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MEDIO ORIENTE Y AFRICA DEL NORTE

Las Posibilidades de Egipto para una Transición Democrática Exitosa

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altCuando los jóvenes activistas organizaron las protestas en la plaza Tahrir durante el Día Nacional de la Policía, 25 de enero del 2011, la situación había escalado más alto de lo esperado. Las décadas de medidas represivas, corrupción, carencia de libertad de expresión, alto desempleo de la juventud, y mal manejo de distribución de recursos, fueron el origen de las manifestaciones. Para el primero de febrero, cientos de miles estaban unidos en la demanda del retiro de Hosni Mubarak. La policía fue llamada para intervenir en las manifestaciones, las cuales se tornaron en un levantamiento violento. Sin embargo para mediados de febrero, después de semanas de protestas y pérdida del apoyo de los militares, Hosni Mubarak renunció. Del mismo ejército que había ayudado a los manifestantes a derrocar el largo régimen de Mubarak surgió el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. El CSFA tomó el mando con el objetivo de mantener el orden hasta que las elecciones se desarrollasen y una nueva constitución fuese confeccionada.

Las elecciones parlamentarias han sido siempre llevadas a cabo en Egipto a pesar de la existencia de un régimen autoritario; de hecho dicho proceso electoral fue siempre beneficioso para el régimen, dando un aspecto de legitimidad al mundo exterior. Tal compromiso facilitaba el conflicto de distribución de recursos y permitía a los partidarios invertir en las instituciones autoritarias. La sucesión política ha sido un problema recurrente en el cual la Hermandad Musulmana ha tenido una influencia determinante. A través de elecciones anteriores han tenido la oportunidad de establecerse como el grupo de oposición más viable en el país.

Las elecciones egipcias fueron finalmente llevadas a cabo y para el 18 de junio del 2012, Mohamed Morsi, el candidato de la Hermandad Musulmana, había derrotado al candidato militar Ahmed Shafik con más del 51 % de votos. Sin embargo, desde que el líder fue elegido ha permanecido la interrogante de si los militares y los antiguos jueces del gobierno de Mubarak están realmente dispuestos a entregar el control completo a su oponente islamista. El CSFA ha expresado que no otorgara poderes en cuanto a confección de leyes y decisiones de presupuesto hasta que el nuevo gobierno fuese elegido y una nueva constitución fuese propiamente confeccionada.

Debe ser tomado en cuenta que ninguna democracia perfecta puede surgir automáticamente, en especial luego de un régimen tan largo e intrincado como lo fue el de Mubarak. El crecimiento económico antes de la revolución fue significativo, ayudado por la diversidad de mercados (industria manufacturera, minería, turismo y agricultura). Sin embargo, la economía ha sido fuertemente afecta por la revolución y requiere de atención inmediata. El nuevo gobierno de Morsi requerirá una serie de reformas que garanticen la disminución de corrupción en el sector público, el incremento de inversión extranjera, y reestructuración de tratados comerciales.

Los problemas principales en cuanto a la transición democrática han sido determinados por el papel las fuerzas islamistas y las fuerzas militares. El CSFA, a pesar de tener un inicial apoyo popular debido a su imparcialidad durante el levantamiento en Tahrir, ha perdido gran apoyo. El cambio de Mubarak a un régimen militar provisional trajo consigo preocupaciones válidas para partidos de oposición y el resto de los ciudadanos. No estaba claro como el CSFA tomaba decisiones, y las medidas represivas todavía estaban siendo usadas.

La Hermandad Musulmana promocionaba reformas, cambio pacífico, y participación política. A pesar de que los militares y los laicistas seguirán usando el argumento en cuanto a los riesgos de una agenda islámica, la Hermandad Musulmana ha convencido a la mayoría egipcia de ser la alternativa más viable debido a sus habilidades de organización interna funcional, y poder de estabilizar a través de políticas islámicas moderadas.

Es a la vez comprensible que las minorías egipcias, como los Cristianos, tiendan a rechazar un régimen gobernado por Islamistas que muchos consideran impondrían agenda extremista. Uno de los desafíos de post-transición que enfrenta Egipto es la demanda de las minorías religiosas de que los acontecimientos injustos que se cometieron en el antiguo gobierno sean correctamente tratados, tales como sobornos públicos, restricciones religiosas y códigos que castigan la conversión del Islam al Cristianismo.

La fragilidad de la situación podría causar la fuerte crítica de cualquier medida ligeramente polémica. Aunque la Primavera Árabe sea un cambio dramático para dinámica internacional, esto no necesariamente significa que habrá un cambio positivo en cuanto al conflicto palestino-israelí. Con la victoria de la Hermandad Musulmana surge una amenaza para los tratados de paz con Israel. Teniendo en cuenta las relaciones egipcias-israelíes, es incierto si los acuerdos de paz entre ambas naciones serán dejados alterados a pesar de que Morsi ha expresado intenciones de honrar el acuerdo de 1979 con Israel.

Mientras tanto, las presiones para la total restauración de poderes presidenciales son constantes, y Morsi ha prometido representar todas las minorías mientras refuerza la unidad nacional. Las tensiones que han surgido con los resultados electorales determinarán la lucha de intereses entre los grupos egipcios. La esperanza regional e internacional sugiere que el nuevo gobierno electo tiene la capacidad de dirigir eficientemente los desafíos políticos, culturales, y económicos a fin de garantizar la estabilidad que demanda el pueblo egipcio.


Por Vanna Camille Cury
Colaboradora del CDRI.- 

 

Fotografía: digitalgroup.info

El veto de Rusia y China contra el proyecto de resolución sobre Siria

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El pasado sábado 4 de febrero, el Consejo de Seguridad (CS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se reunió para conocer el tema concerniente a la situación en Siria y votar sobre un proyecto de resolución presentado por Marruecos (miembro no permanente del Consejo), que contaba con el apoyo de varios países árabes, europeos y los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.).

El proyecto de resolución centraba su atención en condenar las acciones de represión del gobierno de Bashar al Assad contra sus opositores, así como la aplicación de varias medidas represivas que incluirían sanciones económicas y embargo de armamento.

Anticipadamente, los gobiernos de Rusia y China se habían referido sobre la propuesta, declarándola como incompleta y rechazando las sanciones presentadas, así como advirtiendo su voluntad de votar en contra de dicho proyecto. Siendo Rusia y China miembros permanentes del CS, su voto afirmativo sobre cualquier proyecto de resolución resulta necesario para que obtenga su aprobación.

A esa facultad única de los 5 países permanentes del CS, es lo que comúnmente se denomina como derecho o poder de veto.

Sin embargo, como era de esperarse, Marruecos no desistió en su intención de presentar el proyecto. El resultado de la votación contó con el voto afirmativo de 13 miembros, pero con los votos en contra de Rusia y China. Por tanto, el proyecto fue rechazado.

Su aprobación hubiese significado la esperada respuesta del órgano mas poderoso de la ONU, contra las violentas represiones y violaciones de derechos, que hasta la fecha y conforme a datos del organismo mundial, ha cobrado la vida de aproximadamente 5,400 personas.

Ahora bien, ¿Cómo puede interpretarse el veto de China y Rusia?

Particularmente, nos atrevemos a decir que el deber ser (Kant) en la política internacional y las razones de Estado no constituye un imperativo categórico. Por lo que ciertos valores que los individuos han llevado a ese nivel, en las relaciones entre estados y en las razones de estado permanecen siendo un imperativo hipotético, es decir, que actúan condicionados más por sus intereses propios que por el bienestar común.

En palabras llanas, la actitud de Rusia y China responde a sus intereses particulares; En el caso que nos ocupa, se dividen tanto en razones políticas como geoestratégicas que finalizan anteponiéndose incluso al mandato principal del CS: “… mantener la paz y la seguridad internacionales…” (Art. 24 de la Carta de Naciones Unidas).

En ese sentido, cabe mencionar que la aprobación del proyecto impediría que Rusia siga comerciando armas con Siria y controlaría su presencia naval en el mediterráneo. Mientras que de parte China, algunos expertos han indicado que podrían estar defendiendo intereses vinculados a su relación directa con Siria e Irán.

De forma oficial, ambas naciones se han mantenido firmes en el argumento de que tras el proyecto de resolución se esconde una trama para replicar el guión de las acciones celebradas en Libia, que culminaron con el asesinato de Muamar al Gadaffi; Además de declarar que la propuesta socava la soberanía de Siria y que la crisis debe ser resuelta de manera interna.

Sin dudas, todo esto resulta contradictorio a los fines mismos expresados por La Carta. Pero no debería causarnos sorpresa, pues no es más que la confirmación de lo vetusto e incompatible de la conformación y funcionamiento del CS ante la realidad del mundo actual.

En ese sentido, la actitud de Rusia y China no es más reprochable que aquellas que han realizado las otras naciones permanentes al vetar propuestas en circunstancias parecidas o bien al mostrar una actitud indiferente en momentos de crisis e inestabilidad.

Basta recordar la posición de los EE.UU., ante el conflicto en Ruanda (1991), cuya apatía provocó la inoperancia del CS, dando paso al trágico acontecimiento conocido como el Genocidio de Ruanda, donde se estima que entre 500,000 y 1 millón de personas perdieron la vida.

En el mejor de los casos, el veto de Rusia y China es una voz de alerta que exclama a los cuatro vientos la imperante necesidad de materializar de una vez por todas la reforma del Sistema de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad.

Finalmente, identificamos dos posibles escenarios para destrabar el conflicto en los próximos días:

1. Que Rusia continúe las conversaciones mediadoras con Siria, se revise el borrador de nueva Constitución preparado por el Comité Nacional Constitucional y se busque la negociación entre los actores internos en conflicto para celebrar elecciones en el menor tiempo posible;

2. Que las principales naciones que han impulsado el proyecto de resolución cedan ante las observaciones de Rusia y China, modificando el mismo para que cuente con la anuencia de estos.

Se materialice o no alguno de los antemencionados escenarios, la comunidad internacional debe evitar a toda costa la realización de acciones sin la aprobación del Consejo Seguridad, lo que sin dudas terminaría desencadenando crisis de proporciones mayores. 

 

Aníbal Mauricio Paz

Analista del CDRI.- 

Elecciones en Egipto ¿Hacia dónde va la revolución del 25 enero?

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altLa conclusión de las elecciones para los 498 escaños de la Asamblea General (Cámara Baja) del Parlamento egipcio otorga un total de 62% de los votos a los partidos islamistas, en particular al “Partido Libertad y Justicia” de los Hermanos Musulmanes (41%), al partido “Al Nour” de tendencia salafista (21%), y el resto se divide entre diversos partidos conservadores aliados a los Hermanos Musulmanes, en partidos minoritarios de izquierda, y entre la alianza de partidos liberales nacidos en la post revolución.

Los resultados han revelado pocas sorpresas. No obstante, aunque se daba por hecho el triunfo de los Hermanos Musulmanes, la llegada a la escena del partido salafista “Al Nour” ha generado alarma no solo entre los sectores liberales y la minoría copta, sino también entre los propios Hermanos Musulmanes que hasta ahora se habían apropiado del monopolio del Islam político.

Aún más sorprendente es que los clérigos salafistas, hasta el pasado 25 de enero, tachaban la democracia como una forma de apostasía y, en consecuencia, rehusaban concurrir a las elecciones. Los salafistas promueven una lectura literal de los textos sagrados, la plena instauración de la sharía, el restablecimiento del califato y la estricta separación de sexos. (Cabe destacar que este grupo también cuenta con una red de apoyo financiero importante proveniente de los estados del Golfo, en particular de Arabia Saudita, preocupada por el avance de las revoluciones árabes y las consecuencias que puedan recaer sobre su propia monarquía).

Los islamistas llevan décadas detentando la hegemonía social y cultural de Egipto y por eso no debe causar asombro los resultados de una reciente encuesta en la cual 82% de los egipcios es favorable a considerar el adulterio como un crimen, y el 90% considera que la política debe estar regida por los preceptos del Islam.

Todo esto parece incompatible con la imagen de la revolución tecnológica y democratizadora que se proyecta desde el Occidente. Por eso, ya se discute abiertamente si, en definitiva, la primavera árabe no habrá derribado los diques de contención del fundamentalismo islámico.

Es por esto que se hace difícil hablar de una victoria para la democracia en estos momentos ya que el único cambio sustancial y palpable de la transición ha sido la entrada legal de la Hermandad Musulmana en la vida política.

Los Hermanos Musulmanes sin duda serán la fuerza principal del próximo parlamento egipcio, y el hecho de que las elecciones parlamentarias se realicen antes de las elecciones presidenciales facilitará que la elección del nuevo jefe de estado también dependa, en parte, de su creciente influencia. Al mismo tiempo, esto promete una vida partidista activa y un parlamentario más democrático, ya que los centros de poder se distancian de su centro histórico, el poder ejecutivo. En el mismo sentido, la apertura de la contienda electoral será beneficioso para las ideas liberales auque estas no logren su supremacía – es decir la libertad de elección no implica que los votantes serán liberales.

Tomando en cuenta este escenario, surge la interrogante ¿Ha realmente ocurrido una revolución en Egipto?, o más bien estamos frente a una nueva reconfiguración de dos fuerzas conservadoras – de un lado el ejercito, del otro los Hermanos Musulmanes – lo que permite estabilizar la situación a favor de una nueva elite gobernante y a conservar los fundamentos de un régimen autoritario que ha sobrevivido a pesar de la caída de Hosni Mubarak.

Es importante tener en cuenta que la presencia de los manifestantes en la plaza Tahrir condujo a la salida de Hosni Mubarak, no necesariamente porque los manifestantes se lanzaron a las calles, sino porque los militares lo permitieron, y prefirieron el golpe de Estado a la represión. Este hecho no debe calificar al ejército como una fuerza revolucionaria, y mucho menos indicar que la revolución ha triunfado. Simplemente fue la manera más efectiva para inducir un fenómeno de solidaridad en torno a las verdaderas ambiciones de los militares: la protección de sus intereses. Cabe destacar que la mayoría de las empresas públicas en Egipto están dirigidas por militares, incluyendo el Canal de Suez, la principal fuente de recursos del país. Igualmente, el presupuesto anual de Defensa, los salarios, y el patrimonio de los militares no están sujetos a supervisión del Estado.

Es importante no caer en el error de vaticinar un gobierno egipcio al estilo del “modelo turco”, pues el ejército egipcio no es laico. Desde sus orígenes y hasta la reafirmación en los últimos años de la sharia como "principal fuente de legislación", el mando militar siempre ha mostrado su orientación islamista. Como confirma la analista Cynthia Farahat en su análisis para el Middle East Quarterly, su rivalidad "debe entenderse no como una lucha entre dos dictaduras, una autocrática y secular y otra de carácter religioso y conservador, sino como una lucha entre dos grupos rivales ideológicamente similares, si no idénticos, y con raíces e intereses comunes. "

Si algo es cierto es que la revolución de Tahrir eligió la libertad y la democracia multipartidista, y pese a que al inicio se mantuvo una actitud ambigua en las movilizaciones, los partidos islamistas quienes llegaron tarde a la escena revolucionaria han sido sus principales beneficiarios. Y aunque los Hermanos Musulmanes hayan aceptado formalmente las reglas del juego político, por el momento, en el futuro tendrán que esforzarse por demostrar que son capaces de conciliar el Islam y la democracia.

Pero la tarea más urgente e imperante a la fecha para el nuevo gobierno, es la de convivir con una Junta Militar poco inclinada a ceder el poder a un gobierno civil y, mucho menos, a uno controlado por los islamistas. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, dirigido por el mariscal Tantawi, tratará de evitar que el poder islamista se extienda más allá del Parlamento, para lo que empleará todos los privilegios constitucionales que todavía conserva el Ejercito – y los cuales Tantawi tratará de consagrar en la nueva constitución bajo el lema de “principios supra-constitucionales”.

Lo único cierto tras la revolución del 25 enero es que la contienda entre los islamistas y los militares apenas ha comenzado.

María Gabriela Bonetti
Miembro del CDRI

La Nueva Política Egipcia y el Futuro del Tratado de Paz con Israel

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altEl impacto de la Primavera Árabe, visto desde la revolución en Egipto, y seguida por las elecciones al Parlamento, ha dejado su huella histórica, elevando significativamente el dominio de los partidos Islámicos en el poder político, con una mayoría parlamentaria absoluta, tras las dos primeras etapas de las elecciones parlamentarias.

En la primera etapa de las elecciones, el Movimiento de la Hermandad Musulmana (el Partido de la Justicia), alcanzo un 49% del total de escaños en el Congreso (73 de 150), mientras que los Salafistas del partido Al-Nur, obtuvieron el 20%.

En la segunda etapa de las elecciones, la Hermandad Musulmana alcanzo el 40% de los votos y Al-Nur, aumento a un 35%. A pesar de que la etapa final de las elecciones se llevará a cabo en Enero del 2012, podemos estimar que el Parlamento Egipcio, será controlado, en su mayoría absoluta, por dos partidos motivados por una visión radical.

Según la prensa árabe, los dos partidos Islámicos, han manifestado que al asumir el poder político, continuaran respetando el acuerdo de paz con Israel. Las publicaciones, se basan, esencialmente, en las declaraciones formuladas por altos funcionarios de ambos partidos, aclarando que “Egipto debe respetar los acuerdos internacionales que ha firmado”.

Sin embargo, un análisis riguroso de las posturas presentadas por los dos partidos, nos indica una tendencia alarmante, en la cual los actores principales mantienen como objetivo, la cancelación de los acuerdos de Camp David, causando a Egipto el mínimo daño posible en aspectos diplomáticos y económicos.

Nuevas Condiciones de Egipto

La Hermandad Musulmana estableció una serie de criterios para la evaluación de los acuerdos internacionales firmados por Egipto, y entre ellos, los acuerdos de Camp David. En primer lugar, según el movimiento, se considerara la ley islámica (la Sharia), mientras que en segundo lugar, se tomara en cuenta la posición del pueblo egipcio. En tercer lugar, afirma la Hermandad Musulmana, se considerara el grado de cumplimiento del acuerdo por la contraparte.

La plataforma jurídica del Partido de la Libertad y la Justicia, determina que cumplirá con los tratados internacionales, sobre los derechos humanos, siempre y cuando “no contradigan a la Sharia islámica”.

En cuanto al acuerdo de paz con Israel, la misma plataforma establece que los tratados entre países, deben ser aceptados por el pueblo, y basados en los principios de justicia. "Por lo tanto, el partido considera como su obligación, la revalorización de muchos de los acuerdos que se firmaron en diversas áreas, por el antiguo régimen" 2.

“Volver a examinar el Tratado con Israel”

Altos dirigentes del Partido de la Libertad y la Justicia, en numerosas ocasiones, han manifestado su apoyo a la terminación de los acuerdos patrocinados por Estados Unidos, así como la ruptura de relaciones diplomáticas y económicas con Israel.
El 25 de agosto del 2011, el Presidente del Partido, Dr. Mohammed Morsi, exigió, públicamente, “una revisión de los acuerdos”, argumentando la violación sistemática de Israel con el acuerdo firmado 3.

Dr. Ahmed Abu Baraka, asesor jurídico del partido y un alto dirigente de la Hermandad Musulmana, expreso el 28 de agosto, que era necesario volver a examinar todas las cláusulas del acuerdo de Camp David, con fin de considerar su anulación en caso que se requiera. Abu Baraka, recalco la importancia de desplegar fuerzas egipcias en el Sinaí, equipados con armamento pesado y avanzado, con el fin de disuadir a Israel 4.

Dr. Mohammed Gamal Hismat, un alto dirigente del Partido de la Libertad y la Justicia y miembro del parlamento anterior, propuso el 24 de agosto, establecer un comité legal que examine el acuerdo de Camp David a la luz de la "violación continuada" de Israel 5.

Dr. Essam El-Arian, el jefe adjunto del Partido de la Libertad y la Justicia, minimizo, el 23 de Agosto, la importancia de las amenazas estadounidenses de suspender la ayuda a Egipto, si no reconocerá los acuerdos firmados, y afirmó que Israel estaba violando el acuerdo “de manera flagrante” "6.

Dr. Hamdy Ismail, el secretario del partido en el Distrito de Ismailiya, explicó el 31 de Octubre, que la cuestión de los acuerdos de Camp David, afecta directamente a la ciudadanía egipcia, y por lo tanto, presentó una propuesta de considerar el futuro del tratado, a través de un referéndum. 7

Dr. Ahmed Rami, líder del partido en el distrito de Qalyubiya, llamo el 27 de agosto, a “examinar” el acuerdo de Camp David, señalando que la revolución en Egipto, marcó el comienzo de una marcha por la liberación de Jerusalén, ya que "la entidad sionista está al borde del colapso" 8.

Estas posiciones, recibieron una importante ratificación por parte del líder de la Hermandad Musulmana, el Dr. Mohammed Badie, quien en sus cartas semanales a los activistas del movimiento, elabora su doctrina y posiciones con respecto a los Estados Unidos e Israel. Badie, reconoce el acuerdo de Camp David como "una rendición" ante Israel, y presenta una lista de demandas sobre este tema. En su carta del 5 de mayo de 2011, Badie escribió:

“En voz alta, pedimos la terminación de la normalización, que le proporciona a nuestro enemigo [Israel] la estabilidad. Llamamos a poner fin a la seguridad de las fronteras sionistas y a la matanza de los infiltrados en [territorio] del enemigo,9 así como [detener] las exportaciones de gas que causan daño a nuestra seguridad nacional. Llamamos a una acción inmediata, para completar la apertura del cruce de Rafah -de forma permanente- y a una revisión de los acuerdos de Camp David, para que pueda ser presentado ante la Comisión Nacional que fue elegida en elecciones libres, permitiendo al fin, presentar su opinión después de negarse durante años. 10

Badie define a Israel y a los Estados Unidos, como los “principales adversarios de Egipto”. En su carta semanal del 6 de Octubre del 2011, llega a la conclusión de que "nuestro principal enemigo es el plan sionista-estadounidense, que aspira a hacerse cargo de toda la región, a fin de establecer el ‘Gran Israel’ y el Nuevo Medio Oriente" 11.

Badie no reconoce ninguna opción de una posible cooperación con Israel o Estados Unidos. Por el contrario: desde su punto de vista, estos dos países, representan la amenaza más peligrosa a Egipto, determinando que se encuentran en un estado de decadencia histórica:

“Las fuerzas globales, los sionistas y los estadounidenses, están absorbiendo una serie de desastres y derrotas, comenzando con el aislamiento de Israel y la pérdida de sus seguidores regionales, y los fracasos estadounidenses en el ámbito militar (en Irak y Afganistán). 

En el ámbito económico, vemos el peligro de la caída del régimen capitalista, como resultado de una política equivocada, y los enormes gastos en las guerras dirigidas bajo el pretexto de liquidar lo que llaman el ‘terror’. Han perdido su credibilidad entre los pueblos y ahora han perdido sus fuentes de financiación, y no descartamos la posibilidad de que su destino se aproximará al de la Unión Soviética (…) Al mismo tiempo, las revoluciones de la Primavera Árabe, presentan un cambio total en el mundo árabe y en el mapa nacional” 12.

La ‘irrelevancia’ del tratado de paz, se expresa en las aspiraciones publicas de la Hermandad Musulmana en llevar a cabo la "liberación" de todo el territorio de "Palestina", un concepto que encaja con su plataforma ideológica islámica, y que encuentra su expresión en la evaluación presentada por Badie, el 9 de Junio del 2011. En su carta semanal a sus activistas, expresó:

“La victoria está cerca, con la ayuda de Alá, que es definitiva y no puede haber ninguna duda al respecto. La restauración de Palestina, Al Quds [Jerusalén], el Golan, y todas las tierras que Israel conquistó, ya no es una imaginación calenturienta, pero la esperanza de que pronto se llevará a cabo…. La era de la “superioridad” de Israel - ha terminado. Israel ha comenzado a dudar de su misma continuidad y supervivencia” 13.

La posición oficial de los salafistas del Partido Al-Nur, se parece a la de la Hermandad Musulmana. El Dr. Emad Abdel Ghafour, líder del partido, declaro que:

“Es nuestra obligación cumplir con los acuerdos que Egipto firmo, y exigimos que los mismos se cumplan. Hay muchos términos en el acuerdo de paz que no se llevaron a cabo [por Israel], como es la solución del problema palestino, el derecho de la libre determinación [de los palestinos], y la autonomía de un Estado palestino en el territorio palestino. Hay muchas cuestiones que se deben implementar para que el pueblo palestino sienta que se ha beneficiado del proceso de paz ....El acuerdo de paz de Camp David requiere una nueva examinacion”. 14

Dr. Yousry Hamad, portavoz del partido Al-Nur, explicó que la posición del partido hacia al acuerdo de Camp David, fue adoptada sobre la base de la Sharia.

¿Optimismo fundamentado?

El optimismo hacia a un cambio profundo en las posiciones de estos movimientos de extrema Islámica egipcia, en cuanto a Israel, se basa aparentemente en declaraciones generales en la prensa árabe. Sin embargo, la realidad nos señala la formulación de tácticas sofisticadas con fin de realizar el objetivo estratégico: renunciar a los acuerdos de Camp David, con la transformación de Egipto en la principal fuerza regional que llevará la ofensiva diplomática y militar contra Israel.

La Hermandad Musulmana, así como el partido Al-Nur, están buscando un punto de salida conveniente, reconociendo las consecuencias de una violación a un tratado diplomático conforme al derecho internacional, cuestión que podrá tener un impacto inmediato en la economía egipcia.
Egipto recibe 1,3 mil millones de dólares al año, en ayuda militar por parte de EE.UU. En el 2010, por cierto, la ayuda económica estadounidense ascendió en unos US $ 250 millones. La fortaleza principal del ejército egipcio, se basa en tecnologías y armas estadounidenses, incluyendo los aviones F-16 y F-14, helicópteros Apache, tanques M1A1 y M60A3, misiles tierra-aire, aviones espía, y mucho más. Incluso, en el marco de la cooperación militar bilateral, los ejércitos de ambos países, realizan tradicionalmente entrenamientos conjuntos.

Entonces: ¿Cómo anular el Tratado de Paz?

Al parecer, la suerte ya está echada y la decisión estratégica ha sido tomada. La única cuestión en agenda, seria la forma de implementar la dramática decisión al menor costo posible, manteniendo el "juego democrático".

Por lo tanto, es probable que veamos en un futuro próximo, el sometimiento del acuerdo de Camp David a la decisión del nuevo Parlamento, que será controlado por los partidos islámicos, así como a un posible referéndum - lo que “suavizara” la responsabilidad de cualquier futuro gobierno egipcio por la cancelación del tratado de paz. La justificación inmediata, será el “incumplimiento de Israel con las cláusulas del acuerdo”, a fin de atribuir a Israel la culpa de la anulación del tratado.

Al parecer, la Hermandad Musulmana estima que después de su toma de poder y considerando los logros adicionales de la “primavera árabe”, EE.UU. se verá obligada a aceptar la nueva realidad. Paso a paso, las fuerzas políticas en Egipto, seguirán aspirando a vaciar el contenido democrático de la revolución, implementando, en practica, el enfoque del partido Al-Nur: la ley religiosa Islámica.

Desde el punto de vista de Israel, la revolución democrática en Egipto y su impacto en las urnas como una Revolución Islámica, tiene el potencial de transformar a Egipto, en el futuro inmediato, en un posible enemigo, volviendo al histórico círculo de Estados en confrontación.

Realizando estas graves consecuencias, Israel está haciendo todo lo posible por preservar el acuerdo de paz. Sin embargo, los acontecimientos en Egipto, conducirán inevitablemente a la creación de un grave desafío a la seguridad fronteriza en el Sur de Israel.

El “nuevo Egipto”, tratara de ejercer su plena soberanía en el Sinaí, desplegando fuerzas regulares que, aplicando diversos argumentos, acusaran a Israel con "violaciones" de los acuerdos firmados. De allí, procederán explicando la necesidad de defenderse contra un ataque israelí, y concluirán con la “obligación moral” de Egipto en proteger a sus hermanos palestinos en Gaza.

Así mismo, el movimiento de la Hermandad Musulmana en Egipto, que es el movimiento de los padres fundadores de Hamas, ofrecerá apoyo continuo a Hamas, ahora con más poder, considerando los últimos resultados parlamentarios.

Es posible que uno de los primeros objetivos de esta organización, después de asumir las riendas del poder, será garantizar una frontera abierta en el cruce entre Gaza y Egipto, ofreciendo a Hamas asistencia integral, económica y militar, cuestión que planteara nuevos desafíos a la seguridad del estado de Israel. La entrega de armas, el apoyo en aspectos de Inteligencia, el despliegue de fuerzas egipcias en el Sinaí y / o en Gaza, requerirán que Israel evalúe nuevamente sus funciones operativas en la zona.

Estos posibles acontecimientos, podrán ser evitados, en caso de que Estados Unidos y sus aliados internacionales, tomen, activamente, una firme posición, ante cualquier intento de enfrentar el Medio Oriente ante un tsunami regional, con la posible cancelación del tratado de paz entre Israel y Egipto.

Por Jonathan Halevi y Yossi Abadi

NOTAS:

1. http://www.ikhwanonline.com/new/Article.aspx?ArtID=96953&SecID=0
2. http://www.hurryh.com/Party_Program.aspx
3. http://www.hurryh.com/Provinces/Our_news_Details.aspx?News_ID=1933&ID=23
4. http://www.hurryh.com/Provinces/Our_news_Details.aspx?News_ID=2000
5. http://www.hurryh.com/Party_Article_Details.aspx?News_ID=1872
6. http://www.hurryh.com/Our_news_Details.aspx?News_ID=1850 

Tensión Entre Irán E Israel Altera Cuadro Regional

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Últimamente se ha hecho bastante popular entre algunos expertos en temas internacionales un juego llamado « la incursión persa ». Aunque sea un juego, su autor alega que las informaciones contenidas en el mismo son de absoluta veracidad, al menos desde el punto de vista de su fuente informativa, que parece provenir desde los servicios secretos israelíes.


Según el esquema del juego, hay dos bandos, Irán siendo uno de ellos e Israel siendo el otro. Luego hay una serie de actores secundarios (en el juego), tales como Estados Unidos, Rusia, China, Naciones Unidas (que engloba a los segundones, incluida Europa en esa categoría) y algunos de los países árabes, Arabia Saudita, los estados del Golfo.
El juego es como el Monopolio, pero solo con dos jugadores, los cuales pueden prepararse para la guerra, ya sea Irán comprando armamento chino y asegurándose apoyo político ruso, mientras Israel confirma sus pedidos de aviones bombarderos norteamericanos y consigue una promesa de neutralidad de parte de los sauditas.


La importancia de este juego radica en que sus presupuestos son más reales que los del simple juego de Monopolio (¿se imagina usted realmente comprando un edificio en Madison Avenue?), ya que con la creciente tensión en la región, especialmente desde que la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) emitió su informe sobre la posibilidad de que Irán está tratando efectivamente de dotarse de un arma nuclear, el escenario del juego « la incursión persa », pasa a la categoría de posibilidad.


Como es lógico, en los debates semanales de los aspirantes Republicanos a la candidatura presidencial (los canales de televisión están haciendo “su agosto” organizándolos), el tema de Irán ha tomado fuerza y las opiniones vertidas radican casi todas en torno a la necesidad de destruir las instalaciones nucleares iraníes, que hasta donde se sabe, son todavía de carácter experimental.


Para los iraníes, esas no son simples disquisiciones de campaña, pues hay algún precedente. En efecto, en 1981, Israel envió sus aviones a pulverizar una base posiblemente nuclear en Irak y en el 2007, la aviación israelí bombardeó un sitio de Siria donde se sospechaba que ese país experimentaba para una posible bomba nuclear. Aparentemente en este último caso se trató de una iniciativa únicamente israelí, pero como se ha revelado posteriormente, el entonces vicepresidente norteamericano Dick Cheney (lo escribe él mismo en sus memorias “In My Time”) presionó fuertemente en las reuniones presidenciales para que Estados Unidos bombardeara las instalaciones sirias.
Según el mismo Cheney, cuando el presidente Bush preguntó quién respaldaba esa propuesta, Cheney se quedó solo, pues Bush tampoco era partidario de la operación. Algunos meses más tarde Israel se ocupó de la faena, pero no solamente los iraníes se deben preguntar si para hacerlo Israel no contó con la luz verde norteamericana.


Como respuesta, Siria acusó a la “comunidad internacional” de ignorar las acciones militares israelíes, sin más, al tiempo que negaba que el lugar bombardeado fuera una base de experimentación nuclear. Pudo haber respondido al ataque, pero los sirios sabían, como todo el mundo, que Israel no busca armas nucleares porque ya las tiene y puede utilizarlas.
En ese contexto comienzan a entrar las hipótesis planteadas en el juego que, como bien se supone, obedecen efectivamente a las que de seguro han diseñado los estados mayores militares y de inteligencia de los países concernidos. En efecto, ya desde el otoño de 2010 Wikileaks revelaba que Arabia Saudita había expresado por la voz de su representante en Washington, su excelente disposición a entender que se atacara militarmente a Irán.


Esto adquiere toda su importancia si se sabe que, según el juego « la incursión persa », si Israel decidiera atacar a Irán, necesitaría de la aprobación saudita o turca para que sus aviones puedan llegar hasta Irán. Pero como las relaciones de Turquía con Israel se han deteriorado por el asunto de Gaza (y en el trasfondo porque Turquía necesita establecer con claridad su emergente liderazgo en el mundo musulmán), a Israel sólo le quedaría la opción saudita.


Este potencial y aún hipotético conflicto se origina en el más viejo entre Israel y sus vecinos árabes a causa de los palestinos. Grosso modo es así. Y de hecho la injusta situación que afecta a ese pueblo ha sido el telón de fondo de la perenne crisis en el Medio Oriente. Pero más allá de la obligada solidaridad de árabes y musulmanes con la causa palestina, existe la rivalidad entre varios poderes regionales, a saber, Arabia Saudita, Egipto, entre los árabes, pero también Irán y Turquía. Y cada uno promueve su agenda de manera diferente, tratando de ocupar en el mundo musulmán un liderazgo que en Occidente hace tiempo se definió.


Irán fue durante las décadas de poder de la monarquía (y de la Guerra Fría) un importante peón en el tablero norteamericano en un área neurálgica, gracias a su cercanía geográfica con la Unión Soviética. Pero en la medida en que crecía el odio popular contra el Shah de Persia, igualmente crecía en dirección a Estados Unidos, sostén principal de la monarquía. Ya se conoce lo que ocurrió entre ambos países de 1979 en adelante. Esa animosidad se ha mantenido.
Y así como una circunstancia determinada favoreció que Estados Unidos ajustara cuentas con el Irak de Saddam Hussein y la Libia de Gadaffi, Irán, que humilló a los norteamericanos ocupándole su embajada y manteniendo secuestrado a su personal durante tres años, sin que estos pudieran hacer nada sino negociar, tiene que suponer que Estados Unidos está acechando la ocurrencia de cualquier circunstancia que les permita “meterle mano” a los insolentes mullahs de Teherán.
En cuanto a Israel, los iraníes han dicho y repetido que la “entidad sionista” debe ser “borrada del mapa”, declaración que forma parte del arsenal de la simple propaganda, porque Irán conoce sus limitaciones y una de ellas es la imposibilidad militar de ser el atacante de Israel. De hecho, la fortaleza iraní es esencialmente de carácter defensivo, no necesariamente porque esa sea su filosofía, sino porque sus potenciales enemigos, sea Israel o Estados Unidos, son superiores. Pero si Irán se dota del arma nuclear, Israel puede suponer que la tentación sería muy grande de pasar de la retórica a los hechos.


Con ese cuadro, imposible de ignorar, el régimen iraní se ha lanzado a una guerra de nervios, ambigua por conveniencia, en la que alcanzar la bomba nuclear es un objetivo nacional y que cuenta con respaldo popular. Es que ser opositor al régimen no significa necesariamente para un iraní estar de acuerdo con los poderes extranjeros. Precisamente ese argumento ha sido utilizado por quienes se oponen a una acción militar llamada “preventiva” para poner fuera de servicio las bases de experimentación nuclear iraníes.


De producirse, la humillación sería resentida por toda la nación y cabe esperar que un nuevo régimen, aún rompiendo con la dictadura religiosa, tendría que satisfacer la expectativa popular de responder en algún momento hasta lavar la afrenta. El peligro, sin embargo, de que se produzca un ataque militar israelí es tan real que no solamente el propio presidente israelí, Shimon Peres ha alertado contra el mismo, sino que el secretario de Defensa norteamericano igualmente dio su opinión contraria.


Se ha supuesto y se sigue suponiendo que Israel, cercado por el triunfo de revueltas populares en varios países árabes, necesita tomar la iniciativa y mover el centro de interés desde el conflicto israelo/palestino hacia otras latitudes donde el consenso es más difícil. Así las cosas, sus abiertas amenazas de bombardeo de los sitios nucleares iraníes buscarían, en primer lugar conseguir que nuevas sanciones sigan debilitando al gobierno de ese país, al tiempo que se desvía el centro de atención fuera del expediente Israel/Palestina.


Expertos piensan que en realidad Israel podría convivir perfectamente con un Irán poseedor del arma nuclear, de la misma manera que Corea del Sur lo hace con Corea del Norte, su irascible vecino, que por lo demás es mucho más imprevisible que Irán. Igualmente son parte del club nuclear dos enemigos con relaciones muy tensas, India y Pakistán. E incluso se citan las décadas en las que Estados Unidos y la URSS, ambos poseedores de armas nucleares se enfrentaron en los más variados escenarios sin hacer uso de la temible bomba.


Para cerrar el cuadro, a la luz de lo acontecido con Gadaffi, que negoció la destrucción de sus bases de experimentos nucleares, pensando que sus excentricidades podrían entonces ser aceptadas ad infinitun por Occidente (la situación de los libios no les interesaba particularmente a esas potencias desde que tuvieran a Gadaffi neutralizado) para luego verse destruido y eliminado por la intervención de los bombarderos de la OTAN, da mucho que pensar a los iraníes, que prefieren verse en el espejo norcoreano que en el de Libia.


Eso quiere decir que Irán no renunciará a seguir buscando su bomba nuclear, incluso bajo la amenaza de bombardeos israelíes limitados. En efecto, Israel podría contar con la inofensiva indignación saudita si traspasa su espacio aéreo para bombardear a Irán una vez, pero no una segunda vez porque a ese país tampoco le interesa ser blanco de vengativos ataques iraníes.


A eso, los expertos agregan que si Israel destruye o daña las instalaciones nucleares iraníes, ese país puede en 18 meses recuperar lo perdido. Y siendo así, lo más racional es coexistir con un Irán armado, que de todas maneras estará consciente de que usar el arma nuclear puede tener un precio demasiado alto para todo el que la tenga y la use.

 

Por Sully Saneaux
 

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