent, more than 2 people per 10,000 die per day, and people are not able to access food and other basic necessities.” That is now the case in two regions of southern Somalia, southern Bakool and Lower Shabelle, both controlled by the militant group al Shabab. But throughout the country people are on the edge of running out of food. Not shockingly, the famine was neither sudden nor a surprise. Last year, weather forecasts financed by the American government predicted dangerously low rainfall in many areas of the Horn of Africa.

 

Famine in the Mist of the Global Food Crisis

Analysis by FEWSNET/USGS indicate that since the last quarter of 2010, most pastoral zones in the Eastern Horn of Africa experienced the worst drought in decades since 1950-51. In addition, the region has experienced two consecutive seasons of significantly below-average rainfall with far reaching socio-economic implications that include failed crop production (hence, reduced food access), significantly high livestock mortality, acute malnutrition, lack of water, mass migration, and high human mortality rates among others.

This situation coupled with the effects of the global food crisis, is likely to represent the most serious food insecurity situation in the world today, in terms of both scale and severity. Current humanitarian response is inadequate to meet emergency needs. Assuming current levels of response, evidence suggests that famine across all regions of the south of Somalia will occur in the coming 1-2 months. A massive multisectoral response is critical to prevent additional deaths and total social collapse, and most immediately, interventions to improve food access and to address health issues are much needed.

 

Deaths and Casualties

According to the Food Security and Nutrition Analysis Unit (FSNAU), population‐wide death rates are above the famine threshold (2 people per every 10,000 die per day) in two areas (Bakool agropastoral, and all areas of Lower Shabelle) and are elevated across the south. Under‐5 death rates are even higher ( on average 4 people per every 10,000 die per day) in all areas of the south where data is available, peaking at 13 to 20 deaths per every 10,000 people per day in riverine and agropastoral areas of Lower Shabelle. Tens of thousands of people have died in the past three months. The International Committee of the Red Cross (ICRC) warned on Sunday, July 17th, 2011 that malnutrition in Somalia reached the highest in the world, which means that one in 10 children is at risk of dying from fatigue. The Red Cross committee said that even in traditionally agricultural areas of the African country nearly 11 percent of children under five are at risk of starvation.

 

Humanitarian Action of the United Nations

Thousands of Somalis arrive daily at the UN refugee camps in Kenya and Ethiopia due to the famine they are suffering as a result of the strong drought in Somalia, the worst in 60 years. The United Nations delivered five tons of food and medicine supplies to assist malnourished children. Since early July, about 11,000 people have arrived in Ethiopia and more than 8,600 to Kenya. The average of daily arrivals in Ethiopia and Kenya is around 1,700 and 1,300 people, respectively, said UN High Commissioner for Refugees (UNHCR) Antonio Guterres. The week of July 12th, 2011, the UN formally launched a calling to donors for 136.6 millions of dollars to meet emergency needs in the Horn of Africa, which is heavily affected by the severe climate change.

 

Worst Aspects of the Production Situation

The total failure of the October‐December Deyr rains (secondary season) and the poor performance of the April‐June Gu rains (primary season) have resulted in crop failure, reduced labor demand, poor livestock body conditions, and excess animal mortality. Local cereal prices across the south are far above average, more than 2 to 3 times 2010 prices in some areas, and continue to rise. As a result, both livestock to cereal and wage to cereal terms of trade have deteriorated substantially. Across all livelihoods, poor households (about 30 percent of the population) are unable to meet basic food needs and have limited ability to cope with these food deficits.

The current price inflation is due to, in addition to poor seasonal rain, depleting grain stocks in domestic markets, high demand, and accelerating retail prices of fuel. Thus, with an imminent poor seasonal crop production, prices are not expected to slow down in the short-run. Johnnie Carson, the assistant secretary for African affairs at the State Department, said the American government was trying to alleviate the longstanding cycles of droughts and famines with a program called “Feed the Future”, which intends to raise agricultural productivity and help “populations in adapting to increasing erratic weather patterns.” However, local support and implementation has been low.

 

Worst Points of the Security Situation

The Islamist militants who forced Western aid organizations out of Somalia last year, right as the drought was looming, are now urging the groups to return. But aid officials are wary, citing the dozens of workers who have been killed in Somalia in recent years. Also hindering the emergency efforts, aid officials argue, are American government rules that prohibit material support to the militants, who often demand “taxes” for allowing aid deliveries to pass through. The effects of the drought are only getting worse due to the ongoing political and security instability in Somalia. The Transitional Federal Government (TFG) and allied militias are currently engaged in a campaign to wrest control of Southern Somalia from Islamic insurgent group al Shabab. If international aid does not reach the affected population soon, famine will only continue to spread and the food/humanitarian crisis will most definitely worsen. UN’s Secretary General, Ban Ki-moon, said on July 22nd, 2011, that “we can’t allow Somalia to starve”


More Information:

• http://www.fsnau.org/
• http://www.nytimes.com/2011/07/21/world/africa/21somalia.html?_r=1
• http://www.pravdaliberation.com.ar/2011/07/urgente-africa-miles-de-somalies-huyen.html

 

By Jatnna Garcia, CDRI Intern

Crisis Alimentaria en Somalia

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Antecedentes de la Crisis

altSOMALIA ha saltado de crisis en crisis desde el 1991, cuando el gobierno central se derrumbó. En 1992, los mismos elementos de la sequía y la guerra provocaron una hambruna que mató a cientos de miles de personas y comenzó un ciclo de intervención internacional que, a pesar de miles de millones de dólares y más de una docena de gobiernos de transición, aún no ha estabilizado al país. Hoy en día, los pastos se han secado y los animales que los nómadas somalíes utilizan para sobrevivir se están muriendo en grandes cantidades. Los precios de los alimentos están aumentando, y después de 20 años de anarquía, los mecanismos de adaptación están colapsando, con muchas familias expulsadas de sus tierras en un intento sin fin de guerra civil en Somalia. Muchos de los que pueden, huyen del país. Miles de somalíes han estado fluyendo a través de las fronteras de Kenia y Etiopía, cada día, y muchos niños llegan demasiado damnificados para ser salvados.

En los últimos 20 años, sólo unas cuantas situaciones de emergencias humanitarias han calificado como hambrunas, entre ellas Sudán, en 1998, Etiopía en 2001 y Níger en 2005. De acuerdo con las Naciones Unidas, la hambruna se declara cuando "las tasas de malnutrición aguda entre los niños superan el 30 por ciento, más de 2 personas por cada 10,000 mueren por día, y las personas no son capaces de acceder a los alimentos y otras necesidades básicas." Eso es ahora el caso en dos regiones del sur de Somalia, el sur de Bakool y Bajo Shabelle, ambas controladas por el grupo militante de Al Shabab. Pero en todo el país la gente está al borde de quedarse sin alimentos. No sorprendentemente, la hambruna no fue ni repentina ni una sorpresa. El año pasado, las previsiones meteorológicas financiadas por el gobierno de Estados Unidos predijeron lluvias peligrosamente bajas en muchas zonas del Cuerno de África.

 

Hambruna en el Medio de la Crisis Alimentaria Global

Un análisis hecho por FEWSNET / USGS indica que desde el último trimestre de 2010, la mayoría de las zonas pastorales del Cuerno de África oriental sufrieron la peor sequía en décadas, desde 1950-51. Además, la región ha vivido dos temporadas consecutivas de lluvias muy por debajo de lo normal con implicaciones socio-económicas de largo alcance que incluyen la no producción de cultivos (por lo tanto, la reducción del acceso a alimentos), una significativamente alta mortalidad de ganado, desnutrición aguda, falta de agua, migraciones masivas, y altas tasas de mortalidad humanas, entre otras.

Esta situación, junto con los efectos de la crisis alimentaria mundial, probablemente represente la situación de inseguridad alimentaria más grave en el mundo actual, tanto en términos de magnitud y como en gravedad. La respuesta humanitaria actual es insuficiente para satisfacer las necesidades de emergencia. Asumiendo que los actuales niveles de respuesta continúen, evidencia sugiere que la hambruna se esparcirá por todas las regiones del sur de Somalia durante los próximos 1-2 meses. Una masiva respuesta multisectorial es fundamental para evitar más muertes y el colapso social total, y de manera más inmediata, intervenciones para mejorar el acceso a los alimentos y para hacer frente a los crecientes problemas de salud son muy necesarias.

 

Muertos y Damnificados

De acuerdo con la Unidad de Seguridad Alimentaria y Análisis Nutricional (FSNAU), las tasas de mortalidad en toda la población están por encima del nivel de la hambruna (2 por cada 10,000 personas mueren por día) en dos áreas (zona agropecuaria de Bakool, y todas las zonas del Bajo Shabelle) y se elevan continuamente en el sur. Las tasas de mortalidad para menores de 5 años son aún mayores (4 personas por cada 10,000 mueren al día) en todas las áreas del sur, donde se dispone de datos, alcanzando un máximo de 13 a 20 personas por cada 10,000 por día en las zonas ribereñas y agropecuarias de la Baja Shabelle. Decenas de miles de personas han muerto en los últimos tres meses. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) alertó este domingo 17 de Julio del 2011 que la malnutrición en Somalia “alcanzó el nivel más alto en el mundo”, lo que significa que uno de cada 10 niños está en riesgo de morir de desfallecimiento. El comité de la Cruz Roja señaló que incluso en las zonas tradicionalmente agrícolas del país africano casi 11 por ciento de los niños menores de cinco años corren riesgo de morir de hambre.

 

Acción Humanitaria de las Naciones Unidas

Miles de somalíes llegan a diario a los campamentos de acogida en Kenia y Etiopía ante la hambruna que padecen producto de la fuerte sequía que azota a Somalia, la peor en 60 años. La Organización de Naciones Unidas (ONU) entregó cinco toneladas de alimentos y medicinas para asistir a los niños desnutridos. “Desde principios de julio, unas 11,000 personas han llegado a Etiopía y más de 8,600 a Kenia. El promedio de llegadas diarias a Etiopía y Kenia está en torno a las 1,700 y 1,300 personas, respectivamente”, señaló el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), António Guterres. La pasada semana del 12 de Julio del 2011, la ONU lanzó formalmente un llamamiento de 136.6 millones de dólares a los donantes para atender las necesidades urgentes en el cuerno de África, fuertemente afectado por el cambio climático.

 

Peores Puntos de la Situación de Producción

El fracaso total de las lluvias de octubre a diciembre de Deyr (segunda temporada) y el pobre desempeño de las lluvias de abril y junio de Gu (primera temporada) han dado como resultado la pérdida de cosechas, reducción de la demanda de trabajo, las malas condiciones del cuerpo de ganado, y el exceso de mortalidad de los animales. Los precios locales de cereales en todo el sur están muy por encima al promedio, más de 2 a 3 veces los precios del 2010 en algunas áreas, y siguen aumentando. Como resultado, tanto de ganado a cereales como de salarios a cereales, los términos del comercio de cereales se han deteriorado significativamente. Por lo tanto, los hogares pobres (alrededor de 30 por ciento de la población) son incapaces de satisfacer las necesidades alimentarias básicas y tienen una capacidad limitada para hacer frente a este déficit de alimentos.

La inflación de los precios actuales es debido, además de la pobre temporada de lluvia, al agotamiento de las reservas de cereales en los mercados nacionales, la alta demanda, y la aceleración de los precios al por menor de combustible. Con la inminente baja producción de cultivos estacionales, no se espera que disminuyan los precios en el corto plazo. Johnnie Carson, secretario adjunto para Asuntos Africanos del Departamento de Estado, dijo que el gobierno estadounidense estaba tratando de aliviar los ciclos de muchos años de sequías y hambrunas con un programa llamado "Feed the Future", que pretende aumentar la productividad agrícola y ayudar a "las poblaciones a la adaptación al aumento de los patrones climáticos erráticos." Sin embargo, el apoyo local y la ejecución del programa han sido muy bajos.

 

Peores Puntos de la Situación de Seguridad

Los militantes islamistas que obligaron a salir de Somalia a las organizaciones de ayuda occidentales el año pasado, justo cuando la sequía se avecinaba, ahora están instando a los grupos a que vuelvan. Pero los funcionarios se resisten a ayudar, citando las decenas de trabajadores que han muerto en Somalia en los últimos años. También obstaculizan los esfuerzos de emergencia, funcionarios de ayuda sostienen, las reglas del gobierno estadounidense que prohíbe el apoyo material a los militantes, que a menudo exigen "impuestos" para permitir la entrada a la ayuda. Los efectos de la sequía se empeoran cada vez más debido a la inestabilidad política y la inseguridad en Somalia. El Gobierno Federal de Transición (GFT) y las milicias aliadas están actualmente involucrados en una campaña para arrebatarle el control del sur de Somalia a un grupo de insurgentes islámicos llamados Al Shabab. Si la ayuda internacional no llega a la población afectada pronto, la hambruna sólo continuará extendiéndose y la crisis alimentaria / humanitaria empeorará sin duda. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo el día 22 de julio del 2011, que “No podemos permitir que Somalia muera de hambre”.

 

Más Información:

• http://www.fsnau.org/
• http://www.nytimes.com/2011/07/21/world/africa/21somalia.html?_r=1
• http://www.pravdaliberation.com.ar/2011/07/urgente-africa-miles-de-somalies-huyen.html

 

Por Jatnna Garcia, pasante CDRI

 

The situation between Eritrea and Ethiopia

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Origin of the Conflict

altThe conflict began in September 1961, when an Eritrean group led by Hamid Idris Awate started a shootout against the Ethiopian army and police who were on the border that separates the two countries. A year later, Emperor Haile Selassie, based on his authoritarian power, dissolved the Eritrean parliament and annexed the two areas again extending the area of Ethiopia. After the coup that led to the deportation of the emperor in 1974 the country was in the hands of a new government named Derg, with which the country lost much of the Soviet influence that it had obtained during the time of Selassie. That's when the Eritrean Liberation Front, the armed group that strengthened during previous years, entered the Ethiopian territory, where they were captured by the local army.


The most important battles were the Battle of Barentu, in 1977, when the Ethiopian army stopped an invasion of Eritrea on the side of Somalia, and the Battle of Afabet in which the progress in the field of Ethiopian forces allowed the establishment of an Ethiopian army headquarters in south-western Eritrea. In the late 80's, the Ethiopian government lost all of the Soviet support it had, as the communist country's authorities refused to renew the agreement of defense and cooperation they had with the government of Mengistu Haile Mariam. When international aid ran out, the hopes of the Ethiopian army collapsed, and the Eritrean Liberation Front took advantage of this to advance their positions in the Ethiopian territory and ended up getting, in 1991, a referendum which two years later gave them independence from Ethiopia.
However, both parties’ agreement was not completely clear on several points concerning the definite jurisdiction of the shared border. This ambiguity led to the Eritrean troops’ occupation and annexation of the region of Badme, in May 6th, 1998. This resulted in minor clashes that helped Eritrea accuse Ethiopia for the murder of several officials and invade its neighbor with a large number of forces. Ethiopia declared war and mobilized its army to fight back, starting a new aggressive conflict that lasted just over two years, until June 2000. Since then, both sides have accumulated a large number of troops along the shared border, but there has not been any kind of confrontation so far.

 

Internal Actors                                                         External Actors
Current eritrean regime                                          UN Security Council UN
Eritrean Liberation Front                                        Algeria
Ethiopian regime and army                                   Somalia
                                                                                  African Union

 

Current Situation


In March 2011, Foreign Ministry spokesman Dina Mufti told Reuters that Eritrea tried to coordinate attacks inside Ethiopia during an African Union summit in February 2011, and that Addis Ababa had asked the West to pressure Asmara into “refraining”. Some diplomats say the planned attacks were of a sufficient scale to seriously worry Addis Ababa – Africa’s diplomatic core. “If they (international community) don’t heed, then we will take all measures necessary to defend ourselves,” Dina said. While diplomats downplay the chances of an Ethiopian attack – Addis Ababa is one of the largest recipients of Western aid — rumors are widespread in the capital that authorities are considering taking “strong measures” before the Ethiopian winter kicks in.


Some say, though, the posturing is only meant to scare the United Nations into tightening sanctions on Eritrea and to ensure the West continues to freeze the country out of the international community. Meles’ critics, however, claim he is trying to divert the attention of his countrymen to avoid North African-style unrest in a country were high living costs and unemployment are taking their toll. The greater question right now is: Are we in the process of initiation of a second war between Ethiopia and Eritrea?

 

UN’s Position  


With increasing frequency, the UN makes calls for measures to consolidate peace and normalize relations between the countries of Eritrea and Ethiopia. The UN Security Council set up  UNMEE to maintain contact with the parties and establish a mechanism to confirm the ceasefire. The UN sent UNMEE to monitor the ceasefire and help ensure the observance of security commitments. The UN recognizes the independence of both countries and promises to do everything that is in their hands to maintain the peace.

 

More Information

  • http://www.reuters.com/article/2011/04/21/us-ethiopia-eritrea-idUSTRE73K3OM20110421
  • http://ethionetblog.blogspot.com/2011/04/ethiopiaeritrea-another-war.html

 

By Jatnna Garcia, CDRI Intern

Conflict in Sudan

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Origin of the Conflict

altSUDAN, Africa’s largest country, has been characterized by constant instability. Sudan was conquered by The Ottoman-Egyptian forces in 1820. Unable to defeat a Sudanese uprising in 1885, their administration collapsed. Four years later Egyptian forces, backed by the British, re-captured Khartoum and established the Anglo-Egyptian Condominium. Under the British divide and rule strategy, the country was separated into North and South. In 1947 political power was granted to the northern elite, which retained it following independence in 1956. Anticipating marginalization by the North, southern army officers formed the Anya-Nya guerrilla movement in 1955, which began launching attacks on government troops.

In the North, in 1958 General Abboud seized power in a coup d’état and began implementing a policy of Islamization. With Abboud forced out of office in 1964. Several Arab-dominated governments followed, until General Nimieri gained power in 1969. The Addis Ababa peace agreement with the Anya-Nya in March 1972 granted autonomy to the South and integrated the guerrillas into the national army. Systematic violations of the agreement by the government, combined with the discovery of oil in the South, led to a resumption of hostilities. Following an insurgency by southern troops against the government in early 1983, President Nimieri annulled the Addis Ababa agreement in June.

Khartoum’s sheltering of Osama bin Laden and other Islamic fundamentalist groups in the early 1990s led to international isolation headed by the US. The January 2005 Naivasha Accords formally ended the North-South war with the signing of the Comprehensive Peace Agreement (CPA). The agreement incorporated the Sudan’s People Liberation Army/ Movement (SPLA/M) into a Government of National Unity (GNU) and created a schedule for 2010 elections. A separate agreement (Eastern Sudan Peace Agreement) regulating power and wealth sharing at the regional level was signed between the government and Eastern Front rebel groups in October 2006. Progress was finally made in May 2007 when al-Bashir appointed 3 Eastern Front officials to government positions.

In Darfur tensions augmented in 2003, when rebels of the SPLA/M and the Justice and Equality Movement (JEM) attacked a government quarter. The government responded with military force, relying heavily on the Arab Janjaweed militia. The militia eventually began ethnically cleansing the African tribes. The Darfur Peace Agreement (DPA) was signed by the government and the SPLA/M in 2006. With the escalating violence, the government conceded to the presence of UNAMID in 2008. In 2005, the UNSC referred the Darfur situation to the International Criminal Court (ICC). The ICC issued arrest warrants for the Janjaweed commander in 2007 and President Omar al-Bashir in 2007 and added charges in 2010. The implementation of the CPA, the Darfur Peace Agreement, and the East Sudan Peace Agreement as mechanisms to resolve conflict has been unsatisfactory.

 

Internal Actors

External Actors

Anya-Nya Guerrilla United Nations (UN)
Arab Janjaweed Militia UN Security Council (UNSC)
National Congress Party (NCP) Unites States of America (USA)
Justice and Equality Movement (JEM) International Criminal Court (ICC)
Sudan’s People Liberation Army/Movement (SPLA/M)

 

 

Current Situation

altThe disputed territory of Abyei has recently become the area of intense fighting between North Sudan and the soon to be independent South Sudan. The UN has condemned the violence in Abyei and has demanded that the north remove troops after occupying the region for over a month. President Barack Obama has also called for an end to the fighting and has sought to reconcile with Khartoum. Obama has hinted at an eventual lifting of economic sanctions on Sudan, but this will only occur if the situation in Abyei is resolved peacefully. Should the North refuse to withdraw troops, Khartoum will only become further isolated from the United States and the rest of the world.

The week of June 27th 2011, the United States outlined a UN resolution for 4,200 Ethiopian peacekeepers to be sent to Abyei. Both the North and South have agreed to this in hopes of preventing another catastrophic civil war. The UN has been asked by Khartoum to leave on July 9th, the day that South Sudan officially secedes. Should the departure of the UN peacekeepers lead to a resurgence of violence come July, the global community will have to become further involved in order to prevent the outbreak of another civil war.

 

UN’s Position

The UN believes in the right of autonomy of South Sudan. However, with the retreat of UN peacekeeping forces from South Sudan at the awaiting of the official secession of the same, the UN is afraid that the fighting and dispute might breakout again and that another humanitarian crisis/civil war might take place.

 

More Information

http://news.bbc.co.uk/2/hi/africa/3496731.stm

http://www.lemonde.fr/cgi-bin/ACHATS/acheter.cgi?offre=ARCHIVES&type_item=ART_ARCH_30J&objet_id=1148901

http://jubapost.org/
 

By Jatnna Garcia, CDRI Intern

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