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ANALISIS


El Nuevo Estado de Sudán del Sur y su Impacto Regional

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altA raíz del referendo de autodeterminación organizado en enero 2011, Sudan del Sur accederá a la independencia de la República de Sudán el próximo 9 de julio de 2011. La separación del norte y sur se impuso con 98,83% de los votos y con una participación de más del 80% de los electores inscritos. El nuevo estado tiene como capital la ciudad de Juba, y tendrá fronteras con Etiopia al este, Kenia, Uganda y la República Democrática del Congo al sur, la República centroafricana al oeste y Sudán al norte.
Al analizar el caso de Sudan, es importante remontar a su historia colonial para esclarecer las razones que conllevan a la división del país más grande del continente africano. Durante su período pre colonial, Sudan ha estado dividido entre el norte de tradición y cultura árabe, y el sur de identidad africana. Estas dos regiones han coexistido divididas en términos lingüísticos, religiosos, raciales y económicos lo cual ha generado tensiones étnicas en repetidas ocasiones a lo largo de su historia. La marginalización geográfica de los pueblos del sur de Sudan de la capital del norte, Jartum, también ha impedido la integración de esa región en la vida política, económica y social del país.
La ocupación del Imperio Británico en Sudan, que inicia en 1899 hasta 1955, tuvo un impacto determinante en la historia del país. Luego de que las tropas inglesas lograran unificar las tribus del país tras campañas sangrientas como fueron la revuelta nacionalista del líder religioso Muhammad ibn Abdalla, el Mahdi o el Mesías, en la cual el General británico Charles George Gordon fue asesinado en 1885, y la batalla del General Horatio Kitchener en Omdurmán en 1898, la cual consolidó el dominio inglés, se puso en marcha un programa de reformas y modernización del estado el cual estuvo concentrado mayormente en la capital Jartum. El Imperio Británico fue el primero que trazó oficialmente la línea divisoria entre norte y sur estableciendo administraciones gubernamentales separadas para cada región.
En la década de los años 20, el gobierno colonial desligó inexorablemente el norte y el sur imponiendo una serie de medidas restrictivas como fueron el uso de pasaportes para pasar de una región a la otra, y la exigencia de permisos laborales especiales para llevar mercancía entre una región y la otra. Durante este periodo, los ingleses también fortalecieron las diferencias étnicas y culturales instituyendo el uso oficial del idioma árabe e inglés en el norte, y el uso de idiomas tribales y el inglés en el sur. La religión islámica no fue prohibida durante esta época, pero si era desalentada por el imperio, que al mismo tiempo permitía la labor de misionarios cristianos en el sur. Gradualmente, el gobierno colonial desplazó a los mercaderes y funcionarios árabes del sur hacia el norte y finalmente, en 1930, el gobierno colonial emitió una directiva mediante la cual el pueblo del sur era considerado étnicamente diverso (a diferencia del norte musulmán) y por ende debía ser integrado dentro la colonia imperial del Este de África (East Africa Company) – el objetivo del poder colonial era establecer el norte como estado independiente y anexar el territorio del sur de sudan a sus colonias en el este de África.
En 1953, Egipto y el Reino Unido concluyeron un acuerdo bajo el cual establecía la independencia y autodeterminación del gobierno sudanés y el país obtuvo su independencia en 1956. Como era de esperarse, el sur se vio ampliamente sub representado en el nuevo gobierno, ocupando un 2 por ciento de los puestos del nuevo gobierno. Poco tiempo después, las autoridades en Jartum renegaron su promesa de establecer un gobierno federal representativo lo cual fue visto en el sur como un acto de traición. Por consiguiente, el país sucumbe a una larga y sangrienta guerra civil que durará diecisiete años (1955-1972).
Durante el periodo de la primera guerra civil, se suceden una serie de gobiernos liderados por la mayoría musulmana que no logra ningún avance en la reconciliación de ambas regiones y cuyas medidas exacerban las diferencias étnicas. En 1969, a raíz de un golpe de estado, el Coronel Jafaar Numeiri llega al poder y en 1972 logra la formación de un gobierno de unidad nacional impartiendo una serie de medidas conciliatorias que incluyen la liberación de prisioneros de guerras y la inclusión de representantes del sur en las primeras elecciones parlamentarias en más de tres décadas. No obstante, el sur no logra representación significativa en el nuevo gobierno y las luchas internas perduran. En 1983, Numeiri instituye la sharia, ley islámica, en la constitución lo que conduce al estallido de la segunda guerra civil en Sudán (Numeriri sale del poder en 1985).
En 1989, Omar Al Bashir asume el poder como representante del Frente Islámico y la guerra entre norte y sur continua hasta el 2003, cuando un nuevo levantamiento surge en la región occidental de Darfur a manos de un grupo de rebeldes que acusaron al gobierno central de descuidar la región. El gobierno logra aplacar a los rebeldes en 2005, con ayuda de las milicias “janjaweed”, las cuales según organizaciones internacionales humanitarias fueron responsables de la masacre de miles de sudaneses. Cabe destacar que en 2009 la Corte Penal Internacional emitió una orden arresto contra el Presidente Omar al Bashir con el cargo de genocidio responsabilizándole por las atrocidades cometidas contra los rebeldes en Darfur.
Luego de un progreso substancial en las negociaciones entre el norte y el sur durante 2003 y 2004 con la mediación de la comunidad internacional, finalmente se logra la firma de un tratado de paz en 2005 que estipulaba, entre otros puntos, un periodo de seis años de autonomía para el sur de Sudan culminando en un referendo sobre la secesión en 2010. El referéndum de 2011, el cual transcurrió en un ambiente pacífico, puso fin a una de las guerras civiles más sangrientas de la historia entre el norte, de mayoría árabe y musulmana, y el sur, rico en petróleo y de población negra con creencias tradicionales africanas y cristianas. Según las Naciones Unidas, cerca de dos millones de personas murieron a causa del conflicto y más de cuatro millones resultaron desplazados. No obstante, antes de la oficialización del nuevo estado de Sudan del Sur el próximo 9 de julio, ambas partes aún deberán negociar la repartición de los ingresos del petróleo, la única fuente de divisas del sur, que a su vez carece de acceso al mar. En los últimos meses, estas negociaciones han sido entorpecidas por una nueva oleada de violencia en ciudades ubicadas en la frontera de los dos estados.

IMPACTO DEL REFERENDUM
El referéndum se considera como un evento de una importancia capital en el continente africano ya que por la primera vez se cuestiona el artículo 4b de la Carta de la Organización de los Estados Africanos que proclama el carácter irreversible de las fronteras heredadas de la colonización. La única excepción a este principio había sido la Independencia de Eritrea en 1993. Sin embargo, esta excepción era solo aparente, ya que por un lado la Eritrea italiana había sido desde su creación en 1890 una colonia italiana separada de Etiopía. Los intentos de secesión en 1961 de Katanga en el Congo y en 1967 de Biafra en Nigeria fueron un profundo fracaso tanto en la práctica como en la aceptación de la comunidad internacional de la secesión. Igualmente los intentos de independencia de dos antiguas colonias, el Sahara español y el Somaliland británico, aun no han podido obtener el reconocimiento de su estatuto y han sido anexadas por sus vecinos.
El caso de Sudán se manifiesta como una decisión radical en el sentido de que se trata de un territorio que nunca fue una colonia con un perímetro definido y que accede a la Independencia a raíz de un acuerdo de paz internacionalmente reconocido. Esta independencia no ha sido fácil de aceptar dentro del seno de la Unión africana. Como lo planteó el Presidente de Chad, Idris Déby, meses antes del referendo: “El problema es que todos tenemos nuestros Sudán del Sur”. El Presidente Déby se refiere a los movimientos separatistas africanos como el de Ambazonia en Camerún, Casamance en Senegal, Cabinda en Angola, la franja de Caprivi en Namibia, entre otros.
Aunque el referéndum contó con el apoyo de la comunidad internacional, y en particular de los países africanos, el concepto de una paz duradera entre norte y sur parece ser poco realista. Pues si bien antes del referendo se consideraba que Sudan del Sur, de lograr su independencia, sería un estado fallido compuesto de una multitud de etnias y arropado por tensiones ya palpables, ahora se evoca el riesgo de desintegración de Sudán del norte. A raíz de las revoluciones egipcias y tunicina se podría ver una oposición democrática enfrentada al gastado poder islamista en el norte. Por otro lado se podría esperar el recrudecimiento de las reivindicaciones de las fuerzas regionalistas del norte inspiradas por la independencia del sur.
Los países vecinos como Etiopía, Eritrea, Kenia, Uganda, Chad, República Democrática del Congo observan desde muy cerca la evolución del proceso post referéndum, pues la fragilidad del nuevo estado representa un riesgo en términos de seguridad. Varios de estos países temen un conflicto interno en el Sur de Sudán y temen aún más la incapacidad del nuevo gobierno de controlar efectivamente su territorio y que este sea usado por rebeldes como base para resguardarse y atacar. Un ejemplo de esto es el caso de Uganda que recién posicionó fuerzas militares en el interior del Sur de Sudán ya que teme que los rebeldes del Lords Resistance Army (LRA) utilicen el nuevo estado como base desde la cual lanzar sus ataques contra el gobierno de Uganda.
Muchos consideran que el conflicto en Sudán esta aun lejos de su fin dada la reciente decisión de los dirigentes del sur de suspender el diálogo con el Presidente Omar El Bashir acusando a éste de complotar contra la independencia definitiva del país prevista para julio 2011. Esta última acusación surge luego de la muerte de más de 100 personas en Malakal, capital del estado del Alto Nilo en Sudan del Sur en enfrentamientos entre facciones armadas del sur y del norte. Recientemente, las tensiones han escalado a un nivel más crítico tras la amenaza del Gobierno del Sur de cortar el suministro de petróleo al norte, en represalia a la masacre de Malakal. (Aproximadamente 80 por ciento del petróleo de Sudan es extraído en los pozos del sur y exportado vía conductos hacia el norte donde es refinado).
Otra amenaza a la paz en Sudan es la problemática del estatus de Abiyei, una región petrolera de unos 10.000 kilómetros cuadrados situada entre Sudán y Sudán del Sur, quien debía haber celebrado un referéndum en febrero sobre si se sumaba a la independencia del Sur o permanecía en Sudán. Sin embargo, las discrepancias han impedido hasta ahora la consulta. Los recientes conflictos en esta región, que elevan el numero de víctimas a más de 800 y han destrozado la ciudad y desplazado a decenas de miles de personas, pudieran arrojar a Sudan a una nueva guerra civil debido a la amenaza que impone el conflicto sobre el acuerdo de paz firmado en 2005. Las partes en conflicto, el Partido Nacional del Congreso (NCP) y el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA), son los mismos que firmaron el acuerdo de paz hace cinco años. Sin embargo, la región de Abyei continúa siendo el aspecto más delicado del acuerdo. Y tanto la Unión Africana como la comunidad internacional han puesto una presión sobre ambas partes para el retiro completo de sus tropas.
Recientemente en un informe presentado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Coordinador Regional de la Misión de las Naciones Unidas en Sudan, David Gressly, expresó su profunda preocupación por la escalada de conflictos entre las facciones armadas, y en particular, por la escalada de violencia en la región de Abiyei. En su reporte al Secretario General, declaró que “la violencia que se evidencia en la región del Alto Nilo continua siendo una de las preocupaciones urgentes de nuestra Misión. La causa principal de esta última ola de enfrentamientos se debe al fracaso total de reintegración de estas fuerzas luego de dos décadas de guerra civil entre el norte y el sur del país.” Las declaraciones del Sr. Gressly arrojan múltiples dudas sobre la voluntad política de los dirigentes de ambas regiones de poner fin a la guerra e iniciar la reconstrucción de sus respectivos estados.

Por Maria Gabriella Bonetti, Coordinadora Regional del CDRI para África

¿Qué son los BRICS?

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altBRICS es el acrónimo que identifica a un grupo, que hoy integran cinco países, y que originalmente formaron Brasil, Rusia, India y China. Este año, luego de obtener en 2010 estatuto de observador, Suráfrica lo integró como miembro pleno. Desde el punto de vista económico, los cinco están en un estado similar de mercado emergente por su desarrollo económico.

El comercio entre los miembros del BRICS de 2001 a 2010 creció 15 veces, y actualmente asciende a 230 mil millones de dólares. Entre los cinco países tienen una población total de casi tres mil millones de habitantes, que equivale al 43 por ciento de toda la población mundial de dólares, y su territorio abarca el 25 por ciento del globo terrácleo. Además, sus economías generan 11 millones de millones de dólares, que representa el 16 por ciento del Producto Interno Bruto del mundo. Así mismo, mueven un comercio por un valor de cuatro millones 600 mil millones de dólares, igual al 15 por ciento del flujo comercial internacional.

Su relevancia económica tiene cada vez más un mayor peso en la economía mundial, al tiempo que aumenta su influencia política en los asuntos internacionales. Los cinco integran el Grupo de los 20, que reúne a las principales economías del planeta. Estos cinco países se recuperaron rápidamente de la crisis global que estalló en 2008, lo cual demostró que no son tan vulnerables a las “decaídas” de Estados Unidos y Europa. Ante un mundo industrializado afligido económicamente que evade hacer negocios, estas cinco naciones optaron entonces por comerciar entre ellas y otras economías en desarrollo, lo cual los salvó de las peores consecuencias del colapso económico global. En ese camino, buscan cada vez más tener una influencia política en la arena internacional, como por ejemplo lo evidencia la declaración que emitieron en su Cumbre en la isla china de Hainan sobre la crisis y la intervención militar de la OTAN en Libia, en la cual rechazaron el uso de la fuerza en la solución de los conflictos, al reiterar su preocupación por los acontecimientos en el Medio Oriente y África del Norte y Occidental.

Estos cinco países no integran una alianza política, como la Unión Europea o cualquier otra asociación comercial como la ASEAN. Sin embargo, han dado pasos para incrementar su cooperación política, en especial como una vía para influir sobre la posición de Estados Unidos en acuerdos mercantiles de envergadura, o para conseguir concesiones políticas de Washington, como el convenio de cooperación nuclear que selló la India con Estados Unidos, con el cual Nueva Delhi logró retornar al mercado internacional de combustible y materiales nucleares muy necesario para poder desarrollar su programa electro-nuclear.

Algunos de los países más desarrollados del denominado grupo de los Próximos 11 (N-11), según una clasificación de la institución bancaria e inversionista Goldman Sachs, en particular Turquía, México, Nigeria e Indonesia, son vistos como probables contendientes a sumarse al BRICS. El N-11 incluye, además de esos cuatro ya mencionados, a Bangladesh, Egipto, Irán, Pakistán, Filipinas, Surcorea y Vietnam. Se estima que estos países figuren en el siglo XXI entre las principales economías del mundo. Goldman Sachs realizó su clasificación en 2005 a partir de las perspectivas de inversión y futuro crecimiento de estos estados. La crisis global no había estallado aún.

Según opina Goldman Sachs, China y la India se convertirán en suministradores globales dominantes de productos manufacturados y servicios, mientras Brasil y Rusia lo harán en materias primas. No obstante, hace la salvedad de que entre los cuatro países, Brasil se muestra como la única nación que tiene la capacidad para dominar esos aspectos, la industria, los servicios y la suministración de materias primas.

Por Hans Dannenberg, Coordinador Regional del CDRI para Ásia

La Crisis de Costa de Marfil: Fragmentación Etnica, Desigualdad Geográfica, y el Poder Politico

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Crisis en Costa de Marfil - Sia Kambou - AFP - Getty ImagesEste artículo estudia los orígenes de la crisis electoral que ha desencadenado una guerra civil en la Costa de Marfil, en particular analizando la manera en que divisiones étnicas del país y su legado colonial autoritario han llevado a una desestabilización progresiva del país para producir el actual conflicto armado entre las facciones leales al candidato oficialista Gbagbo y los "rebeldes" que apoyan a Ouattara, reconocido internacionalmente como el presidente electo de esta nación Africana.

Los Desafíos del Brasil

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altEl gobierno del Presidente Lula consiguió una convergencia del crecimiento de la economía y la distribución de ingresos para la población más pobre del país; durante sus ochos años, ricos y pobres, fueron beneficiados de las políticas públicas implementadas por el gobierno.

Libia, petróleo ¿y qué más?

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altLas crisis en el mundo árabe no solamente están modificando las coordenadas del poder en esos países; también afectan a los demás países. Por más de una razón. Públicamente los más afectados son los franceses que, pese a sus viejos lazos con esa parte del mundo, parecían “estar en el limbo”, sin darse cuenta de lo que se cocinaba en países como Túnez. El asunto es tanto más grave que los servicios de seguridad occidentales siempre han descansado mucho en las habilidades y recursos galos cuando se trata de bregar con África; tienen viejas raíces en esos países y sus agentes figuran entre los pocos que hablan con soltura las lenguas locales. Pero en otra debían estar pensando pues fueron tan sorprendidos como el que más por los estallidos populares, pese a que unos 25 mil franceses viven en Túnez y más de medio millón de tunecinos residen en Francia.
Por espectacular que sea este asunto, es apenas una anécdota que cubre algo mucho más serio: el anunciado fracaso de la política antiterrorista y de seguridad nacional de Estados Unidos, pero también de Europa. Esto así porque es notable la tremenda simpatía generada entre las masas árabes a favor de los movimientos progresivos que han tenido lugar en Túnez y Egipto primero y ahora también en Libia. Lo más notable es que esos movimientos no se están produciendo con una agenda extremista y mediante el uso de la violencia, sino enarbolando reivindicaciones democráticas y dejándole la violencia al poder asediado por las protestas. En términos concretos, eso significa que, como ya han temido algunos especialistas, las obsesiones occidentales con el llamado “terrorismo islámico” no se corresponden con lo que está ocurriendo en las calles del mundo árabe.
En todo ese fenómeno Egipto ha brillado más, no solamente por la importancia poblacional y territorial de ese país, sino por el papel que ha jugado en la estrategia norteamericana en los últimos 40 años y además, porque ha de recordarse que el movimiento popular que llevó al poder al coronel Nasser, se convirtió posteriormente en paradigma. El mismo Gadafi, sin ser el único, tuvo como modelo a Nasser y su liderazgo en el objetivo de devolver a los árabes su dignidad, no solamente frente a Israel, sino también frente al despotismo ambiental. Esos pueblos de la región, tan inspirados por lo ocurrido en enero y febrero de este año, no pueden aspirar a formas peores de gobierno que las que han tenido y contra las que se rebelan.
Una vez encaminados los procesos tunecino y egipcio, les siguen otro en turno, ahora Libia, pero más allá de este país e independientemente de su importancia por estar entre los principales diez productores de petróleo del mundo, lo que más preocupa es lo que puede venir después. Un experto en temas petroleros decía hace unos días que el precio del crudo dependía enormemente “de lo próximo más allá de lo próximo que vendrá después de lo próximo”. Una forma simpática de describir una dinámica que fácilmente escapa del control de todo el mundo. Aunque eso de “todo el mundo” es mucha gente puesto que siempre hay ganadores (los mismos) y perdedores (los mismos). Como dicen pues los especialistas, “es suficiente con el temor de que pase algo, para que los precios se disparen”.
En las presentes circunstancias, la volátil situación de Libia, crea tal nerviosismo, por aquello de “lo próximo”, que los precios del petróleo han comenzado a subir pese a que no hay escasez e incluso que la OPEP anunció que entre Arabia Saudita y la organización, se encargarían de suplir la demanda de los clientes de Libia, ubicados especialmente en Europa. Los sauditas hasta están preguntando a Europa el tipo de petróleo que desean refinar para enviárselos y así reemplazar el de Libia, o sea que por el momento, las incertidumbres políticas en los países árabes es lo que determina el alza de los precios del petróleo, no que esté faltando el crudo ni mucho menos que haya aumentado de repente el consumo.
Una publicación especializada describe el fenómeno de la siguiente manera: los corredores de la Bolsa están sentados frente a sus computadoras, trabajando con escenarios supuestos, generalmente problemáticos (¿de qué otra manera ganarían mucho dinero si no es con problemas?). Si en el esquema aparece que “el Papa estornudó” o mejor aún, que “al rey de Jordania le preocupa la situación del área” eso se traduce de inmediato por un alza del precio del petróleo. Según la publicación, no es necesario que esté ocurriendo efectivamente nada, solo que haya indicios de que puede ocurrir para que se inicie “la danza de los millones” para las firmas que trafican con esos valores.
De manera que, aparte de los países productores de petróleo, que reciben mucho dinero por la venta de su riqueza, los grandes grupos intermediarios son los grandes beneficiarios. Así, ya vamos viendo que los consumidores están al final del camino y son quienes terminan pagando por el petróleo y por las comisiones de los intermediarios. Y no siempre los productores y distribuidores se ponen de acuerdo. Por eso no es de extrañar que mientras Arabia Saudita aumenta la producción para suplir cualquier escasez por lo de Libia, Goldman Sachs, que es uno de esos principales especuladores, advierte que el temor por escasez de petróleo dispara un alza continua del producto, mientras que Paribas ya aumentó su previsión del precio del petróleo.
Así pues, según el esquema previsto, “lo próximo” es la situación de virtual guerra civil que tiene lugar en Libia. Un escenario donde la claridad no reina. Las agencias de prensa, preocupadas de que se les acuse de estar “al servicio” de quien sea si dan su propia versión de los hechos, se limitan a recoger lo que dicen unos y otros. Pero hay una cierta decisión, compartida por africanos y árabes, de que el tiempo de Gadafi ya terminó. Y eso que, pese a sus alocadas y disparatadas presentaciones ante el público, no se puede decir que en Libia ha ocurrido una masacre; ni siquiera se puede decir con propiedad que Gadafi y su camarilla estén utilizando profusamente sus recursos militares para aplastar la importante rebelión en importantes áreas del país, entre los cuales la aviación.
Gadafi, librado a una operación de relaciones públicas a contracorriente, incluso acusa a Al Qaida de ser responsable de sus actuales tribulaciones (contradiciendo así a sus defensores Fidel Castro y Hugo Chávez quienes, por razones que les son propias, prefieren acusar a Estados Unidos), aunque precisa, como para que todo el mundo lleve algo, que si Occidente ataca su país, “habrá un baño de sangre”. Ya, decenas de miles de personas huyen hacia Túnez, creando un drama humano de grandes proporciones. Pero ¿qué pasará cuando muchos de esos refugiados y otros que se les sumarán, comiencen a cruzar el Mediterráneo para irse a tierras más seguras en Europa? Sin duda que se pensará con algo de pesar que Gadafi ayudaba también a resolver ese problema.
Como sus viejos socios occidentales le están haciendo la vida difícil y para dar una idea de lo que está diciendo acerca de lo que puede ocurrir si se le presiona demasiado, sus aviones han estado lanzando cohetes a instalaciones petrolíferas. Lo que nos lleva de nuevo al tema del petróleo.
Ya más de uno de quienes sospechan siempre lo peor de los norteamericanos (la historia pasada les da toda la razón), les acusan de estar prestos a atacar e invadir a Libia, con el propósito de “quedarse con su petróleo”, pero en el 2007, una compañía norteamericana llamada Colony Capital, adquirió el 65% de Tamoil (el otro 35% sigue en manos del estado libio) que se ocupa de la distribución y mercadeo del petróleo de Libia en Europa y Asia (principales clientes del crudo libio). El negocio exceptúa las operaciones de Tamoil en África, que siguen bajo el control del gobierno libio. Siendo así las cosas, como ya se ha dicho antes, a Occidente le convenía más que fuera Gadafi quien siguiera gobernando en Libia, una vez que sus viejos discursos antiimperialistas dieron paso a fructuosas negociaciones con los emporios de los imperios. A menos que el proyecto no sea dividir a Libia, un nuevo estado surgido en el este del país (donde se concentran los yacimientos), dejándole la parte menos favorecida a la familia Gadafi, pero eso es demasiado especulativo y poco sustentable.
Independientemente de cómo terminen las cosas en Libia, que lo más probable es que terminen mal o relativamente mal para Gadafi y compartes dado el “cansancio” ambiental con él y su familia, ¿qué viene después? Ni Occidente ni nadie lo sabe y eso no significa tranquilidad alguna para Estados Unidos y sus aliados. Es más, ya los analistas hablan de lo catastrófico que resultará que armas del ejército de Libia en desbandada, terminen en manos de grupos “informales”. Algo parecido a lo que ocurrió cuando el gobierno de Estados Unidos armó a bandas de fanáticos para que lucharan contra el ejército soviético ocupante de Afganistán. Al final muchas de esas armas, entre los cuales los temibles “Stinger” (que sirven para tumbar aviones) aparecieron en manos de militantes de Al Qaida. Lo que sí les debe estar preocupando es “lo más allá de lo próximo”, que en las presentes circunstancias puede ser Bahréin y, lo más grave, Arabia Saudita. Entonces ¿qué hacer? ¿Intervenir militarmente en Libia?
Hace poco, un oficial del ejército libio convertido en rebelde explicaba, “la experiencia nos dice que cuando EEUU interviene todo se complica un poco más”. Esa declaración retrata de cuerpo entero las dudas que asaltan a los libios, por mucho que estén contra Gadafi, a la hora de pedir o aprobar una acción militar extranjera. Y peor sería si de aérea, pasa a ser terrestre. Porque si aún es improbable que Al Qaida tenga mucho que ver con las revueltas populares contra Gadafi, se convertiría en una referencia de primer orden. Eso quizás no lo tengan claro los congresistas norteamericanos, la mayoría de los cuales no se interesan mucho por las cuestiones internacionales pero que tienden a pensar que su ejército lo puede todo, en todas partes y siempre teniendo la razón.
Sin embargo, los generales norteamericanos, encabezados por su ministro, Robert Gates están haciendo todos los esfuerzos para explicarles a los congresistas (y a los políticos civiles de la administración) que una acción militar contra Gadafi, del tipo que sea, no sería exactamente un picnic y que mantener una veda de movimientos aéreos sobre el cielo libio, tendría que comenzar con actos de guerra, es decir, bombardeos sobre las defensas antiaéreas libias. Eso costaría vidas (probablemente de los dos lados) y cuantiosos recursos.
Pueden llevarse a engaño quienes al leer los cables de prensa notan hasta ahora la poca participación de la fuerza aérea en los combates, como prueba de que Gadafi y su camarilla han perdido el control. Como bien señalaba un especialista francés, pese a sus alocadas declaraciones de prensa, Gadafi y su gente hasta ahora han dado muestras de relativa moderación, en la medida en que en Libia no se han producido masacres y tampoco se ha utilizado, extensivamente, el recurso a la fuerza aérea. Es un manejo de relaciones públicas de Gadafi a contracorriente, que incluye echar a Al Qaida la culpa de lo que acontece en Libia (pese a que sus amigos Fidel Castro y Hugo Chávez prefieran como culpable a los Estados Unidos), al tiempo que, por si acaso, previene a los norteamericanos de las consecuencias que tendría una acción militar directa de la gran potencia contra su país y para el resto de la región.
Porque si con la importancia relativa de Libia, Estados Unidos corre el alto riesgo de involucrarse militarmente en ese país, ¿qué se podría esperar si se ve en peligro la monarquía de Bahrein, donde está la Quinta flota y el Comando Naval Central norteamericano?, o, lo peor de lo peor ¿si Arabia Saudita se viera amenazada siendo el principal proveedor de petróleo de Estados Unidos? Eso sería lo que vendrá “después de lo próximo”.

Por Sully Saneaux

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