funglode
Estas en: Home

EUROPA

¿Qué pasará con Julian Assange? El asilo diplomático y sus precedentes

Escribir un correo electrónico Imprimir PDF

 

alt

Si usted está leyendo este artículo probablemente tres palabras pasaron por su mente: Wikileaks, Estados Unidos de Norteamérica y Ecuador. En ese mismo orden se puede comprender a grandes rasgos el inicio de Wikileaks: una organización que presagió una revolución tecnológica en favor de la transparencia y terminó convirtiéndose en la triste historia de su fundador. Hoy, quien la revista Forbes definió como el profeta de la transparencia involuntaria[i], se encuentra asilado en las instalaciones de la embajada de Ecuador ante el Reino Unido donde enfrenta una orden de arresto y una solicitud de extradición hacia Suecia por supuestos cargos de agresión sexual.

Aunque mucho se ha escrito sobre el controversial Assange y su organización, poco se ha hablado de la naturaleza controvertida del asilo diplomático en las relaciones internacionales.  En efecto, el derecho general al asilo diplomático regulado por instrumentos internacionales es únicamente reconocido como tal en América Latina: fuera de la región los casos de nacionales extranjeros solicitando asilo en una embajada se han tratado de manera individual. Más aún, solo en América Latina podemos encontrar convenciones internacionales vigentes que reconocen y regulan el uso del asilo como figura de protección.[ii]

El asilo diplomático: puntos encontrados

La historia del asilo en América Latina es mejor entendida en nuestro contexto particular: el proceso de consolidación de los Estados latinoamericanos estuvo muy marcado por casos de persecución política. De hecho, el precedente judicial de la Corte Internacional de Justicia donde no se reconoce el derecho al asilo como un derecho universal, proviene de un caso que involucró a Perú y Colombia. En efecto,  en 1948 el líder político Peruano Víctor RaúlHaya de la Torre  se asiló en la embajada de Colombia en Lima a fin de evitar ser encarcelado por el régimen del entonces dictador peruano Manuel Odría. El dictador persiguió a Haya de la Torre debido al rol que este jugó como líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana en un levantamiento fallido en contra el gobierno Peruano en 1948.

En aquel entonces las relaciones diplomáticas entre Colombia y Perú habían tocado un punto bajo y la primera decidió otorgar asilo diplomático a Haya de la Torre en su embajada en Lima. Al igual que Ecuador con Assange, Colombia solicitó un salvoconducto a Perú para garantizar la integridad física del asilado en su traslado al exterior. Perú se negó en repetidas ocasiones y debido a ello  Colombia decidió someter el asunto a la Corte Internacional de Justicia.  La Corte determinó que la figura del asilo diplomático, solo opera en presencia de un acuerdo bilateral o multilateral entre uno o más Estados. Sumado a ello, el tribunal afirmó que el asilo, en principio, no puede ser utilizado en oposición a las decisiones de los tribunales nacionales reconocidos en ejercicio de su jurisdicción.  No obstante, la Corte se abstuvo de afirmar que Colombia debía entregar al asilado: más bien ella dictaminó que Colombia debía ‘‘terminar’’ el asilo otorgado aunque ello no implicare la ‘’entrega’’ física del político peruano.

En pocas palabras, en ausencia de un acuerdo, el asilo diplomático no es parte del derecho internacional general y sus fuentes enumeradas en el artículo 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.[iii] El precedente creado por esta sentencia es hoy considerado clave para entender por qué los casos de asilo diplomático son tratados de manera individual.

No obstante lo anterior, la doctrina latinoamericana en materia de asilo ha dedicado extensas publicaciones al asunto de la regulación internacional del asilo. A tal punto se ha desarrollado el tema que incluso se habla de distintos tipos de asilo (diplomático, político y territorial).[iv]  Dicha doctrina encuentra su expresión legal en un nutrido andamiaje de instrumentos jurídicos latinoamericanos que inician con la Convención de Derecho Penal Internacional de Montevideo de 1899. Posteriormente se adoptaron varios acuerdos y convenios que regulan la figura del asilo político en la región. Entre ellos es menester resaltar: La Convención sobre Asilo de la Habana de 1928Convención de Sobre Asilo político de Montevideo de 1933, El Tratado Sobre Asilo y Refugio Político de Montevideo de 1939.

Dichos instrumentos responden a una larga tradición de buena vecindad  y líderes políticos que lucharon simultáneamente en los movimientos independentistas de varios países: Simón Bolívar es el mejor ejemplo. Sin embargo, en ningún otro lugar del planeta se ha desarrollado tan extensivamente la figura del asilo.  Nos basta con afirmar que en la actualidad la doctrina Europea y Norteamericana sobre la materia sigue siendo ambigua y no se ha dedicado ha desarrollar la idea de un ‘‘derecho universal’’ o principios generales aplicables al asilo diplomático: ello se ha dejado a la discreción de los Estados.

¿Qué pasará con Assange?

Es de conocimiento general que  el Reino Unido se ha negado a otorgar un salvo conducto a JulianAssange.  En términos legales, recordemos que la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 hace de las embajadas ‘’territorios inviolables’’ por el Estado acreditante. Por lo que Assange puede permanecer en la embajada de Ecuador en Londres.  Un ejemplo ilustrativo es el famoso caso de Manuel Noriega quien en vísperas de la invasión norteamericana de Panamá en el 1989, se refugió en la embajada de la Santa Sede. Una vez allí las fuerzas norteamericanas no podían violar las instalaciones de la embajada por lo que utilizaron un método muy poco convencional para capturar a Noriega: instalar un equipo de altavoces muy con música a todo volumen para hacer que este se entregara.

En razón de lo anterior, cabe preguntarse, ¿qué tan lejos irá el Reino Unido para capturar a Assange? El asunto de la inviolabilidad de instalaciones consulares ocupó un espacio notorio durante la década de los ochenta en el parlamento inglés. Ello debido a la muerte de una oficial de la policía metropolitana de Londres quien fue ultimada en una protesta frente a la embajada de Libia en 1984. En aquel entonces se determinó que el disparo fue realizado por un miembro de la misión Libia ubicado dentro de las instalaciones de la embajada. La ira de la sociedad inglesa no se hizo esperar y el legislador buscó la forma de otorgar más control al gobierno sobre las instalaciones diplomáticas para evitar otra tragedia de este tipo.

En virtud de ello, el parlamento inglés adoptó La Ley sobre Instalaciones Consulares y Diplomáticas de 1987. La misma, en principio, otorga la facultad al gobierno para determinar ‘’qué territorio se considera parte o no de las instalaciones de una embajada’’ de forma tal que teóricamente se podría ‘‘revocar’’ el estatus diplomático de un edificio consular. El problema es que dicha facultad podría utilizarse para violar la integridad física de una misión consular: un hecho sin precedente alguno en la historia reciente de las relaciones internacionales. Resulta preocupante que en el mes de Agosto el gobierno Británico remitió al gobierno Ecuatoriano una misiva  en la que afirmó ‘‘podría’’ invocar la mencionada ley para arrestar JulianAssange dentro de las instalaciones de la embajada.[v]

Solo basta una mirada somera a las implicaciones geopolíticas y legales de arrestar a Assange dentro de una embajada para entender que difícilmente el Reino Unido seguirá ese camino.  Entendemos un escenario más plausible sería que Assange permanezca en la embajada de Ecuador hasta tanto se encuentre una solución política a su salida del Reino Unido. Scotland Yard dejará policías en guardia constante y probablemente el asunto se ahogue en los mares de la inercia. Al final no olvidemos que Assange no es Haya de la Torre: él está lejos de atraer la presión política necesaria para que el Reino Unido otorgue un salvoconducto. Más aún, la solicitud de extradición hacia Suecia es solo la antesala de algo que todos saben: una posible extradición hacia el país más afectado por las acciones de Wikileaks, uno que ha demostrado tener mucha perseverancia cuando de perseguir a un individuo se trata.

 

Por Emil Chireno Haché, M.A.

Miembro del CDRI.-

 

Notas


[i]http://www.forbes.com/sites/andygreenberg/2010/11/29/an-interview-with-wikileaks-julian-assange/

[iii] Para acceder a la decisión general ir a http://www.icj-cij.org/docket/files/7/1849.pdf. Adicionalmente la Corte ofreció un resumen de la controversial decisión en

 http://www.icj-cij.org/docket/index.php?sum=68&code=haya&p1=3&p2=3&case=14&k=d4&p3=5

[iv]Para una análisis detallado de las tres figuras, ver a HectorGrossEspiell en:

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/2/678/6.pdf

Mariano Rajoy y el reto latinoamericano

Escribir un correo electrónico Imprimir PDF

altMariano Rajoy asume como nuevo presidente del gobierno español y como encargado de trazar los lineamientos más importantes de la política exterior, entre ellos el que corresponde a la relación con América latina. El papel que le cabe al presidente de gobierno español en la configuración de la política exterior es muy importante, y en ocasiones más que la del propio Ministro de Asuntos Exteriores.

Por eso, la visión que sobre América latina tuvieron Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero marcó la evolución de las relaciones hispano-latinoamericanas a lo largo de las últimas décadas. Ahora le toca el turno a Mariano Rajoy quien como el resto de predecesores debe diseñar, dentro de la continuidad, el sendero por el que debe marchar esa relación.

Adolfo Suárez, el inicio de una nueva relación

Las bases de la actual política española hacia América latina se iniciaron con Adolfo Suárez (1976-1981). Se restablecieron las relaciones con México, se iniciaron los viajes al continente y los Reyes de España privilegiaron la apuesta latinoamericanista como una de las principales vetas de su diplomacia “real”.

El propio Adolfo Suárez fijó los ejes de la relación referidos al “vínculo que nos une a un pasado histórico y a un patrimonio cultural y espiritual comunes; vínculo que genera nuestra afinidad fraternal y motiva nuestras preferencias”.

El Presidente del Gobierno Adolfo Suárez y el Presidente del Consejo de Ministros Cubano Fidel Castro

Eduardo González Calleja en su trabajo “La ayuda al desarrollo de los gobiernos españoles hacia Latinoamérica, 1976–1992? recuerda que “precisamente durante sus primeros viajes oficiales a Latinoamérica, don Juan Carlos recuperó el término de Comunidad Iberoamericana o Comunidad Hispánica de Naciones, que había sido desarrollado por Martín Artajo como materialización política en la realidad cotidiana del viejo ideal de la Hispanidad. Ahora, por el contrario, se le intentaba dar un contenido más práctico, inequívocamente democrático y no intervencionista”.

Además, el 11 de octubre de 1979 nació Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) como organismo centralziador de la relación y la colaboración entre ambos lados del Atlántico y el 12 de octubre quedó constituido como fiesta nacional.

Fue el inicio de una época, que perdura hasta la actualidad donde España mantuvo una mirada global hacia la región, como señala Carlos Malamud del Real Instituto Elcano: “una de las principales virtudes de la política española hacia América Latina es que pensaba a la región como un todo…La política global hacia América Latina no es, ni ha sido, patrimonio de los gobiernos españoles, ya que los partidos políticos, cuando hablan de la región, algo que no siempre ocurre, suelen partir de las mismas consideraciones”. La marca de Suárez quedó para la posteridad.

Felipe González, la consolidación de la relación

Las relaciones entre España y América latina vivieron su momento dorado durante la gestión de Felipe González (1982-1996). El prestigio personal del presidente en la región le valió para tener un papel relevante en los años 80 sobre todo en la pacificación de Centroamérica.

Pero fue en los noventa cuando la relación cobró la forma que ha llegado hasta la actualidad. En 1991 comenzaron las Cumbres Iberoamericanas, el mayor proyecto de liderazgo español, compartido, en la región. Y en 1992 se celebró el V Centenario del Descubimiento de América. Como dice Susanne Gratius “sin duda, Iberoamérica es una construcción española. Fue Felipe González quien, en 1991, plasmó el pensamiento iberoamericano en la celebración de Cumbres anuales”.

Felipe González junto a Raúl Alfonsín

Felipe González impulsó una política exterior hacia América latina muy personalizada (gracias a sus relaciones de amistad con Carlos Andrés Pérez, Alan García, Raúl Alfonsín…) pese a lo cual como señala González Calleja se logró impuslar la institucionalziación de la relación: “la cooperación y la ayuda al desarrollo experimentaron un notable impulso, sobre todo en áreas como la educación, la cultura, las ciencias y las comunicaciones, hasta el punto de que, desde 1982 a 1992, el presupuesto de ayuda multisectorial a Latinoamérica se multiplicó por cuatro”.

Con España en la CEE desde 1986, el gobierno de González aspiró, no sin claras contradicciones, a actuar como portavoz de América latina en Europa, en temas comerciales y políticos.

A lo largo de los 90, la relación ya no fue solo política y cultural sino que se inició un nuevo tipo de vínculo económico con el desembarco de grandes empresas españolas (Santander, BBVA, Repsol, Endesa, Iberdrola, Telefónica etc.) y social con la llaga de emigrantes latinoamericanos a España.

Como señala Gonzalez Calleja “las inversiones españolas en Latinoamérica se multiplicaron en esos años, hasta trasformarse a la altura de 1992 en el mayor flujo inversor de los siete grandes países europeos presentes en la zona, con un nivel inversor conjunto de 23.000 millones de dólares”.

El Rey tomó en los 90 una decisión también muy importante pues impulsó la presencia del Príncipe Felipe (en 1996 asistió en Guatemala a la primera trasmisión de mando en un país de la región) quien empezó a viajar de seguido a distintos actos oficiales y en especial a las transmisiones de mando. Se trataba de una apuesta de futuro del Rey Juan Carlos I con vistas a mantener el vínculo entre la Casa Real y las repúblicas latinoamericanas.

La época de José María Aznar

En muchos sentidos, los gobiernos de José María Aznar (1996-2004) fueron de continuidad y profundización de las políticas socialistas con respecto a América latina. Por ejemplo, la inversión de las empresas españolas siguió aumentando de forma considerable.

Aznar apostó por revitalizar las Cumbres Iberoamericanas que tras un comienzo prometedor (1991-93) empezaron a decaer. Su propuesta de crear una Secretaría General Iberoamericana, que acabó ocupando Enrique Iglesias, se vio como un gran acierto. Aznar con esta medida venía a reforzar también su proyecto de situar a España como líder regional (la SEGIB estaba financiada principalmente por España y tenía su sede en Madrid).

Un liderazgo español encontró sus límites cuando Aznar trató en 2003 de convencer, por ejemplo, a Vicente Fox de que entrara en la II Guerra del Golfo en apoyo de Estados Unidos y sus aliados (el Reino Unido, Portugal y la propia España).

Como señala el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, Pedro Pérez Herrero en una ponencia titulada “LAS RELACIONES DE ESPAÑA CON AMÉRICA LATINA DESDE 1808 HASTA LA ACTUALIDAD” presentada en Guadalajara (España) en noviembre de 2011 “el Partido Popular no sólo no fue capaz de mostrar el juego de cintura necesario para confeccionar una política de Estado alternativa con respecto a América Latina, sino que siguió insistiendo en la necesidad de aplicar con dureza las medidas neoliberales”.

Pérez Hererro añade en ese texto que “la visita de José María Aznar a México en julio de 2001 para tratar de convencer a Vicente Fox de que apoyara la guerra del golfo y la política bélica liderada por George W. Bush se saldó con un rotundo fracaso precisamente en un uno de los países gobernado por un partido de centro derecha como el Partido Acción Nacional. Las relaciones entre España y América Latina comenzaron a partir de entonces a enfriarse”.

No faltaron en esos años ciertas tensiones con Chile a raíz del apresamiento de Augusto Pinochet en Londres por orden del juez Garzón o con Venezuela, por el presunto apoyo de Aznar al gobierno golpista de 2002.

En el punto en el que más se diferenció la política de Aznar hacia América latina con respecto a la de su antecesor fue en la postura de dureza que defendió en el seno de la UE contra el régimen de Fidel Castro. Aunque irónicamente en el periodo comprendido entre 1996 y 2004, Fidel Castro visitó España en dos ocasiones y Aznar estuvo en la isla en noviembre de 1999 durante la Cumbre Iberoamericana.

Zapatero, en blanco y negro

Los años de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) fueron de grandes esperanzas en la relación con América latina pero de escasos frutos prácticos.

Hubo decisiones acertadas como la creación de una Secretaría de Estado para Iberoamérica pero la gestión de Trinidad Jiménez, como secretaria de Estado para Iberoamérica no logró conferir una dirección clara y con contenido a las relaciones. Además, con la llegada de la crisis una de las primeras víctimas fue precisamente esa secretaría.

Zapatero apostó, como Aznar, por establecer “alianzas estratégicas” con determinados países de la región como Chile, Argentina, Brasil, Colombia y México. Pero la firma de esas alianzas no pasó de un mero gesto para la galería pues finalmente carecían también de contenido.

Además, la política con respecto a América latina fue un motivo de fuertes querellas internas pues la presunta cercanía del gobierno Zapatero con respecto a gobiernos como el de Hugo Chávez o Evo Morales, fue utilizada por el PP para lanzar fuertes críticas al ejecutivo.

Zapatero además deja el gobierno con un fuerte sabor amargo. En 2010 no acudió a la Cumbre Iberoamericana, algo inaudito en la historia de estos foros, y en 2011 el de su despedida, 10 gobernantes latinoamericanos no acudieron a la reunión en Paraguay.

Ese es el panorama en que se encuentra Mariano Rajoy.

Uno de los retos del nuevo presidente en su relación con América latina estará en detener el profundo deterioro en el que han entrado las Cumbres Iberoamericanas, sobre todo tras el fracaso de la de Asunción en 2011.

Como señala un Informe de Carlos Malamud para el Real Instituto Elcano, la cumbre del año que viene en Cádiz se antoja crucial: “esta Cumbre debería marcar el principio de una profunda reflexión sobre el significado de la relación iberoamericana, una relación que debe darse en múltiples direcciones, actuando todos los participantes en pié de igualdad y de forma responsable. En este sentido Cádiz será una cita clave para determinar el rumbo futuro del sistema iberoamericano, ya que bien puede marcar el inicio de la recuperación o ser el principio de un prolongado declive”.

Malamud añade que para evitar ese declive “hay que repensar todo el mecanismo de las Cumbres, auspiciando su bienalidad, pero sabiendo que eso soluciona muy poco. Hay que ir más allá y repensarlo todo de arriba abajo, comenzando por el papel de España. Hay que descentralizar todo el entramado iberoamericano, dando mayor protagonismo y responsabilidades, incluyendo los aportes económicos, a los latinoamericanos. Son muchas las cosas que se pueden y se deben hacer, pero para ello es necesario abrir un período de reflexión y potenciar, por encima de todo, la relación entre los países ibéricos y América Latina”.

En esa línea, el propio Rajoy, en el debate de investidura del lunes, señaló a la Cumbre de Cádiz de 2012 como “el mejor marco para estrechar lazos” y renovar el vínculo atlántico: “no olvidaremos tampoco la necesidad de reforzar el vínculo iberoamericano y del papel de la lengua española como nexo de unión e instrumento económico de primer orden. En este sentido, creemos que el Bicentenario de la Constitución de Cádiz es el mejor marco para estrechar estos lazos, trasladando al mismo tiempo el mensaje del valor de la cultura en español y la calidad de nuestra democracia”.

Para el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, Pedro Pérez Herrero, estas palabras no hacen sino confirmar que “España deberá reformar a su vez el discurso hispanista con respecto a América Latina a fin de acomodarlo a los nuevos tiempos. La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (programada para otoño de 2012 en Cádiz) servirá de termómetro para comprobar la eficiencia de la política diseñada por el gobierno de Mariano Rajoy con América Latina”.

El reto latinoamericano de Mariano Rajoy requiere de importantes decisiones e ideas novedosas para modernizar la propuesta española hacia la región. La incógnita es si un gobierno monopolizado, lógicamente, por la crisis tendrá margen de maniobra para emprender o acometer otros retos.

El reto latinoamericano puede definir cuál es la posición de España en el mundo, algo a lo que el propio Rajoy da enorme importancia: “tenemos que resolver qué lugar queremos que España ocupe en el mundo. Tenemos que resolver cómo insertarnos con ventaja en un escenario global, más poblado, más competitivo y más exigente”. 

Artículo de la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB).- 

¿Qué cambiará en Italia con el gobierno de Monti?

Escribir un correo electrónico Imprimir PDF

altEl fin de una era y la solución técnica

En los años de la “era Berlusconi” hemos vivido de todo y él lo ha protagonizado todo: el boom de la construcción en Milán, el crecimiento exponencial de los mensajes publicitarios subliminares, la entrada del marketing empresarial en la política, la salida de la política de la gestión de la cosa pública y la cosa pública que se vuelve “cosa nostra”. Los conflictos de intereses aumentaron y el país empezó a ser manejado como una de las tantas empresas Mediaset o como un equipo de fútbol. Entre lifting facial, tacos vertiginosos para las cumbres presidenciales y las fotos de grupo, las orgías de palacio y un matrimonio fallido, por no hablar de una interminable cadena de tropezones diplomáticos (solo para mencionar el último y más evidente, las relaciones con Gadafi), Berlusconi se cava su propia tumba.

La “política” italiana se transformó en un duelo entre “togas rojas” y el pobre Presidente del Consejo de Ministros, perseguido desde todos los lados del hemiciclo parlamentario. Su popularidad decae, sus aliados los abandonan y los movimientos sociales italianos retoman fuerza, mientras el centro-izquierda aún no logra canalizar la creciente insatisfacción y el enorme disgusto de los ciudadanos, hacia un proyecto país de verdad progresista, de verdad alternativo, de verdad humana y sostenible.

Es en este escenario que se concretiza la solución técnica. Mario Monti, economista Presidente de la Universidad Bocconi de Milán (sin duda la más elitista del país), lidera la transición y el parlamento italiano le garantiza su confianza. Monti integró la Comisión Europea ocupándose de mercado interno, servicios financieros e integración financiera, fiscalidad, competencia y unión aduanera; además de ser un académico altamente reconocido, es asesor de diferentes corporaciones internacionales como Goldman Sachs o Coca-Cola. Es claramente un perfil académico y técnico, como del resto los ministros que conforman su gabinete.

¿Qué es lo que comporta un gobierno de este tipo? Primero una tregua en la confrontación entre las dos principales fuerzas partidarias del país que, vista la situación nacional, europea y global, se vieron obligados a buscar un remedio alternativo.

Segundo, no menos importante, la posibilidad que los partidos ven de recapitalizar sus fuerzas electorales durante un gobierno que estará obligado a tomar medidas impopulares de las cuales, supuestamente, no serán los partidos los directos ejecutores. Las dos coaliciones esperan así pagar el menor precio político por la crisis actual. Un análisis de puro oportunismo.

Tercero, un corte definitivo con la gestión “creativa” de quien por fin nos ha dejado en paz. No solamente el primer ministro, sino también todos aquellos (¡y aquellas!) principiantes y politiqueros, soubrettes prestadas (mejor dicho compradas) a la política de los y de las cuales se contornaba el “utilizador final”. Esperemos que los aprendizajes del pasado reciente hayan sido asimilados de manera real y que nos ayuden a salirnos del pantano en el cual nos estábamos ahogando.

Cuarto, ideas aparentemente claras en economía: no que todo el mundo comparta su visión, pero por lo menos Monti tiene una visión. Cosa de la cual carecía Berlusconi. Desde su columna en el periódico más acreditado del país, Il Corriere della Sera, Mario Monti decía durante los meses de verano: «Es necesaria una profunda reorientación de la política italiana […] disciplina fiscal […] aumentar la productividad, la competitividad y el crecimiento; y reducir las desigualdades sociales ». Crecimiento y equidad social, dos palabras que ponen de acuerdo a todos los partidos. Pero, ¿estamos de verdad seguros que la variación positiva del PIB así como se calcula en todo el mundo pueda generar equidad social?

En el día de los trabajadores, Monti escribía: «El crecimiento sano y duradero se obtiene explicando a los ciudadanos y a los mercados la política económica que el gobierno quiere implementar, manteniéndola en el tiempo y haciéndola así creíble» . No hay duda que dedicarse a la política económica del país y no a su defensa personal de los “ataques” de la magistratura o de periodistas investigativos sea elemento central de una gestión de gobierno; pero, ¿de verdad el bienestar de los ciudadanos italianos, hoy en día, se puede garantizar por la política económica nacional? ¿Pueden, en esta coyuntura global, los italianos y más en general los europeos esperar de poder mantener los niveles de vida que han alcanzado en las últimas década sin que esto siga generando desigualdad a nivel tanto nacional como mundial y, dado que está muy de moda, calentamiento global?

Quinto, muchos analistas ya lo subrayan, comportará la implementación de aquellas políticas neoliberales y de derecha que Berlusconi siempre anunció pero que nunca llevó a cabo de verdad. Distraído quizás por las curvas de sus invitadas o de sus ministras. Por tanto, cierto grado de continuidad se mantiene también bajo este gobierno de técnicos; las manifestaciones estudiantiles y de trabajadores convocadas justo después de que los nuevos ministros asumieran el cargo, y la misma represión policial de siempre, lo demuestran.

¿Qué nos espera?

¿Realmente puede un gobierno técnico cambiar 17 años de “berlusconismo” en un año y medio y en la actual coyuntura global? ¿Aceptarán los italianos medidas impopulares (por ejemplo, elevar la edad de la pensión o aumentar la “flexibilidad” laboral) propuestas por un gobierno no electo aunque tenga el respaldo del Parlamento?

Desde su blog (el más leído en Italia y uno de los 10 blogs más leídos en el mundo), Beppe Grillo, cómico italiano y cara visible del “Movimiento 5 Estrellas”, habla de otro golpe de Estado haciendo referencia al libro “Técnica del golpe de Estado”, escrito en 1931 por el periodista y escritor Curzio Malaparte, y prohibido en varias naciones entre las cuales Italia y Alemania. Según Grillo, el libro se escribió para que gobiernos y ciudadanos puedan defenderse y tomar las justas medidas al aproximarse un posible golpe de Estado. El gobierno de Monti sería entonces un “golpe de Estado perfecto”, porque se desconoce; es un golpe de Estado durante el cual los ciudadanos exultan por algo que en realidad los priva de participación pública.

Mientras los aluviones dejan muertos tanto en el Norte (en Liguria 6 muertos) como en el Sur de Italia (en Sicilia 3), las excavadoras, los tractores y los camiones de hormigón no dejan de trabajar. Se construye y se asfalta hasta casi dentro de los ríos, y después nos preguntamos por qué el agua no filtra en los suelos, por qué los montes se desmoronan y se forman ríos de agua, barro, escombros y basura que recorren las ciudades, mientras ciudadanos atónitos ven como las olas se llevan sus autos y como los telediarios recorren al eufemismo del “calentamiento global” para enmascarar un sistema de producción y consumo insostenible que nos está llevando al fracaso… también global.

Mientras 42 mil edificios escolares aún esperan las necesarias obras de mantenimiento o reestructuración (358 millones de euros aprobados pero no desembolsados), el nuevo Ministerio de Defensa aprueba una “shopping list” de 500 millones de euros para un sector, el de los gastos militares, que en 2010 ha crecido un 8,4%; un 1,3% del PIB que significa el octavo lugar en el ranking mundial de gastos militares (2% del total de gastos militares de todos los países). Y estos gastos solo se refieren al ejército de tierra. Paralelamente, el presupuesto nacional para la cooperación internacional vuelve a bajar de manera preocupante: se pasará de un récord negativo en 2011 (179 millones de euros), a otro récord negativo para el 2012 (86 millones de euros).

Cuando Monti habla de “crecimiento con equidad”, ¿tendrá en cuenta estos datos? Parece difícil solo pensarlo. Cuando Monti negociará la futura privatización (y entonces venta/regalo a los grandes capitales franco-alemanes, los mismo que penetraron Grecia) de las grandes empresas estratégicas como Eni, Enel, Finmeccanica, Poste Italiane, Ferrovie dello Stato (de las cuales el Estado aún mantiene gran parte del paquete accionario y de las cuales se genera cada año endeudamiento público), ¿aún estará pensando en equidad? Parece difícil imaginarlo. Las negociaciones en Europa ya han comenzado e Italia parece lista a rendirse y entregarse. ¿Para salir de la crisis? ¿Para el bien común? ¿Para qué?

Hace por lo menos cinco o seis años yo afirmaba que no era América Latina que se estaba “europeizando”, sino Europa que se estaba “latinoamericanizando”. Aumento de las desigualdades, endeudamiento público, FMI y privatizaciones están ahí a la vista de todos. ¿Por qué no aprender de los países latinoamericanos entonces? Sobre todo Italia, que para mí siempre ha sido un pedazo de América Latina pegado a Europa.

Marco Coscione.-  

Crisis griega

Escribir un correo electrónico Imprimir PDF

alt

 

Actualmente Grecia enfrenta una tensa situación económica y política, como consecuencia de la deuda pública nacional, lo cual vuelve a preocupar a la comunidad europea. A pesar de las ayudas financieras, especialmente el último rescate del 2010, Atenas retorna a presentar complicaciones económicas que amenazan con afectar los pagos del país ante su compromiso internacional. Dichas ayudas recibidas por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional no han sido suficientes y se prevé la necesidad de negociar un rescate para evitar la quiebra del país heleno. Dichos préstamos y otras medidas para confrontar la crisis (recortes presupuestarios, reducción de empleos, etc.) han provocado revueltas violentas en el pueblo griego, donde solo en mayo de 2010 murieron tres personas durante una marcha multitudinaria. Las convocatorias a las huelgas generales suceden asiduamente, además la crisis económica ha provocado un problema de migración en los países de la unión durante los últimos años.

 

El Sincretismo Cultural y el Islam en Rusia

Escribir un correo electrónico Imprimir PDF

Mesquita y Iglesia Ortodoxa en el Kremlin de Kazán, en TartaristánEl ataque terrorista en el Aeropuerto Domodedovo de Moscú el pasado 24 de enero ha dirigido la atención de la comunidad internacional hacia los problemas enfrentados por Rusia en su relación con el terrorismo islámico. Pese a la victoria del gobierno ruso en la última guerra de Chechenia y el aparente ambiente de seguridad y estabilidad establecido en Rusia bajo la dirección de Putin y su sucesor Medvedev, la amenaza del fundamentalismo islámico militante sigue en pie. Aunque sería tentador asociar este acto terrorista a ataques similares vividos en Madrid o en Londres en los últimos años, el caso ruso resulta ser mas complejo, puesto que se trata de terrorismo interno y de un islam endémico a Rusia. De hecho, la Federación Rusa consta de unos 20 millones de musulmanes, lo que equivale al 14% de su población total. Estos musulmanes se concentran en dos regiones: el Cáucaso del Norte (Chechenia, Daguestán, Ingusetia…), y la región de la Volga (Tartaristán, Bashkortostán…). A estos hay que agregar unos 5 millones de inmigrantes musulmanes provenientes de las ex-repúblicas soviéticas de Asia Central y del Cáucaso—en particular de Tayikistán, Uzbekistán, y Azerbaiyán—la mayoría habitando centros urbanos tales como Moscú, San Petersburgo, y Nizhny Novgorod. Para comprender las raíces del terrorismo islámico en Rusia, es necesario entonces comprender la historia del Islam a lo largo de la evolución del estado ruso. Este artículo, el primero en una serie de artículos investigando la relación de Rusia con el Islam, investiga la historia de Rusia y el Islam desde la invasión de Rusia por los Mongoles en el siglo XIII hasta la caída del comunismo soviético en el siglo XX.

Desde sus inicios, la trayectoria rusa se ha visto entrecruzada con la historia de la religión islámica y de los diferentes pueblos musulmanes que han pertenecido al espacio imperial ruso. Desde la conquista de la Rus de Kiev por los Mongoles en el siglo XIII, y el establecimiento del Kanato musulmán de la Horda de Oro sobre las estepas de Eurasia, los principados rusos fueron subyugados durante tres siglos por un imperio islámico turco-mongol y sus estados sucesores tártaros. No fue hasta el siglo XVI que el Príncipe de Moscú, Iván el Terrible, conquistó los Kanatos Tártaros de Kazán, Astrakán, y Crimea para entonces proclamarse como el primer Zar de Rusia. Al regresar a Moscú, el primer Zar construyó la Iglesia de San Basilio frente al Kremlin en celebración de su victoria. Esta iglesia es reconocida internacionalmente como el monumento mas emblemático de Rusia; sin embargo, pocos reconocen la ironía que esconde esta iglesia, símbolo de la ambigua relación de Rusia con el Islam: en realidad, la iglesia de San Basilio tomó inspiración arquitectónica de la mezquita de Kazán, que constaba también de ocho torres y una cúpula central, y fue destruida por Iván el Terrible durante su conquista. Por consiguiente, es irónico que el monumento emblemático de Rusia por excelencia haya tenido como inspiración una mezquita tártara relegada al olvido. Sin embargo, esto no es más que un simple ejemplo del distintivo sincretismo cultural ruso, pueblo eslavo, ortodoxo y europeo que repetidamente culpó a su herencia “oriental”—mongola y tártara—por su “atraso”, y ha tratado repetidamente de “occidentalizarse” a lo largo de su historia.

Al momento del Imperio Ruso expandirse desde Europa hasta el Pacifico, y de Siberia a Asia Central y el Cáucaso, Rusia pasó a incluir cada vez mas pueblos musulmanes en su imperio, tales como los Cherquesos, Chechenos, y Daguestanos del Cáucaso, los Azerís y Turkmenos de la meseta persa, y los Uzbekas, Tayikos, Kazakos, y Kirguices de Asia Central. La era imperial rusa fue una época a la vez de violencia y convivencia entre religiones. Por un lado, Kazán, la capital tártara a orillas de la Volga, se volvió uno de los principales centros de manifestación del poder imperial ruso—en particular desde el punto de vista de la dominación rusa ortodoxa sobre los tártaros musulmanes. Mientras que “Nuestra Señora de Kazán” pasó a ser una madre patrona de los Rusos, habiéndosele dedicado gloriosas catedrales en Moscú y San Petersburgo, los tártaros de la Volga sufrían persecuciones religiosas mientras que se les prohibía la construcción de mezquitas. No fue hasta el siglo XVIII, bajo la autoridad de Caterina la Grande, que se construyó la Mezquita Märcani en Kazán, la primera desde la conquista rusa. Esto se realizó en el contexto de una apertura hacia la tolerancia religiosa, mediante el decreto del Sínodo Sagrado “Sobre la Tolerancia de todos los Cultos Religiosos” de 1773, y el reconocimiento oficial de la libertad de culto para los musulmanes en 1788. Sin embargo, el siglo XIX vio la prolongación de esta ambivalencia entre tolerancia y represión. Por un lado, la conquista del Cáucaso se tornó en un baño de sangre: los Cherquesos, habitantes musulmanes originales del Cáucaso del Noroeste, fueron en su gran parte masacrados, y la mayoría de los sobrevivientes huyeron al Imperio Otomano, sus descendientes habitando hoy en día en Turquía, Siria y Jordania. Estos reclaman hasta el día de hoy el reconocimiento internacional del “Genocidio Cherqueso.” Por otro lado, los vasallos de Asia Central, y en particular los Kanatos de Jiva y Bujará, gozaban de un alto nivel de autonomía, y continuaron con su tradición literaria y religiosa perso-islámica hasta la llegada del comunismo.Verde Oscuro: Repúblicas Musulmanas en la Federación Rusa; Verde Claro: Ex-Repúblicas Soviéticas Musulmanas; Morado: Resto de Rusia; Rosado: Ex-Repúblicas Soviéticas Cristianas

La era Soviética llevó a una reconfiguración radical de la relación entre cristianos y musulmanes dentro de la superpotencia socialista. Por un lado, el ateísmo soviético limitaba el culto religioso tanto entre musulmanes y cristianos. Por otro lado, el gobierno central soviético reescribió las historias de todas las naciones constituyentes de la Unión Soviética bajo un cuadro marxista de lucha entre clases, para así formar una identidad supranacional soviética. De este modo, las culturas uzbeka, tayika, azerbaiyana, armenia, georgia, kazaka, y tártara—para solo mencionar algunas—aportaban cada una a la diversidad nacional, cultural y étnica del imperio soviético. Las autoridades soviéticas cursaban una fina línea entre la definición nacional de sus repúblicas y la dominación de estas por el estado centralizado en Moscú. Mientras que en algunos momentos las autoridades centrales impulsaban sentimientos nacionalistas en sus repúblicas musulmanas, tal y como sucedió en Azerbaiyán durante la Segunda Guerra Mundial en un esfuerzo soviético de anexar las provincias iraníes de población azerbaiyana, las autoridades soviéticas también recurrían a castigar colectivamente otros pueblos que acusaban de “chovinismo,” tal y como sucedió con los tártaros de Crimea, deportados en su mayoría hacia Asia Central.

Sin embargo, este balance entre impulso nacionalista (en un proceso denominado “arraización”) y represión cultural (la denominada “rusifiación”) se rompió en la última década soviética, cuando la crisis económica y el estancamiento soviético se manifestaron en el creciente resentimiento de las repúblicas hacia el gobierno central. Los subsecuentes movimientos de movilización nacionalista llevaron a la caída del estado soviético y su fragmentación en 15 repúblicas independientes. Esto ha tenido dos impactos mayores sobre la Rusia de hoy en día. Por un lado, la movilización nacionalista anti-soviética no se limitó a las 15 repúblicas socialistas soviéticas, sino que también se expandió entre los sujetos federales de la República Rusa. Dos sujetos federales rusos, la República de Chechenia y la República de Tartaristán, declararon simultáneamente su independencia de Rusia, y aprovecharon del caos reinante para establecer sus propias relaciones diplomáticas en el extranjero como estados independientes. Por otro lado, millones de ciudadanos de las nuevas repúblicas independientes de Asia Central y el Cáucaso—las áreas mas pobres y con mayores conflictos armados en el espacio post-soviético—emigraron masivamente hacia Rusia, país al que consideraban que aún pertenecían. Así nacieron los retos de los movimientos secesionistas y de la inmigración que marcan fuertemente hoy en día el panorama de la nueva Rusia frente al Islam.

Por Marino Auffant, Miembro Local del CDRI

Página 1 de 2