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ANALISIS


Estados Unidos - Cuba ¿Fin de la Guerra Fría?

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Por Leonel Fernández

(Publicado en Listín Diario el 22-12-2014)

Mientras tanto, a pesar del restablecimiento de los vínculos diplomáticos entre los Estados Unidos y Cuba, todavía falta, para que haya plenas relaciones entre ambos países, que se levante el embargo que pesa sobre el pueblo cubano desde hace 53 años.

A pesar de que hace cerca de un cuarto de siglo, con la caída del Muro de Berlín, en 1989, y el desplome de la Unión Soviética, en 1991, que la Guerra Fría había llegado a su fin, eso no había ocurrido con respecto a Cuba, cuyas relaciones con los Estados Unidos habían permanecido tensas.

Paradójica - mente, un año después de la desaparición de la Unión Soviética, en el 1992, los Estados Unidos reforzaron el embargo contra Cuba, mediante la aprobación de la llamada Ley Torricelli; y lo mismo ocurrió entre los años 2002 y 2003, cuando el gobierno cubano fue acusado por su homólogo norteamericano de desarrollar armas biológicas.

Ahora, con el reciente anuncio hecho por el presidente Barack Obama, de los Estados Unidos, y Raúl Castro, de Cuba, de restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países, suspendidas desde 1961, la Guerra Fría, por fi n, parece estar llegado a su término en la región del Caribe.

Algunas personas se cuestionaban por qué razón los Estados Unidos podían mantener relaciones diplomáticas formales, por ejemplo, con la República Popular China o con Vietnam, ambos dirigidos por el Partido Comunista de sus respectivos países, y, sin embargo, no hacer lo mismo con Cuba.

La respuesta, invariablemente, tiene que referirse al hecho de la presencia de la económicamente poderosa y políticamente infl uyente comunidad cubana en el Sur de la Florida, medularmente anticastrista.

No obstante, recientes encuestas indican que como consecuencia de las actitudes y estado de ánimo de una nueva generación, más del 50 por ciento de los emigrantes cubanos de esa localidad favorecen en estos momentos un cambio de política de los Estados Unidos hacia la isla.

Eso, naturalmente, parece haber contribuido a que el presidente Obama haya tomado la decisión que adoptó en favor del cambio de rumbo en las tradicionalmente tortuosas relaciones entre su país y la Cuba revolucionaria; y esto así, en razón de que aunque no podrá presentarse como candidato en la próxima contienda electoral norteamericana en noviembre del 2016, disminuye, sin embargo, el costo político que ese histórico acto de audacia pudiese tener para el Partido Demócrata.

Ambiente de distensión

Pero desde el 2009, durante su primer período de gobierno, el presidente Barack Obama había tomado algunas medidas en favor de fl exibilizar los viajes familiares, facilitar el envío de remesas a familiares y amigos, así como conceder licencias a compañías de telecomunicaciones para operar en Cuba.

De igual manera, el gobierno cubano, que preside Raúl Castro, ha venido tomando, desde hace varios años, un conjunto de acciones que revelan la voluntad política de introducir cambios en los mecanismos de funcionamiento de la economía de su país.

Entre esos cambios, se encuentran, por ejemplo, el de la concesión de derechos a los individuos y cooperativas para cultivar productos agrícolas en fi ncas propiedad del Estado; el del derecho de adquisición de la propiedad inmobiliaria; el del establecimiento de pequeños negocios privados; el de la eliminación del tope salarial; y el de la promulgación de la Ley de Inversión Extranjera.

Por supuesto, antes de la actual gestión del presidente Obama, se habían presentado otras iniciativas, a lo largo del tiempo, para distender o relajar las relaciones entre Washington y La Habana.

Eso ocurrió, por ejemplo, durante el período de gobierno de Gerald Ford, a mediados de los años setenta, precisamente cuando los Estados Unidos estaban poniendo en ejecución su política de détente, o fl exibilización de las tensiones con la Unión Soviética, en el marco de la Guerra Fría.

Posteriormente, durante el gobierno del presidente Jimmy Carter se tomaron también varias medidas orientadas a mejorar las relaciones entre ambos países. Desafortunadamente, sin embargo, Carter se vio atrapado en una situación interna de crisis económica, así como de desafíos externos, como fue el triunfo de la Revolución islámica en Irán, que le impidieron concentrarse en una agenda cubana.

Los gobiernos de Reagan y de los Bush, tanto del padre como del hijo, implicaron un retroceso en la búsqueda de una política de coexistencia o convivencia pacífi ca entre Cuba y los Estados Unidos.

Sin embargo, durante la época del presidente Bill Clinton, en la década de los noventa, volvieron a plantearse nuevas iniciativas que procuraban un acercamiento con Cuba, y eventualmente una reanudación de relaciones formales entre la patria de Washington y la de José Martí.

Ahora, como ha podido apreciarse, se ha producido el gesto del presidente Obama. Y ese gesto, aunque tiene mucho de altruismo y generosidad, responde también al hecho de que las autoridades norteamericanas no podían dejar de contemplar, con cierta inquietud, tanto política como económicamente, la reciente ampliación y fortalecimiento de los vínculos del gobierno de Cuba con Rusia y China, potencias rivales de los Estados Unidos.

En el caso de Rusia, se trata de la visita que hizo el presidente Vladimir Putin a la isla caribeña en julio de este año, en el que condonó el 90 por ciento de la deuda cubana con su país, ascendente a 35 mil millones de dólares.

Por su parte, el presidente Xi Jimping, de China, también visitó a Cuba en el mismo mes de julio de este año, aprovechando la ocasión para ampliar los programas de inversión, comercio y cooperación entre su país y la nación cubana.

Pero antes que Rusia y China, el gobierno de Brasil había promovido una fuerte inversión para la renovación del puerto de Mariel, cerca de La Habana, y la conversión de Cuba en un centro de logística y transporte.

Reacción Norteamericana

Así pues, al tiempo que otros países ampliaban vínculos comerciales con Cuba, un núcleo de empresarios norteamericanos, que exportan alimentos, productos agrícolas y medicinas a esa nación caribeña, observaban con preocupación cómo, a pesar de una cierta relajación con respecto al embargo, sus cuotas de mercado disminuían en forma signifi cativa.

Esos empresarios, provenientes de distintos Estados de la Unión norteamericana, empezaron a enviar comunicaciones a la Casa Blanca, expresando sus inquietudes con respecto a lo que estaba ocurriendo y sus deseos de que el gobierno norteamericano les permitiera mayores actividades comerciales con Cuba.

A esas peticiones de los empresarios norteamericanos se le sumaron, desde diciembre del año pasado, siete editoriales del prestigioso diario, The New York Times, argumentando en favor del restablecimiento de vínculos formales entre los Estados Unidos y Cuba, así como diversas publicaciones de distintos centros de pensamiento que operan en Washington y que resultan muy infl uyentes entre las autoridades públicas norteamericanas.

Para iniciar un diálogo político que permitiese avanzar en la reanudación de vínculos diplomáticos entre las dos naciones, sólo parecían interponerse dos problemas: por un lado, la situación de Alan Gross, un contratista de USAID condenado a 15 años de prisión por presuntamente intentar, mediante la distribución de equipos tecnológicos, provocar desestabilización política en Cuba; y por el otro, el de los tres ciudadanos cubanos condenados en los Estados Unidos por supuestos actos de espionaje.

Para encontrarle una solución a esos problemas, el presidente Obama buscó durante los últimos tres años diversas alternativas, entre ellas, inclusive, la intermediación de la República Dominicana frente al gobierno cubano.

Pero no fue sino durante su visita al Vaticano, en el transcurso de este año, cuando pudo lograr la mediación del Papa Francisco, en adición al involucramiento del gobierno del Canadá.

Las negociaciones se realizaron. Hubo un intercambio de prisioneros, el anuncio de apertura de embajadas en las capitales de ambos países y la reanudación de relaciones diplomáticas formales.

Frente a esos hechos, sin embargo, los principales líderes cubanosnorteamericanos ante el Congreso estadounidense, los senadores Marco Rubio y Robert Menéndez, y los congresistas, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, han expresado, como habría de esperarse, su desacuerdo con tales medidas.

Igual ha ocurrido con el exgobernador de la Florida y potencial candidato republicano para las elecciones presidenciales del 2016, Jeb Bush, quien se ha manifestado opuesto a las medidas adoptadas por el presidente Obama.

Por su lado, Hillary Clinton, posible candidata presidencial por los demócratas, aunque no se ha referido en lo inmediato a la situación, en su libro de memorias, Hard Choices, explica su punto de vista favorable al restablecimiento de relaciones con Cuba.

Todo lo anterior indica que el tema de Cuba estará en el centro de la próxima campaña electoral norteamericana, y hasta podría hacer inclinar la balanza para la elección del próximo presidente de los Estados Unidos.

Mientras tanto, a pesar del restablecimiento de los vínculos diplomáticos entre los Estados Unidos y Cuba, todavía falta, para que haya plenas relaciones entre ambos países, que se levante el embargo que pesa sobre el pueblo cubano desde hace 53 años.

Sólo cuando eso ocurra podrá afirmarse verdaderamente, que la Guerra Fría ha terminado en el Caribe.

Nacionalidad dominicana y Corte Interamericana de Derechos Humanos

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Por Leonel Fernández

(Publicado en El País el 19-11-2014)

“En la República Dominicana no hay apatridia ni discriminación. Lo que hay es el derecho soberano que tienen todos los Estados a decidir quiénes son sus nacionales”.

En su decisión del 28 de agosto de este año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó a la República Dominicana reformar su Constitución y sus leyes, con el objetivo de conceder la nacionalidad dominicana a todas las personas nacidas en su territorio, sin importar la situación migratoria de sus padres. Una decisión semejante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no habría sido posible aplicarse en España, Italia, Francia, Bélgica, Alemania, y en fin, en ninguno de los Estados que integran la Unión Europea.

La razón se explica porque ninguna de estas naciones otorgan en sus respectivas constituciones el derecho a la nacionalidad por el simple hecho de haber nacido en su territorio, esto es, por el jus solis automático. Tampoco ese derecho existe en la República Dominicana. La Constitución dominicana prevé que son dominicanos los nacidos en su territorio, con excepción de los hijos de los diplomáticos extranjeros, así como de las personas que se encuentren en tránsito.

La Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana, en una sentencia del año 2005, estableció el criterio de que se entiende por persona en tránsito aquella que no tiene residencia permanente en el territorio dominicano. Al igual que España, los demás integrantes de la Unión Europea y la República Dominicana, 164 de los 194 Estados miembros de las Naciones Unidas no disponen de un sistema de concesión de la nacionalidad por el mero hecho de haber nacido en su territorio.

¿De dónde se deriva, entonces, el criterio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para ordenar al Estado dominicano la modificación de su Ley Sustantiva y demás normas, a los fines de conceder la nacionalidad por la vía del jus solis automático?

Obviamente, que de un error de interpretación. Lo que debe motivar a la Corte Interamericana, como a cualquier sistema de protección de los Derechos Humanos, es, primero, garantizar que ninguna persona quede en estado de apatridia; y segundo, que no se apliquen normas o criterios de exclusión o discriminación en el otorgamiento de la nacionalidad.

Eso, precisamente, es lo que prevé la ley española, la de las demás naciones europeas y la legislación de la República Dominicana. En ninguno de estos países, la nacionalidad se otorga por la vía del jus solis automático, y sin embargo, en ninguno de ellos existe la apatridia.

En España, por ejemplo, lo que dispone la ley es que serán españoles aquellos nacidos en territorio español cuyos padres carezcan de nacionalidad, si la legislación de éstos no otorga la nacionalidad a los hijos, o si se tratara de hijos de padres desconocidos.

Del mismo modo, en la República Dominicana, la ley prevé el mecanismo para la declaración de toda criatura nacida en territorio dominicano de padres extranjeros no residentes por ante el Consulado del país de la madre, que en ese caso hace las veces de Oficialía del Estado Civil.

Así pues, ni en España ni en República Dominicana, existe la posibilidad de que una persona quede sin derecho a una nacionalidad o en estado de apatridia. Tampoco podría hablarse de una situación de discriminación, puesto que la misma norma se aplicaría a norteamericanos, chinos, rusos, alemanes, japoneses, brasileños, venezolanos o haitianos.

La facultad que tienen los Estados de determinar quienes son sus nacionales constituye un derecho soberano y un principio básico del Derecho Internacional consagrado en la Convención de La Haya de 1930.

Estamos conscientes que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos constituye una evolución significativa en el Derecho Internacional, al concederle a los individuos la condición de sujetos no estatales de las normas internacionales, a los fines de garantizar la protección de sus derechos fundamentales. El Sistema Interamericano de Derechos Humanos ganó merecido prestigio en la lucha contra las privaciones arbitrarias de libertad, las torturas y las desapariciones físicas que se suscitaban en América Latina durante el periodo de las dictaduras.

Ha sido más difícil para la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos ser más eficientes, creíbles y legítimas en sus decisiones cuando se ha tratado del análisis e interpretación de los Derechos Humanos de segunda y tercera generación. Lo acontecido con la República Dominicana, sin embargo, es más grave, pues se ha incurrido en una equivocada aplicación de normas de primera generación de los Derechos Humanos, como es el derecho a la nacionalidad.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos habría tenido razón si hubiese observado en la legislación o en la práctica de la República Dominicana, la existencia de la apatridia o de una aplicación discriminatoria de las normas. Pero no fue así. En la República Dominicana no hay apatridia ni discriminación. Lo que hay es el derecho soberano que tienen todos los Estados a decidir quiénes son sus nacionales.

Sobre este último particular, por consiguiente, la Corte Interamericana incurrió en un gravísimo error. Ordenó la modificación de la Constitución y de las leyes de la República Dominicana para otorgar la nacionalidad por la vía del jus solis automático. Al hacerlo así, la Corte Interamericana se extralimitó en su decisión.

Sencillamente, se excedió; y ante un hecho de esa naturaleza, al Estado dominicano no le queda otra alternativa que desconocer el fallo por su errónea interpretación jurídica; por su desatinada apreciación profesional; y por el hecho de que crea obligaciones que van más allá de las que dispone el Derecho Internacional.

Comunidades atlánticas: Asimetrías y convergencias

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altPor Dorval Brunelle*

Durante todo el período de la posguerra hasta la caída del Muro de Berlín en 1989, el concepto de "comunidad atlántica", ya sea en el nivel estratégico o en el simbólico, se refería esencialmente a una zona geográfica abarcando las dos orillas nortes del Atlántico; ni América Latina ni África eran incluidas. Sin embargo, se tardó casi un cuarto de siglo desde entonces y, a pesar de la puesta en marcha o expansión de varias iniciativas de tipo comunitaria en Europa, América Latina, el Caribe y África, el proyecto de creación de una comunidad atlántica implicando los países que ocupan los cuatro lados del océano no parece haber progresado de manera significativa, a pesar de que, confrontada a obstáculos indiscutiblemente más numerosos, tanto en términos de los socios que participan o de la magnitud de los retos a enfrentar, la formación de una comunidad transpacífica avanza a grandes pasos. Por lo tanto, parece haber llegado el momento de preguntarse por qué las cosas han evolucionado tan poco en el transcurso de las últimas décadas y por qué está resultando tan difícil repensar la Cuenca Atlántica hoy en día.

La pregunta merece ser planteada en primer lugar debido a que el enfoque troceado o selectivo que todavía prevalece en ambos lados del Atlántico, choca claramente con aquel que prevalece en la otra cuenca oceánica - incluso en el borde del Océano Índico - donde, desde el fin de la Guerra Fría, lograron establecerse organizaciones y agrupaciones entre los países de las dos orillas del Océano Pacífico, ya sea bajo la forma de una comunidad inspirada en el modelo europeo o de un acuerdo de libre comercio transpacífico, mientras que la noción de comunidad atlántica sigue afectada por una alta resistencia y que las negociaciones de libre comercio transatlántico entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos de América (EE.UU.) se aplazan cada año. Por otra parte, uno de los indicadores más fuertes de la asimetría que existe entre la cuenca del Atlántico y la del Pacífico es el número de acuerdos de libre comercio (ALC) firmados de una parte y de otra por los países de las Américas. En efecto, el número de ALC que han sido negociados por los países de las Américas con sus socios en Asia (14 en total) es mayor que el número de acuerdos que se firmaron entre ellos y sus socios en Europa (9 en total), mientras que África está ligado a las Américas por un único ALC.

Dicho esto, la persistencia de las asimetrías y de los puntos ciegos en la zona del Atlántico merece una explicación. Sólo se presentarán cuatro rápidamente, una que se sitúa en el largo plazo, las otras tres en el mediano o corto plazo. La primera explicación es la separación que ha sido establecida por los gobiernos de los Estados Unidos desde 1823, año de la proclamación de la Doctrina Monroe, entre su estrategia y su enfoque frente a sus socios en las Américas, de un lado, y los que han establecido con sus socios europeos, por el otro lado. Esta separación contribuyó a colocar las relaciones panamericanas, mas tarde interamericanas de los Estados Unidos, sobre un registro diferente de aquellas que se han establecido con Europa, con el resultado de que, ante sus ojos, nunca ha sido seriamente considerado que estos socios puedan participar activamente en la co-construcción de la comunidad transatlántica, que ellos han promovido después de la Segunda Guerra Mundial.

La segunda explicación se refiere a la unipolaridad, es decir, la adhesión de los EE.UU. a la condición de potencia hegemónica luego de la caída del muro de Berlín en 1989, un estatus que ha legitimado el uso posterior del unilateralismo de su parte. Asumiendo el papel de "sheriff recalcitrante" (Richard N. Haass, 1998) a escala del planeta en términos de seguridad, el Gobierno de los EE.UU., lejos de facilitar la expansión de las comunidades existentes a lo largo de la cuenca del Atlántico, ha escogido cabalgar solo y, al hacerlo, ha contribuido, desafortunadamente, a multiplicar los desacuerdos entre ambos lados del Atlántico Norte, pero también entre el Norte y el Sur.

La tercera explicación se basa en la yuxtaposición entre la ampliación de la Comunidad Europea a partir de 1995 y el lanzamiento de un proyecto de integración a gran escala llamado "Comunidad de las Democracias" introducido y defendido por el Presidente Clinton en la Primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en diciembre de 1994. Este proyecto se fundaba sobre una ampliación y una profundización del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor el 1 de enero de ese año. Sin embargo, la estrategia seguida en paralelo de ambos lados del Atlántico, más bien fortalecía en vez de debilitar la idea de que estábamos siendo testigos de la consolidación de una "Fortaleza Americana", en respuesta a la formación de una "Fortaleza Europea”. Una evidencia de esto es el hecho de que estas dos iniciativas no han favorecido la apertura hacia el otro lado de la cuenca del Atlántico, sino todo lo contrario.

Y si, por su parte, la Unión Europea practica en la misma época un atlantismo expandido debido al simple hecho de su extensión a tres nuevos miembros en 1995 , diez en 2004 y dos en 2007 , no es menos cierto que los acuerdos negociados con los países fuera de Europa, especialmente con los países de África y el Caribe, se inscribieron en una lógica llamada "de asociación", por un lado muy alejada del espíritu que subyace en la idea de la Comunidad Atlántica, y por otro lado, lejos del libre comercio negociado entre socios del borde del Pacífico. En resumen, las estrategias desarrolladas en paralelo en ambos lados del Atlántico por las potencias del Norte en sus relaciones con el Sur explican en gran manera la persistencia de estos ángulos muertos, una situación que no se encuentra sobre el borde del pacífico, dónde el legado histórico es diferente y donde la brecha entre un Norte desarrollado y un Sur subdesarrollado parece actualmente inoperante.

La cuarta y última explicación apela a los atentados del 11 de septiembre de 2001, que reforzarán tanto a los EE.UU. como a la UE con la idea de efectuar un retroceso y volver a conectar con el enfoque que prevaleció durante la guerra fría. Este cambio llevará al Parlamento Europeo a "reclamar una Estrategia europea global con una orientación estratégica a largo plazo de la asociación transatlántica" (Parlamento Europeo, 2003). Sin embargo, al sugerir que "la asociación se esté moviendo gradualmente, de una comunidad transatlántica de valores hacia una verdadera comunidad transatlántica de acción mediante el desarrollo de una estrategia y una acción de colaboración" (Art. 11), la UE favorece el fortalecimiento de un enfoque bilateral fundado sobre los intereses (económicos, estratégicos), en detrimento de un enfoque más abierto dirigido hacia otros actores (gobiernos, empresas). En resumen, en lugar de seguir el camino que se abría tras la caída del Muro de Berlín, que hubiera podido conducir a un ensanchamiento de la comunidad atlántica hacia el Sur, los atentados del 11 de septiembre empujaron al Parlamento, en nombre de la llamada guerra contra el terrorismo, a retroceder y fortalecer el enfoque bilateral que prevalecía antes de 1989.

Sin embargo, aunque los hechos mencionados acreditan la tesis según la cual efectivamente existe una continuidad entre el antes y el después de la Guerra Fría sobre las relaciones transatlánticas, lo cierto es que, en los últimos años, han surgido varios indicios que sugieren que el status quo ha durado su tiempo y que el curso de las cosas está llamado a cambiar en un plazo más o menos corto. En este sentido, la hipótesis a explorar debería tomar en cuenta el hecho de que tres nuevos factores podrían conducir a una inversión de la situación y a facilitar la creación de una comunidad atlántica más amplia. Estos factores son, en primer lugar, la multiplicación de las iniciativas transatlánticas, en segundo lugar, la acumulación de los cuestionamientos sobre la vocación ante todo de seguridad de la comunidad atlántica existente y en tercer lugar, el factor más original y prometedor, la creación de proyectos apuntando a la constitución de verdaderas comunidades tri-continentales - también llamadas comunidades cuadrilaterales - Atlánticas.

(*) Traducido al español por el Centro de Estudios de la Francofonía de FUNGLODE con el permiso del autor. 

Nuevas tendencias en las protestas populares

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Foto cnnespanol.cnn.com

Por Leonel Fernández

(Publicado en Listin Diario el 2-08-2013)

Frustrado por no haber obtenido empleo, a pesar de ser un egresado universitario; hastiado de las humillaciones recibidas por las autoridades policiales que le impedían instalarse hasta como simple buhonero en las calles de su ciudad; e impotente ante el menosprecio a sus reclamos de justicia social, Mohammed Bouazizi, una persona enteramente desconocida hasta ese momento, decidió, en diciembre del 2010, echarse gasolina, prenderse fuego y convertirse en llama humana.

Eso ocurrió en Túnez, en el Norte de África, provocando en lo inmediato, fruto de la ira popular, la caída del gobierno de Ben Ali; y posteriormente, dando origen a lo que ha sido bautizado como la Primavera Árabe, la cual, además de haber barrido con los gobiernos de Libia y Egipto, ha suscitado serias perturbaciones políticas y protestas populares en Siria, Yemen, Bahrain, Irak, Jordania y Marruecos.

En cada uno de los casos mencionados, hay un patrón común. Se trata de reacciones populares en contra de lo que se percibe como regímenes autoritarios, los cuales limitan las libertades, restringen la participación ciudadana y violan los derechos humanos.

La Primavera Árabe, por consiguiente, se convirtió, a partir del hecho simbólico de la inmolación de Mohammed Bouazizi, en un movimiento político que procuraba el cambio de régimen, de uno de tipo autoritario o dictatorial, a otro de naturaleza democrática.

Protestas tradicionales
Hoy se sostiene que la Primavera Árabe se ha convertido, más bien, en un Invierno Islámico, por el predominio de las fuerzas islamistas en varios de los países sometidos a presión, así como por la tragedia que actualmente vive Egipto, el destrozo en que se ha convertido Libia y la inestabilidad crónica que aún prevalece en Túnez.

Pero, en todo caso, lo que se quiere dejar establecido es que las protestas desatadas en varios países árabes desde el 2010 tenían una clara orientación. Eran expresiones de un movimiento político que rechazaba la estructura económi ca, social y política de un orden establecido y aspiraba a sustituirlo por un sistema democrático liberal, al estilo occidental.

Algo parecido ha ocurrido con otros movimientos de protesta que han tenido lugar en varios países de Europa y América Latina, que podrían ser considerados como de carácter tradicional.

Por ejemplo, en Europa, como consecuencia de la crisis financiera y económica global, iniciada a partir del 2008, distintos países, entre los cuales habría que destacar los casos de Grecia, España, Francia, Italia y Portugal, han tomado fuertes medidas de austeridad que han afectado, de manera muy sensible, las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Como reacción a esas medidas, que han deteriorado las condiciones de empleo, vivienda, salud, educación y bienestar de la población, es lógico que se hayan producido oleadas de protestas populares, y que haya habido una reconfiguración del mapa electoral en el Viejo Continente, como testimonio del anhelo de que se apliquen otras disposiciones, más en consonancia con las necesidades y aspiraciones de la gente.

En América Latina también abundan las protestas populares en reclamo de realización de obras de infraestructuras, protección del medio ambiente, demandas salariales, reivindicaciones sectoriales y promoción de derechos de los indígenas, todas las cuales podrían catalogarse dentro de las de carácter tradicional que hemos conocido en la región.

El mayor desafío que estas protestas generalmente presentan al sistema político es el relativo al mantenimiento de la estabilidad política y de la gobernabilidad democrática, que suele obtenerse mediante la aplicación de una política de diálogo permanente y construcción de consensos con los grupos disidentes.

Nuevas tendencias
Sin embargo, las recientes protestas populares en lugares como Brasil, Turquía e Indonesia, para sólo citar esos casos, revelan que se está en presencia de una nueva tendencia, sin precedentes, en la realización de las protestas populares, las cuales, tal vez, podrían ser consideradas como protestas atípicas.

En esos tres casos, las protestas se iniciaron por hechos de escasa trascendencia. En Brasil, por el alza de la tarifa del transporte público. En Turquía, por el intento de construcción de un puente donde había un área verde; y en Indonesia, por el alza del pago de la electricidad.

Desde el año 2000 a la actualidad, Brasil ha vivido el mejor y más brillante período de su historia, en términos de crecimien to económico, prosperidad, modernización, reducción de pobreza y liderazgo político regional e internacional.

Como consecuencia de ese proceso de avance y desarrollo, forma parte de un exclusivo grupo de países de economías emergentes, conocidos como BRICS ( Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); del G-20, en el que participan las principales potencias económicas, políticas y militares del mundo; y se ha considerado que en una eventual reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se le incluya como miembro permanente.

Sus últimos tres presidentes, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Ignacio, Lula, da Silva, y la actual, Dilma Rousseff, son considerados líderes carismáticos, inteligentes, de gran arrastre popular y de notable prestigio mundial.

Por lo tanto, resultó inesperado, y hasta cierto punto, desconcertante, el movimiento de protestas populares que se desencadenó en esa gran nación sudamericana, desde mediados del mes de junio.

Lo que resulta novedoso de esa ola de protestas que ha tenido lugar en Brasil, es que no se trata de una acción de los pobres, de los excluidos de las favelas, sino, más bien, de los jóvenes de clase media urbana, esto es, de los más favorecidos por las políticas sociales de los últimos tres gobiernos.

Pero, en adición, no se trata, tampoco, de un movimiento originado por los partidos políticos de oposición, por los sindicatos o grupos de presión, sino, por el contrario, de un movimiento que ha contado con poca organización, carece de un liderazgo específico, se expande rápidamente, en forma viral, y tiene capacidad para convocar y movilizar.

Promotores de las protestas
Entre las demandas planteadas por los jóvenes promotores de las protestas estaba el de exigir mayor atención a la educación, la salud y los servicios públicos, en general, así como mayor transparencia a las instituciones políticas.

Todo eso ha conducido a algunos analistas a considerar que en la raíz de las protestas en Brasil, así como en Turquía o Indonesia, lo que se revela es una crisis de la política, que se traduce en una desconfianza de los partidos políticos, de los líderes y de las instituciones.

No compartimos ese criterio. Al revés, consideramos que lo que esos movimientos de protesta ponen de manifiesto es una nueva dinámica de participación política, y un desafío a las formas convencionales de participación en el sistema político, en la que hay una clase media emergente, surgida precisamente del éxito de las políticas económicas y sociales aplicadas durante la última década, la cual, influida por lo que se ha dado en conocer como la “Revolución de las expectativas crecientes”, ya no se conforma con las conquistas obtenidas.

Obviamente, un componente esencial de las nuevas tendencias en las protestas populares tiene mucho que ver con el uso de las tecnologías de la comunicación, muy especialmente el Internet y las redes sociales.

En el año 2000, en el Brasil sólo el 3 por ciento de la población tenía acceso a Internet. En la actualidad, esa cifra alcanza el 45 por ciento.

Más aún, con una población por encima de 192 millones de habitantes, Brasil ocupa actualmente el cuarto lugar en el mundo, luego de China, India y Estados Unidos, en tener la mayor cantidad de teléfonos móviles.

En estos momentos, los brasileños disponen de más de 265 millones de teléfonos móviles o celulares, con lo cual quiere decirse que en Brasil hay más teléfonos que personas, y que, por consiguiente, para los fines de comunicación por las redes sociales, esto es, twitter y facebook, entre otras, es uno de los mejor conectados del planeta.

El crecimiento económico, la modernización, el desarrollo urbano, la transformación social y la expansión de la clase media no ha sido en América Latina, durante los últimos años, un fenómeno exclusivo de Brasil. También ha abarcado a diversos otros países de la región, incluyendo la República Dominicana. Luego, habría que reflexionar si en las protestas de nueva tendencia hay elementos coyunturales específicos de Brasil, que explican ese fenómeno, o si, por el contrario, ese será un desafío ineludible de los países de la región, fruto, paradójicamente, del progreso y la prosperidad. 

La Guerra de Las Malvinas/Falkland Tres Décadas Después: La Negociación Obligada

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altSumario: Este artículo examina la cuestión Malvinas o Falkland desde el punto de vista militar y diplomático.

Introducción

Mediante la Operación Rosario llevada a cabo el 2 de abril de 1982, las tropas Argentinas incursionaron en las Islas Malvinas/Falklands con la intención de recobrar su soberanía sobre estos territorios ocupados por los británicos desde hace más de 170 años. Los británicos respondieron con Operation Corporate, reafirmando su control sobre las islas, después de 74 días de una fuerte batalla naval. Precisamente el pasado 2 de abril se conmemoró el trigésimo aniversario de la guerra entre Gran Bretaña y Argentina, razón que ha caldeado los discursos entre Londres y Buenos Aires.

Los grandes yacimientos de petróleo y gas en la plataforma submarina de las Islas,(1) y el aumento de la presencia militar británica, adicionalmente a los entrenamientos del Príncipe Guillermo en su condición de piloto de la Real Fuerza Aérea Británica, son sólo algunos de los factores que han aumentado las fricciones entre estos dos estados.

Este trabajo analiza el aspecto histórico brevemente, para luego centrarse en el enfrentamiento bélico, tomando en cuenta los aspectos logísticos y político-estratégicos de ambos lados, así como la ayuda de Chile y Estados Unidos para que Gran Bretaña saliera airosa del conflicto.

La tercera y última parte analiza la campaña diplomática lanzada por ambos estados en el seno de las Naciones Unidas, específicamente en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General. Examinamos las diferentes resoluciones emitidas por los órganos arriba mencionados así como la labor de buenos oficios del entonces Secretario General Javier Pérez de Cuéllar en aras de encontrar una salida pacífica al conflicto.

Este artículo concluye con un posible escenario en el que de haber una posición común por los vecinos como Brasil, Chile y Perú, esto presionaría a los británicos a aceptar una negociación con Argentina, con la posibilidad de que sean incluidos en las delimitaciones de la Antártida, ya que la presencia británica en las islas va más allá de proteger a los isleños y explotar la pesca.

Antecedentes Históricos

Las Islas Malvinas o Falklands se encuentran localizadas a 8000 millas al suroeste de Gran Bretaña, 3500 de la Isla de Ascensión, pero tan sólo a 400 millas de las costas de Argentina.(2)

Las Islas Malvinas/Falkland constituyen un archipiélago de 12,00 kilómetros diseminados en 200 islas, situado en la plataforma continental de América del Sur y al noreste de Cabo de Hornos. La posición geográfica de las islas siempre atrajo un alto interés en varias potencias europeas de la época, entre ellas, España, Francia y Reino Unido de Gran Bretaña, esto debido a sus cercanías con el estrecho de Magallanes y la Antártida. Ya en 1700, las potencias arriba mencionadas se habían disputado el control de estas islas, y España terminó ejerciendo su soberanía sobre ellas.(3)

Argentina y Gran Bretaña se enfrentaron en una batalla naval por el control de las Islas Malvinas o Falkland Islands, actualmente bajo dominio británico desde 1833, pero Argentina aún sigue reclamándolas como parte integral de su territorio.

La posición argentina sostiene que heredaron las islas a través del proceso de independencia de la corona española, ocupándolas entre 1820 y 1833, y que durante ese período, los ingleses no presentaron ninguna reclamación, cuando Argentina iniciaba su vida republicana.(4) Inglaterra ocuparía las islas a partir de 1833.

Adicionalmente, Argentina sustenta el principio de integridad territorial, además argumenta que España ejercía su poder sobre las Islas Malvinas o Falkland Islands que se remonta a tiempos remotos. Huelga señalar que en aquellos tiempos la iglesia tenía gran influencia sobre las coronas de la época, por lo tanto, todo lo referente a disputas por delimitación marítima y territorial se dirimía con la intermediación papal, a través de Bulas Pontificias así como mediante tratados bilaterales, como el Tratado de Utrecht, y el Tratado de Tordesillas (1497),(5) que le otorgaba poder a España sobre los territorios en las Américas incluyendo las Islas Malvinas o Falkland.(6)

Por su parte, Reino Unido basa su argumento en el largo período que las ‘islas han sido pacíficamente habitadas y administradas por ingleses desde 1833; así como el principio de la libre determinación del pueblo de las Malvinas o Falkland Islands.

Gran Bretaña también justifica sus argumentos de titularidad por descubrimiento e instalación entre 1766 y 1774 cuando fueron expulsados por los españoles; así como una efectiva ocupación entre 1833 y 1982, cuando Argentina retomó brevemente el control sobre las islas.

Obviamente, ambos estados se han enfrascado en diferentes interpretaciones de principios establecidos por el derecho internacional que van desde la ocupación hasta el descubrimiento.

Veamos la explicación de Christopher Bluth al establecer las diferentes formas a través de las cuales un estado ejerce soberanía sobre un territorio dado:

a)- ‘Ocupación de Tierras (Terra Nullius) cuando estas estuvieren inhabitadas o desocupadas.
b)-Acumulación, por la cual la geografía de un lugar se ve alterada por fuerzas de las naturaleza.
c)- Cesión, mediante la cual se transfiere el título de un estado a otro; y la
d)- Prescripción, que es cuando el territorio que anteriormente estaba bajo el dominio de otro estado, es poseído y controlado por un estado con el consentimiento del estado que previamente ostentó el título de ejercicio de soberanía sobre el mismo.’(7)

Obviamente cada estado ha apelado a su punto más fuerte teniendo ambos convincentes razones que sustentan sus posturas. No obstante, ninguna ha logrado una salida a la disputa.

Escala de la disputa: la Crisis Militar de 1982

Los servicios de inteligencia británicos sabían que era inminente un ataque argentino a las islas, y efectivamente así sucedió, cuando el 19 de Marzo de 1982 fue enhestada la bandera argentina en Port of Leith, Georgia del Sur. Para el 2 de abril de 1982, Argentina había incursionado exitosamente en las Islas, acción que llevó a Gran Bretaña a hacer su mayor despliegue naval desde la Segunda Guerra Mundial.(8)

La Guerra de las Malvinas/Falklands se inició con la exitosa invasión argentina, Operación Rosario, el 2 de Abril de 1982, y terminaría con la rendición de las tropas argentinas en Puerto Stanley, el 14 de Junio del mismo año.(9) La extremada impopularidad del gobierno (Junta) militar de Leopoldo Galtieri necesitaba una válvula de escape para incrementar su popularidad, unidad nacional y así legitimarse en el poder, objetivo que lograron por breve espacio de tiempo al invadir las Islas, ya que este tema despierta patriotismo dentro de un gran número de los argentinos.(10)

El gobierno de Galtieri consideró atacar a Chile luego de la postura desfavorable en contra de Argentina por el Vaticano, en la disputa sobre tres islas en Tierra de Fuego pero no se consumó, luego surgió la opción Malvinas/Falklands(11) definitivamente que era decidir entre los vecinos o los británicos, aunque la Junta no esperaba una reacción militar británica a la invasión.

Los británicos se encontraban en un proceso de desintegración de su imperio,(12) y ya habían devuelto las islas Diego García (sin previa consulta a sus habitantes), Hong Kong y varios países caribeños. Además, habían considerado devolver las islas en más de una ocasión, sin embargo, el Gobierno militar de Galtieri optó por retomar las islas por la fuerza por razones anteriormente expuestas.

La respuesta de Operation Corporate,(13) por parte de Margaret Thatcher, no se hizo esperar. La economía inglesa estaba en recesión, también la premier pasaba por un momento de impopularidad -pese a ser un gobierno democrático- debido a la alta tasa de desempleo y otros problemas internos que fueron obviados con la victoria lograda por los británicos.(14)

Es imperativo señalar que hubo toda una guerra de estrategias, de vigilancia e interpretación de cada una de las partes. Por ejemplo, los argentinos asumieron como una muestra de desinterés por las islas la puesta en retiro del buque de guerra HMS Endurance, como parte del recorte del ministerio de defensa británico. El informe Franks(15) también refleja como los ingleses malinterpretaron y en algunos casos hasta subestimaron una posible invasión argentina.

Inglaterra había desplegado el 80% de sus naves más poderosas,(16) siendo éste uno de los mayores despliegues navales desde la SegundaGuerra Mundial. El objetivo era que lograran sofocar en el menor tiempo posible a las tropas argentinas. Dentro de las naves británicas se encontraban aviones Súper Harrier, el HMS Coventry, HMS Glasgow, y el HMS Sheffield, el cual fue destruído el 4 de Mayo de 1982 por unmisil Exocet lanzando desde un Super Etandard argentino.(17) El hundimiento de esta nave fue el primero para una embarcación británica desde la II Guerra Mundial.(18)

De acuerdo con lo planteado por Desmond 28,000 hombres fueron enviados a la Antártida, teniendo que desplazarse a más de 13,000 kilómetros para enfrentar a los argentinos que se encontraban en su territorio, geográficamente hablando.

Alistair Finlin demuestra que los británicos también enfrentaron problemas logísticos al no contar con suficiente inteligencia militar sobre el ejército argentino, situación que fue remediada gracias al apoyo de Ronald Reagan y los Estados Unidos. Este apoyo venía a ‘reiterar la especial alianza existente en Estados Unidos y Gran Bretaña’, además de la mutua admiración entre Thatcher y Reagan.

Los argentinos en cambio, fracasarían en lograr por lo menos la ‘neutralidad’ del gobierno de Reagan, pese a las simpatías pro-Argentinas de Jeanne Kirkpatrick,(19) así como tampoco el apoyo latinoamericano a través del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR),(20) una especie de OTAN latinoamericana.

Para los argentinos la guerra representó un nuevo desafío logístico, ya que la comunidad internacional había prohibido la venta de armas a Argentina,(21) por ejemplo Argentina había ordenado la compra de 14 aviones Super-Etandard, y no fue hasta después de la guerra cuando recibieron la parte restante. Además, recién habían adquirido los poderosos misiles Exocet, de fabricación francesa al igual que los aviones arriba mencionados, pero los técnicos franceses que entrenaban a los argentinos, abandonaron el país sudamericano días antes de la guerra.

Para entonces, Argentina contaba con sólo cinco misiles Exocet (22) y más de cien aviones, entre ellos Camberra, A-4 Skyhawk, Mirage, Etandard y Pucará. Además contaban con sus buques insignia Veinticinco de Mayo, el destructor Santísima Trinidad y el submarino Santa Fe,(23) y el ARA General Belgrano (anteriormente USS Phoenix), el cual fue hundido el 4 de Mayo de 1982 con 1,138 hombres a bordo. Lawernce Freedman establece que este hundimiento pesó políticamente en contra de los británicos, ya que el buque se encontraba fuera de la zona de exclusión delimitada por las tropas inglesas.

La armada británica tenía en su poder una flota de naves y aeronaves de avanzada tecnología, mientras que Argentina tenía en servicio aeronaves de más de 40 años de antigüedad, que carecían por demás de los portentos tecnológicos de entonces.

Sin embargo, los argentinos sorprenderían no sólo a los británicos sino también a todo el mundo militar, al atacar a la poderosa flota inglesa con tan sólo cinco misiles Exocet y bombas que paradójicamente habían sido adquiridas a fabricantes británicos.(24) Es así como nace lo que los británicos han denominado ‘el día más negro de la flota británica’.
Consecuentemente, la historia es testigo de cómo Chile, bajo el gobierno militar de Augusto Pinochet, brindó apoyo logístico y de inteligencia a Gran Bretaña,(25) pero por otro lado, Perú se prestaba para comprar armas que luego se las traspasaría a Argentina subrepticiamente, tal es el caso de la compra de 10 misiles Exocet, ya que Argentina estaba vetada para comprar armas. Esto evidenció las diferentes posiciones asumidas por América Latina con respecto al conflicto.

La guerra terminó con la rendición de los argentinos el 14 de Junio de 1982, la reposesión británica y un saldo de más de 900 bajas entre ambos ejércitos, siendo la gran mayoría argentina. Además, los británicos aprovecharon para construir la base militar Mount Pleasant y aumentar su presencia militar en las islas.

No es sorprendente el resultado de la guerra, pues se trataba del enfrentamiento de una súper potencia que había participado en casi todas las grandes conflagraciones del siglo XIX, contra un estado cuya previa experiencia en conflictos bélicos era escasa y de mucho tiempo atrás.

La guerra fue más beneficiosa para los británicos que para los argentinos, además ha servido como curso de geografía para los británicos, ya que la gran mayoría ignoraba donde estaban situadas las islas.

En fin, terminó el conflicto militar, pero permanece aún la presencia británica y el constante reclamo argentino con una agresiva campaña diplomática que llama a la negociación.

Situación Actual del Conflicto

La disputa por la soberanía de las Malvinas/Falkland sigue manteniendo enfrentados a Argentina y al Reino Unido. Argentina ha adoptado como decisión transitoria en su constitución nacional de 1994(26) la imprescriptibilidad del reclamo de las Malvinas con una obligación de todo gobernante de turno, y la otra parte sostiene el principio de la libre determinación de los pueblos y su irrestricto apoyo a los isleños.

La situación actual tiene su punto de partida en el 2006,(27) cuando Inglaterra otorgó permiso a compañías pesqueras para llevar a cabo sus actividades en la zona. Más recientemente, varias compañías internacionales, entre ellas la británica Desire Petroleum, y la australiana Rockhopper, entre otras, recibieron contratos para explorar la plataforma submarina en busca de petróleo a lo largo del 2010.(28)

La decisión arriba señalada, motivó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a relanzar una fuerte campaña diplomática a nivel regional y global para que Reino Unido negocie. En el nivel regional, los vecinos de América Latina, incluyendo a Chile, que había apoyado a los británicos, han respaldado con medidas serias y concretas, y a nivel global, China miembro permanente del Consejo de Seguridad, apoya a Argentina.

Para explicar el apoyo de América Latina tendremos que referirnos a la situación geopolítica que vivía el mundo entonces, era plena Guerra Fría, luchas anti insurgentes, guerrillas y guerra contra el comunismo, ocupaban la agenda de varios países y de los Estados Unidos. El apoyo latinoamericano a Argentina era más bien retórico, por demás sin acciones concretas tendentes a presionar a Inglaterra.(29)

Barack Obama, contrario a Reagan, mantiene una postura, de alguna manera favorable para Argentina, pues está en un año electoral y no quiere afectar el voto hispano si su gobierno apoya abiertamente a Gran Bretaña, ya que este tema se hace cada vez más sensible para los latinoamericanos.

Además, hoy en día existe una región con más puntos en común que divergentes, muestra de esto es el apoyo irrestricto que ha dado el MERCOSUR al vetar la entrada de barcos con banderas de las Islas en sus puertos.(30) A esto le sumamos la postura de Brasil, apoyando a Argentina, y Venezuela, bajo el liderazgo de Chávez, ya ha manifestado que no dejará sola a Argentina en caso de algún enfrentamiento armado.(31)

La posición de solidaridad que hoy ostenta la región, para sorpresa de los británicos, tiene mucho que ver con la situación económica de la región, que pese a la crisis financiera global, ha seguido creciendo. A esto tendríamos que sumarle los procesos de integración regional, independencia en su política exterior y un alto grado de madurez democrática y política que vive el Hemisferio Occidental, en el que ya las decisiones y pedidos de Washington no les impactan como antes.(32) Así lo atestigua la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), estas dos organizaciones tienen en común el intento de integración regional y la no presencia de los Estados Unidos.

El apoyo chino está basado en el interés que ostenta el gigante asiático en incrementar su presencia comercial y política en América Latina. China goza de la doble condición de ser miembro permanente del Consejo de Seguridad así como la segunda economía del planeta, condiciones que le garantizan cierta preponderancia y atractivo para varios países de la región, como es el caso de Costa Rica con quien ya ha formalizado relaciones diplomáticas.

En fin, esta disputa se debe a la posible existencia de recursos naturales en las Malvinas/Falklands, aumenta la tensión entre Gran Bretaña y Argentina ambos atraídos por los beneficios económicos que emanarían de los potenciales recursos naturales que allí yacen.

De un lado la presidenta argentina llama a la negociación, mientras que por el otro lado, David Cameron sostiene que los isleños quieren ser británicos y que permanecerán como tales, a lo que Argentina responde llamándole desde arrogante hasta colonialista. De modo que la situación actual ha sido un perfecto escenario de acusaciones y contraacusaciones y búsqueda de apoyo diplomático.

De momento la posición argentina de llamar a la negociación luce ser sensata, pues ellos saben que han perdido la guerra y reconocen que la mejor vía de obtener un resultado favorable es por la pacífica, aunque una devolución total de las islas es asunto de largo plazo en caso que llegue a suceder.

Asimismo, Gran Bretaña es consciente de la solidaridad que existe en la región, por lo que saben que su argumento de libre determinación de los isleños, no será suficiente para justificar su permanencia que ya no cuenta con la anuencia imparcial de Estados Unidos.

Diplomacia y decisiones de las Naciones Unidas

El caso Malvinas/Falklands ocupa el segundo o tercer lugar en la agenda internacional de Argentina, sin embargo para el foreign office británico, ocupa el lugar 242 en términos de prioridad. Es así como Argentina lleva el caso formalmente ante Naciones Unidas en 1964. Sin embargo las resoluciones emitidas por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad no lograron impedir la guerra ni mucho menos resolver finalmente la disputa.

La Organización de las Naciones Unidas, constituye el foro del multilateral y deliberativo más grande del planeta para la resolución pacífica de conflictos entre Estados Miembros. A través de dos de sus principales órganos, se aprueban resoluciones que contribuyen al mantenimiento o restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Asimismo, otros actores se involucraron en el proceso de negociación de paz, como es el caso de Fernando Belaunde Terry, a la sazón presidente del Perú. Belaunde propuso la triple bandera; una especie de fideicomiso, que las islas fuesen administradas por Naciones Unidas, Gran Bretaña y Argentina.

En este caso examinaremos las resoluciones emitidas por la Asamblea General, máximo órgano deliberativo de la organización, así como el Consejo de Seguridad, integrado por diez miembros no permanentes y por tan sólo cinco miembros permanentes con derecho al veto absoluto, incluyendo a Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Otro organismo de las Naciones Unidas envuelto en la disputa es el Comité de Descolonización, compuesto por 24 miembros, entre ellos Chile, Bolivia y Nicaragua, además de China y Rusia que son dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Desde 1964 a 1989 la ONU ha aprobado más de una decena de resoluciones, siendo la más reciente el 21 de Junio de 2011. Estas resoluciones tienen un carácter enunciativo e ‘invitan a las partes a la negociación’, pero en ningún momento ‘ordena, exige’ el cumplimiento inmediato de la misma. Esto tiene que ver mucho con la posición de Gran Bretaña en el Consejo de Seguridad.

El 16 de Diciembre de 1965 la Asamblea General aprobó la resolución 2065 (XX),(33) que pese a contar con 94 votos favorables, 14 abstenciones y ningún voto en contra, la situación permaneció casi intacta, así lo refleja un enunciado en la resolución 3160 (XXVIII).(34)

Del mismo modo, la resolución 1514 (XV) del 12 de diciembre de 1960, es más bien una declaración en contra de la colonización, y a favor de la libre determinación de los pueblos, sin embargo, no alcanza el nivel de un mandato definitorio sobre la cuestión de las Islas Malvinas o Falkland Islands.

Si observamos algunos términos presentes en la resolución 3160 (XXVIII) hace hincapié en la necesidad de cumplir con la resolución 2065 (XX) y subsecuentemente se inclina a favor de la Argentina al reconocer sus esfuerzos para la resolución del conflicto.(35)

Al examinar la resolución 31/49 del 1 de diciembre de 1976, podemos constatar que esta es una recopilación de lo enunciado no solamente en el seno de las Naciones Unidas, sino también en el marco de otros foros internacionales como es el caso de la Declaración de los Jefes de Estado o de Gobierno de los países No Alineados de 1976 y la Declaración de Ministros de Relaciones Exteriores de los Países No Alineados, celebrada en Lima en 1976.

Mientras Argentina mantiene su campaña diplomática en el foro de las Naciones Unidas, también aprovecha otros espacios internacionales, regionales para promover su postura con respecto al futuro de las Islas, así queda evidenciado en la resolución A/RES/37/9, aprobada el 4 de Noviembre de 1982; de igual modo, esta resolución reitera lo planteado en las anteriores y llama a la ‘reanudación de las negociaciones interrumpidas por la guerra en abril de 1982’.

Todas las resoluciones anteriormente mencionadas, tienen en común que han sido aprobadas por la Asamblea General, además hacen énfasis en el informe del Secretario General de Naciones Unidas en quien a través de sus buenos oficios fue encomendado poner fin a la disputa de estos dos Estados Miembros, esto queda recopilado en la resolución A/RES/38/12, aprobada el 16 de Noviembre de 1983.

Es preciso señalar que no sólo la Secretaría General y otros órganos estuvieron empeñados en la solución pacífica al conflicto. La Asamblea General ha emitido resoluciones con respecto a la cuestión de las Malvinas o Falklands, el Consejo de Seguridad emitió dos resoluciones, una el 3 de Abril y la otra el 26 de Mayo de 1982.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad con respecto a este caso son también reiterativas con respecto a las anteriores, con la diferencia que éstas fueron aprobadas cuando ya la guerra tenía lugar, 10 Estados votaron a favor, Panamá tuvo el único voto negativo en esta resolución. No obstante hubo otras desavenencias, como las protagonizadas por Haig y Kirkpatrick, representantes de Gran Bretaña y Estados Unidos respectivamente, quienes por momentos mantuvieron posiciones más bien de carácter personal en los debates.

La Resolución 502 (1982) del 3 de Abril de 1982, exigía la ‘salida de las tropas argentinas de las Islas Malvinas así como el cese de las hostilidades’(36). Esta resolución no evitó que cuatro días después, las tropas británicas perdieran el buque mercante Atlantic Conveyor, así como el HMS Conventry. Como consecuencia, el Consejo de Seguridad, en aras de lograr un cese de las hostilidades, aprobaría la resolución 505, que también exigía ‘el cese de las hostilidades’ y que ambas partes se sentaran a negociar con el Secretario General de Entonces, Javier Pérez de Cuéllar.(37)

Pérez de Cuéllar, quien había iniciado su mandato el 1 de Enero de 1982,(38) justamente 3 meses antes del enfrentamiento bélico entre estos dos Estados Miembros, no logró llevarlos a la mesa de las negociaciones, pese a su previa experiencia en conflictos de gran escala, ya que había sido enviado del Secretario General Kurt Wladheim (1972-81) en Afganistán.

En fín, estas resoluciones y gestiones no surtieron ningún efecto, empero a la autoridad que le otorga el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas al Consejo de Seguridad cuando la paz y la seguridad internacionales están bajo amenaza.(39)

Conclusión

La superioridad militar británica, su condición de aliado estratégico de los Estados Unidos, más su posición en el Consejo de Seguridad, obligan a Argentina a buscar una salida en otro escenario que no sea la guerra o en el seno de las Naciones Unidas.

Podríamos establecer que la guerra fue un error táctico, político y diplomático de la junta militar de Galtieri, consecuentemente, la actual situación del conflicto es el legado de una dictadura militar a un régimen democrático.

De no ser por la posición beligerante de la junta, la situación hubiese sido resuelta sin haber llegado al enfrentamiento armado, ya que Gran Bretaña se encontraba dispuesta a negociar, devolver las islas y luego rentársela a los argentinos. De hecho, en la devolución de las Islas Diego García, sus habitantes no fueron consultados con respecto a su futuro, simplemente se tomó la decisión de transferirlas a los Estados Unidos, posibilidad que se esfumó en el caso de las Malvinas/Falklands por la incursión de Argentina.

Obviamente, el espectro político latinoamericano ha cambiado, por lo tanto, las posturas asumidas por los vecinos de Argentina son más contundentes, dada la madurez y estabilidad políticas que experimenta el Hemisferio Occidental.

Un eventual escenario de negociación requeriría del apoyo de vecinos como Brasil, Chile, y Perú, pero sobre todo de Brasil, dada su condición de líder global y con grandes yacimientos petrolíferos por los que debe velar, incluyendo la Antártida. De lo contrario, una larga presencia foránea podría acarrear serias consecuencias en la explotación de los recursos naturales de la región.

Ha quedado demostrado que la guerra no es una opción, por lo tanto, un posible escenario para recobrar la soberanía sobre las islas Malvinas/Falklands es a través de la negociación. Obviamente, este término debe ser debatido, ya que al hablar de negociación se podría asumir la total devolución de las islas a Argentina, cosa que no parece estar en los planes británicos sin sacar un buen partido de la Antártida, porque si las Malvinas/Falklands son Argentinas entonces Gibraltar pertenecería a España.

En conclusión, la diplomacia y el consenso regional, son las únicas vías que podrían garantizar a la Argentina la soberanía sobre las islas en el largo plazo.

 

Por Graciano Gaillard

Analista del CDRI.-

 

Notas:

(1) Now, however, oil has been discovered off the Falklands, and the dispatch of a huge British oil rig has triggered near unanimous protest from a continent where democracy has overtaken dictatorship almost everywhere, including Argentina. Even if Britain finds what it is looking for, up to 60 billion barrels of oil, it is also digging its way to the wrong side of history.
(2) Citado por Elizabeth Cadwick en Merchant Ship Conversion in Warfare, the Falklands(Malvinas) Conflict and the Requisition of the QE2: Journal of the History of International Law 12 (2010) 71–99
(3) Pica Project http://www.thepicaproject.org/?page_id=750
(4) Desmond et Al, 1984. The Sinking of The Belgrano, p.4
(5) Walter Little The Falklands Affair: A Review of the Literature. Political Studies (\984), XXXU, 296-310
(6) Ibid
(7) Bluth, Christopher. The British Resort to Force in the Falkland/ Malvinas Conflict 1982: International Law and Just War Theory. (1987) Journal of Peace Research, vol.24, no.1.
(8) Ver a Elizabeth Chadwick Chadwick / Journal of the History of International Law 12 (2010) 71–99
(9) Sarah Ann MacGill, The Falkland Islands War. Falkland Islands War, 2009, p1-2, 2p
(10) Ibid
(11) Desmond Rice et Al, 1984. The Sinking of the Belgrano, p.18
(12) V.I Lenin,1975: Imperialism,The Highest Stage of Capitalism, pp. 92-93
(13) Alistair Finlan: British Special Forces and the Falkland Conflict: Twenty Years On. Defense and Security Analysis, Vol. 18, No.4, 319,322. 2002.
(14) Ver Thomas Pakenham, Behind the Falklnad Victory,consultado el 14 de Marzo de 2012, publicado por The New York Times 11/07/82
(15) The Lord Franks Report, pp.17,73
(16) Ver Virginia Gamba.1987: The Falklands/Malvinas War
Ver Peter Wilby.The Falklands of Black Gold. ‘As the task force sailed in April, the government’s
approval rating in the polls had been below 30 per cent for 18 months. After victory
in June, it stayed above 40 per cent almost continuously for two years.’
(17) On May 4, 1982, during the EalklandsWar, an Exocet launched from an Argentine navy Dassault-Breguet Super Étendard
fighter struck the British destroyer HMS Sheffield, failing to explode but causing massive fires that ultimately sank the warship.
(18) Jon Guttman Exocet Antiship Misile the flying fish that flummoxes radar
(19) Ver War in the Falklands, p.128
(20) Que la obligación de mutua ayuda y de común defensa de las Repúblicas Americanas se halla esencialmente ligada a sus ideales democráticos y a su voluntad de permanente cooperación para realizar los principios y propósitos de una política de paz;
(21) The Sunday Times of London, Insight Team War in the Falklands: The Full Story p.120
(22) ‘The Exocet is a family of French anti-ship missiles that can be launched from several platforms like aircrafts, helicopters, high or low tonnage warships and submarines. All missiles have a common layout being all-weather, sea-skimming, fire-and-forget, radar guided and
propulsed by a dual thrust solid rocket motor at transonic speed. It is intended to attack large as well as small warships at medium range, though later development allow firing at target well over the horizon.’
(23) Ver Desmond et al. 1984,27
(24) Ver Lawrence Freedman. The War of the Falkland Islands,1982
(25) Ver a Paolo Tripodi,Chile’s Role During the Falklands War, p.111
(26) "La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino."
(27) Peter Wilby, The Islands of Black Gold.
(28)http://www.guardian.co.uk/uk/2010/feb/07/falkland-islands-oil-britain-argentina?INTCMP=ILCNETTXT3487
(29) Para mas detalles ver articulo de Molly O’Tooly, 1982
(30)http://www.guardian.co.uk/uk/2011/dec/21/falklands-ships-banned-south-america?intcmp=239 consultada el 21 de Marzo de 2012
(31) The Latin leaders denouncing Britain for imperialist overreach ranged from Hugo Chávez, the brazen Venezuelan, to Luiz Inácio Lula da Silva, the moderate who has made Brazil the China of Latin America-an emerging economic superpower that Britain can't afford to insult.
(32) ‘Yet the truth is that the background music has changed. The countries of Latin America no longer look to Europe and the US for support and advice. They have grown to like doing their own thing. This week Argentina's claim to the Falklands has been powerfully reinforced.’
(33) http://daccess-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/222/03/IMG/NR022203.pdf?OpenElement
(34) http://treaties.un.org/doc/Publication/UNTS/Volume%201434/volume-1434-A-14531-English_French.pdf
(35) ‘Expresando su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las Islas.’
(36) http://daccess-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/436/13/IMG/NR043613.pdf?OpenElement
(37) http://daccess-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/435/29/IMG/NR043529.pdf?OpenElement
(38) http://archives.un.org/ARMS/node/73
(39) http://www.un.org/es/documents/charter/chapter7.shtml

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